Tenebrae (segunda Parte)

Capítulo 5. Títere de Cristal

N/A: No es mi intención extenderme mucho, sólo quiero denotar una cosa que quizá pueda ser decepcionante: como ya lo han de haber notado TENEBRAE no es una historia épica.

Trata de las personas, y avanza con ellas.

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Capítulo 5. Títere de Cristal

 

 

 

 

Aquel nombre hizo a Tet sentir como si se retorciera por dentro. Ya antes había escuchado que Xelha llamara así al General, pero jamás le había tomado importancia, en realidad lo había olvidado. Sabía que el hombre era inteligente e incluso Aura le dijo que todo lo que hacía tenía un motivo. Frunció el ceño recordando que se lo dijo después de que el General quemara la fotografía de su madre. El hombre era cruel lo sabía bien, pero hasta qué punto podría serlo no lograba imaginárselo.

     Historias terroríficas, dijo la Mayor, y eso lo confundía; pues hasta ahora en todo el tiempo que tenía de conocer a Aura, a los Xelha y a los chicos de Namida sólo le habían estado hablado del General como si este fuera un héroe, y sabía que lo era para muchos en aquella ciudad. Incluso Tet lo llegó a pensar aunque ahora no quisiera admitirlo, pero en este preciso momento sólo podía ver en Metzonalli a un hombre que únicamente lograba describirse como cruel. Aún y cuando también sabía que esa era su percepción a partir de sus sentimientos heridos. Sentimientos que para la Mayor no serían más que porquerías, entonces; ¿qué era lo que ella llamaba Terrorífico?

     Lo ojos de Tet siguieron los movimientos de la Mayor, que alzo su brazo derecho, quitándose el guante negro y contemplando su propia mano.   

     — El muy infeliz es el responsable de que yo no esté en el puesto que quiero… ―empezó a decir, desconcertando a Tet que no esperaba que empezara hablar de eso―… pero es porque él ve lo que otros no. Te hace pensar que las cosas van tal cual tú quieres, sólo para que al final sientas como sus hilos te tienen atada ―hablaba de una forma que sorprendió a Tet ya que no creía que ella pudiera demonstrar tal abatimiento, ella en ningún momento dejo de ver su mano―. Uno puede creer que es simple manipulación, pero hay algo más ―se detuvo un segundo frunciendo el entrecejo antes de continuar―. Aún con todo, el desgraciado te hace sentir su presencia en cada paso que das, en cada decisión que tomas, y al final aunque sabes que no eres más que uno de sus malditos Títeres, terminas sintiendo respeto por él ―apretó su puño con tanta fuerza que Tet casi podía escuchar sus articulaciones crujir―, porque tarde o temprano te das cuenta de las razones, que siempre las hay. Y aunque lo odias con todas tus fuerzas terminas respetándolo.

     Decir que estaba confundido era poco, pues la Mayor había cambiado conforme iba hablando, primero le pareció que estaba triste y hasta sintió pena por ella, creyendo que quizá había vivido en carne propia una de esas Terroríficas Historias de las que hablaba. Pero ahora la forma en que lo veía no despertaba en él nada de pena. Ahora que la tenía de frente entendía qué fue lo que vio en su rostro cuando recién había llegado a ese acantilado.

     La Mayor rodeo a Tet, tan lentamente que más parecía que lo estuviera asechando. Sus pasos se escuchaban sumamente lentos sobre la tierra y a su vez el silencio del lugar hacía que resonaran como si por el contrario estuviera imprimiendo mayor fuerza en cada uno de ellos. Él no se movió hasta que la vio a su costado, contrario a donde estaba hacía un momento, pero ella ya no lo veía a él, sino que tenía los ojos en la oscuridad al frente de ellos.

     — Por eso me repugnan ver como se retuerce en lamentaciones sin sentido ―soltó una risotada que asustó a Tet―. Ja, ja, ja. Justamente ahora, cuando ha hecho cosas peores en esta guerra, aun cuando está calculado estrategias y ejecutando planes como no te imaginas ―se detuvo un momento antes de continuar―. El mismo hombre que tuvo la osadía de relegarme al cargo de Mayor ―hablaba apretando los dientes―… es el mismo hombre que ahora actúa estúpidamente… ―dijo posando una feroz mirada en él, antes de terminar―… por ti.

     Peligrosa, esa era la única palabra con la que Tet podía describir la expresión que la morena volvía a tener en ese momento. Pura furia reprimida, la misma que había visto en su rostro cuando recién llegaron. Y ahora con la oscuridad de la noche enmarcándola, la visión de aquella mujer era aterradora.

     Esta vez ella no se quedó quieta contemplando la nada, se acercó a él haciéndolo retroceder atemorizado. Tanto que Tet ni siquiera supo cuándo sus piernas dieron con la defensa del auto negro, pues sus ojos estaban clavados en los de la mujer, que ahora con la luz en su cara podía ver que su rostro de oscura piel no demostraba ninguna emoción, sólo dureza en sus facciones, y una mirada de puro y ardiente odio.




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