Testigo De Un Criminal

Cap. 7 La voz del mal

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Actialidad.

—¡Elaine!— el grito repentino de Michelle llamó su atención despegándola de las hojas, las cuales ya había comenzado a leer —Tenemos un problema, un enorme problema.

—¿Nombre de la víctima?— cuestionó lo que no quería preguntar al llegar hasta las horillas de una vieja carretera.

Miró hacia arriba, los árboles se poblaban de hojas que ensuciaban el suelo de tierra y de sus ramas colgaba el cadáver frío y tieso de una mujer. Su cuerpo estaba vestido con un atuendo de muñeca. En su cuello se enredaba una soga que sostenía el peso y sus brazos atravesados por cuerdas rojas que la ayudaban también a no caer.

—Pamela Worrison. Madre de dos pequeños, para ser más exacta, de gemelos— confirmó Michelle Stefan con los papeles de los forenses en sus manos.

Elaine caminó alrededor, solo observando la fisonomía de la mujer. Tortura, misma firma que Volker dejaba; joven, hermosa y la apariencia de un títere humano. Pero entonces vio donde nadie más puede ver, vio más allá de lo obvio, según Kennedy.

—Elaine, te sorprenderá saber esto— agregó Martha Susan caminando debajo de las cintas amarillas de la policía —. Su esposo es policía— terminó la frase sin dejar de mirar el cuerpo que bajaban al suelo.

Y entonces el miedo fue claro en los ojos de Elaine.

—Va a replicar a cada una de las anteriores en las nuevas.

Corrió, pasó saludando con una sonrisa fingida a cada uno de los guardias que ella conocía y finalmente llegó al cuarto que era custodiado por cuatro hombres uniformados.

—Se ha quedado dormido— informó uno de los guardias a Elaine.

—¿Qué? ¿Cómo lo han dejado dormir?

Entró lanzando fuego por los ojos y azotando la mano sobre la mesa de metal.

—¡Volker, despierta!

Él la miró, pero ante sus ojos aquella acción no fue de su agrado.

—¿Qué tienes de la carta?

—Nada.

—Volker— bramó —esto no es un juego, ya asesinó a una mujer— expandió las fotografías forenses sobre la mesa —, tenemos poco tiempo antes de que asesiné de nuevo.

Otra vez él no dijo nada.

—Dime lo que piensas de esto— dijo ella.

—No te va a gustar.

—Dímelo de todas formas.

—Es una obra de arte.

El caso de «las muñecas perdidas» volvía a abrir sus expedientes a la policía.

Elaine se llevó las manos a la cabeza, desesperada desprendió la liga que sujetaba su cabello y lo desordenó, haciendo que la presión bajará de su cerebro.

—Tenía familia— dijo ella —, dos gemelos y su esposo era policía.

—Adivino— continuó Volker —¿Policía de tránsito?

Elaine asintió.

—Fernanda Morris, la segunda mujer que secuestré.

—Entonces sí las va a replicar.

—Elaine— Martha Susan entró abriéndose paso en un alto llamado y dejando un folder negro en la mesa.

—Volker— lo llamó Elaine después de ver la única hoja dentro —¿Es tu sello?

—Sí.

Si tan solo la policía hubiera tenido los conocimientos suficientes hace tiempo, si tan solo hubieran visto más allá de lo obvio se hubieran dado cuenta, que en aquel símbolo, tan característico del conocido “Torturador de muñecas” se escondían las iniciales de su nombre. V.K.

     

 

 

 

—Me inquieta pensar que recuerdes los nombres de las mujeres que asesinaste— comentó Elaine encima de un escalofrío.

—¿Tienes las hojas que te di?

Ella asintió.

—Síguelas leyendo en lugar de estar haciendo preguntas estúpidas.



ADAMAS

Editado: 07.01.2020

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