The Cinderella Story. The Young Musketeer

~1~

Hace mucho tiempo vivía un niño llamado Dastan. Su padre era un mosquetero muy amado y querido entre sus compañeros y el pueblo, mientras que su madre era una muy respetable dama que era la menor de los hijos de un Conde. Y si se lo preguntan, si. El rey como agradecimiento al labor del mosquetero le dio una esposa noble, la cual era igual que el, una soñadora y ambos le heredaron esa visión a su único hijo.

Su padre como buen padre, deseaba que su hijo siguiera sus pasos y se volviera un mosquetero cuando fuese mayor. Por lo que cuando podía le enseñaba su profesión y mostraba orgulloso a sus amigos los avances de su hijo.
-Dastan en guardia- le dijo el padre a su pequeño hijo cuando jugaban con unas escobas.
-Listo- dijo el pequeño feliz mientras se acomodaba para iniciar el duelo de está ocasión.
-Muy bien Antoine, el chico tiene un porte exquisito- celebró Travis uno de los mejores amigos del padre y su compañero de aventuras. Cuando padre e hijo habian iniciado su duelo.
-Solo le falta que pueda usar una de verdad y el chico ya puede ir a una mision- sonrió Eugene orgulloso de haberle medio arreglado la visita anterior la pose a Dastan.
-Un día de estos le soltaré una, pero aún el no está listo- admitió Antoine muy concentrado en su hijo. El niño rápidamente aprendió lo suficiente de esgrima como para tomarlo a la ligera. Mientras que el pequeño sonreía y no le perdía la vista a su padre.
-Antoine, el chico te está dando una paliza- rió Travis admirado por el chico.
-Saben que mi arma no es un mosquete. Es el arco y la flecha. El de las espadas es Eugene- contestó con lo que los 4 sabían.
Antoine aunque sabía usar una espada, no era tan bueno como Eugene. Pero en su defensa el en arquería era un profesional. Lo cual hacía que Eugene le perfeccionará su esgrima.
-El chico tiene talento nato con la espada como yo- se hecho rosas Eugene.
-Un día me gustaría enfrentarme a ti, pero quiero que tenga tanta experiencia que te pueda ganar limpiamente- sonrió Dastan viendo como su padre estaba empezando a olvidarse de el.
-Ese día será tan épico que hasta el rey lo verá y te nombrará en ese momento mosquetero- sonrió Eugene viendo a Dastan. El cual junto con Travis sentían como un sobrino muy cercano o hasta su hijo.
-Te va a dar una paliza Eugene. Esos zafiros son como los de su madre. Muestran una inteligencia enorme- se burlo Travis.
Dastan había heredado mucho de sus padres aparte de ser un soñador. De su madre había heredado el azul de sus ojos y la sonrisa inocentes. Y de su padre un cabello castaño y el rostro que lo hacían ver más inocente. Aunque de inocente tenía soñar y su físico, porque el chico en sí era muy listo.

-Dastan no dañes a tu padre, el rey lo necesita- pidió Travis al ver que Dastan estaba ganando el duelo.
-No solo el rey, nosotros tambien. Pero más tu y tu madre, que diría ella si lo lastimas- continúo Eugene deseando ver hasta donde podía llegar el pequeño y ver ese progreso.
-Lo siento, no es mi culpa que lo distraigan- dijo el pequeño bajándole a su entusiasmo.
-Creo que será mejor dejarle. Solo quería que ellos vieran tu progreso en el esgrima- dijo Antoine bajando su escoba.
-Si padre- bajo la suya.
-No olvides Antoine que un hombre no solo llama la atención por saber o no usar un arma. También debe de mostrar su intelecto y sus conocimientos- dijo Travis. El cual era el cerebro de ese trío y el que cuando podía le enseñaba a Dastan Historia, Matemáticas, Idiomas, Geografía y otros temas que el consideraba que le podían ayudar a seguir su sueño y a vivir.
-Para eso te tengo. Sin ti, no sabría que sería de mi hijo- sonrió Antoine, para después ellos 3 irse a la sala a sentarse a conversar. Mientras que Dastan iba a ver qué hacer hasta que ellos se desocuparan.

Mientras su madre le enseñaba todo lo que todo noble necesitaba saber. Desde posturas, hasta como desenvolverse en público.
-Dastan corazón no sorbas- le pidió otro día su madre mientras que cenaban.
-Lo siento- se disculpó el pequeño y siguió comiendo sin sorber.
-Giselle déjalo. Aún es un niño- le pidio Antoine a su esposa.
-Cuanto más joven se le diga cómo comportarse, más fácil se le queda cualquier cosa- Dijo ella muy seria.
-Pero cielo…- Si no quieres que eduque desde ahora a nuestro hijo, también tú deberías de parar con las armas- lo interrumpió Giselle.
-No madre. No haga eso, me quiero convertir en un mosquetero. Además ser mosquetero implica también ver al rey y con el rey uno debe de comportarse cómo se debe- dijo el pequeño preocupado y llenado el corazón de sus padres.
-Mi vida, tienes razón- sonrió su madre viendo como su hijo hablo.
-Y bastante. Cielo puedes seguir con tus clases- aceptó su padre.

Su hogar consistía en un terreno muy fertil y una parte tenía construcciones. Todo habia pasado de generación en generación hasta llegar a su padre. Por lo que el siguiente en heredar todo era Dastan.
La tierra era tan fértil que prácticamente cualquier planta se daba y se podía tener un ganado algo grande sin problemas. Y las construcciones prácticamente eran graneros, bodegas, pequeñas viviendas para los trabajadores. Y la más grande era su hogar. El cual era lo suficientemente amplio como para cumplir con las necesidades de ellos, su servidumbre y más. Tanto así que vendían algo en el mercado que se ponía en su pueblo como ganancia extra.
-Quiero ir de nuevo al pueblo- pidió un día el pequeño cuando se cargaba lo que se vendería en el mercado.
-A explorar o ayudar- sonrió Jarno. El cual siempre ayudaba a cargar las cosas, pero jamás iba. Ya que solo las mujeres podían vender los productos y los hombres cargar los productor al carro.
-Ambas- contestó haciendo que Jarno riera. Todos sabían que él aún no podía ayudar a la venta, pero que amaba conocer que hay más haya de su hogar.
-Cuando seas mayor podrás ayudar. Mientras disfruta que tienes todo el tiempo que quieras para explorar cuando sales- le acaricio el cabello.
-Un día me gustaría ayudarles a todos y hacer feliz a mis padres- dijo cómo promesa justo cuando llegaron sus padres.
-Ven cariño, hoy iremos al pueblo. Pero hay que ponerte guapo- le dijo su madre ofreciéndole su mano. Y ambos fueron al cuarto del pequeño para prepararlo para salir.



Ros G

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En el texto hay: cenicienta, mosquetero

Editado: 24.12.2020

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