Tintes de Otoño

Espacial #2

El celular delante de mí sonó, limpié mis lágrimas que caían a un precipicio por mis mejillas. La pequeña mesita delante de mí, de madera, tenía pequeños rajones y la hacía ver fea. El celular que sonaba estaba encima de ésta.

Me incliné en el sillón para alcanzar el objeto y así contestar. Clark estaba en la cocina, ocultando sus lágrimas de mí, lo conocía bien, sabía que todo lo que pudiese hacerle año lo ocultaba para no dar pesar. Pero también me lastimaba.

¿Quién podría llamarle a Clark ahora? 

Era un número desconocido y por un momento preferí no contestar. Pero la duda asaltaba mi mente, al contestar, fuese quien fuese, debía saber que yo, Tara, estaba ahí, debía ser yo misma ante los demás.

Así que refunfuñé de mala gana. La voz sonaba desconocida, pero forzada, fuese quien fuese no quería que supiese que era esa persona. ¿Emma?

Sí, era la albina.

Forzaba su voz como una estúpida, pero en ese momento no estaba de humor para molestar, la pasaría por alto y me haría yo la estúpida, haría como si no supiese que es ella.

Con un nudo en la garganta, le dije a Clark que un tal Laendler le hablaba, Clark me observó con los ojos rojos, alzó una ceja y pareció desconocer el nombre, por otra parte, yo sabía por dónde iban. 

Tenía entendido que Laendler era una danza de algún lugar. Si Emma utilizaba esa nombre como clave, ¿podría ser que la bailaron? No creo, no creo que Clark sea capaz de bailar con alguien como ella, tal vez sólo le comentó que le gustaba la música del bailable y ahora Clark no lo recuerda.

Porque si lo hubiesen bailado, Clark no hubiese tomado el celular con tanta desconfianza.

Pero todas mis sospechas de que era Emma se hicieron realidad cuando Clark soltó un ah que descubría toda la llama. No toda, pero sí la voz del otro lado.

Con el corazón en la boca decidí por sentarme en el sillón, delante de la mesa, mientras Clark hablaba en la cocina.

Clark había venido porque mamá y papá habían vuelto a pelear. Mamá salió con moretones y a papá le rozó un tacón de aguja. Ellos siempre peleaban y papá siempre golpeaba a mamá y yo no podía hacer nada por ellos. No podía recibir los golpes por mamá, porque ella recibía por mí. No podía detener a papá porque era mucho más fuerte que yo.

Por eso intento hacer más fuerte día con día y así ponerle un alto.

Si podía poner en seco a una albina llorona con el corazón destrozado, podría subir de nivel.

Pero la verdad era que no me gustaba en lo absoluto. Tal vez no tener corazón fuese más fácil, porque cada vez que Emma me miraba con rabia o suspiraba a casi llorar delante de mí, me partía el corazón y deseaba que ella (ni nadie) fuese mi muñeco de prueba para enfrentarme a papá, deseaba ser su amiga en vez de su enemiga.

Pero quería que mi familia estuviese bien.

Gracias a estas pruebas comprobé que no era como papá, no tenía el corazón congelado ni los puños de hacer, tampoco podía decir palabras que a mí no me gustaría recibir por ese hecho: no me gustaría que me las dijesen a mí, en cambio, papá es distinto.

Pero debía ser mejor que papá en su juego para derrotarlo, sino, llegaría el día en que su ira total se apoderaría de él y mataría a mamá. Yo me quedaría con él y pronto yo sería la muerta.

—Tengo que salir, pero antes dime: ¿necesitas que me quede?

Clark había terminado de hablar por teléfono y no me di cuenta cuando se colocó detrás del sofá. Enjuagué mis lágrimas, carraspeé y lo observé.

—Estoy bien, puedes irte.

A veces me sentía mal por lo que le hice a Emma (todas las veces), pero más que nada el quitarle la oportunidad de estar con su enamorado. No había duda de que yo también estaba enamorada de la bondad de Clark, quien conocía todas las heridas de mis desgarrada alma y mi frágil cuerpo a nada de estallar.

Quería su bondad cerca de mí, pero fue con mentiras para probarme que era fría y podía poner en cara a papá.

Nunca creí que Clark fuese a aceptarme como su pareja, creí que, a pesar de la carta, que yo, siendo Tara Owlman, la salvaje con heridas escondidas, no merecía el amor de alguien como él.

Pero Clark no me amaba como ahora ama a Emma. No lo dice, pero basta un segundo para observarlo y saber por quién suspira aunque lo niegue.

Si Clark podía salir ahora con Emma y yo podía hacerme la de vista gorda, que lo hiciese. No quería quedarme sola en la casa de las brujas donde los cuchillos volaban, cierto, pero era mi vida, no la de Clark.

Él no debía estar ahí.

Nota de la autora:

So... conocimos a Tara. Por eso hay que ser lindo con las personas, claro, Tara es el diablo con Emma, pero no conocíamos su historia y la verdad que, cada vez que pienso en ella, me siento terriblemente mal.

Todos le temen a Tara.

Todos odian a Tara.

Tara lo que quiere es que la admiren por cómo es. Ella quiere saber que es lo suficientemente fuerte para salvar a su madre antes de que sea tarde.

Así que, ¿qué piensan de ella ahora?

¿Qué pensaban antes?



ginny

#2628 en Novela romántica
#821 en Fantasía
#127 en Magia

En el texto hay: colores, romance, obsesiones

Editado: 07.01.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar