Tintes de Otoño

20. Mundo de sueños

Existir, muchas veces, resulta insólito, otras veces solo se trata de un mal momento, pero todos, en algún instante, nos hemos hecho una pregunta, cual, hasta la fecha, no debe de tener una respuesta certera        

Existir, muchas veces, resulta insólito, otras veces solo se trata de un mal momento, pero todos, en algún instante, nos hemos hecho una pregunta, cual, hasta la fecha, no debe de tener una respuesta certera.

¿Qué es enamorarse?

¿Es sentir mariposas en el estómago? ¿Es estar plenamente feliz con una persona? ¿Qué es? Según el diccionario es una persona que siente entusiasmo o gran afición por algo, pero ¿eso pude variar?

¿Cómo funciona el amor? ¿Solamente hay uno real? ¿Hay varios? ¿No existe? Tal vez sea algo subjetivo, pero me gustaría saber realmente lo que conlleva la palabra del amor. Tal vez nunca lo sepamos con certeza.

Había pasado una semana desde la fiesta de Tara, septiembre había pasado casi volando, ya había dejado de ser verano y por fin habíamos entrado en el otoño, acudí a mis ensayos y no tuve mucho tiempo para ver a Clark, lo que supe de él esa semana, era que tenía grandes conflictos con Tara.

Llegué a preguntarme muchas veces si se debía a mí (no me sentía el centro de atención, pero había bailado una canción lenta con él en la fiesta de su novia). Así que, había una gran probabilidad de que Tara estuviese discutiendo con Clark por mi culpa.

¿Eso hace el amor? ¿Te hace hacer cosas idiotas? ¿Pensar en ti antes que los demás?

Reconozco que estuvo mal haberme dejado llevar por mis sentimientos y, a pesar de no haber hecho algo extremadamente malo, me sentía devastada por la idea de que Tara y Clark terminasen por culpa mía.

El domingo salí al parque a dar una vuelta y despejar mi mente, observando cada color que se atravesaba conmigo, el otoño estaba entrando, ya sus tonos se veían difuminados en las hojas de los árboles y arbustos. 

Adiós, verano.

Ese día, mientras paseaba, encontré a Clark sentado en una banca, con su guitarra, observándome fijamente. Había dos cosas que debía hacer: ayudarle a Clark a escribir la canción más bonita del mundo, y hablar con él para disculparme, sea o no, yo la culpable.

Una vez delante de él, Clark me indicó que tomara asiento.

—Debo disculparme contigo, Clark —musité, tomando asiento, sintiendo mi cuerpo endurecerse por el nerviosismo, me sentía rígida y solamente podía escuchar mi respiración jadeante, el muchacho de ojos azules me observó un tanto preocupado, pero dejó que continuara—: está mal lo que he hecho, ¿no? No debí inciar un juego como el de la lista, no debí aceptar bailar contigo un baile lento, digo, pude haber aceptado, pero con otra canción.

Ahí Clark me cortó, levantó su mano para que guardara silencio, carraspeó y comenzó a tocar la guitarra, en un ritmo lento y pausado. Estaba atónita, no sabía lo que seguía y sin duda, no estaba lista.

—Tu sonrisa es amarilla —comenzó a cantar, con la voz grave, de forma lenta—, tus ojos mágicos son. Nostalgia desvelas con tu risilla, marcada con una melodía en su son —creí haber perdido las respiración por unos segundos, pero al instante volvió, cuando Clark volvió a acomodar sus dedos sobre las cuerdas del instrumento—. Tienes mente abierta, y objetivos fijos. Siguiendo el camino de cualquier gota, con magia en sueños basados.

Hubo un silencio, luego, el ritmo creció un poco, se fue haciendo más rápido conforme avanzaba.

—Eres tan blanca, no solo por físico. Crees que a la gente les das asco, pero envidia das por ser mágica; eres el conjunto de todos los colores, en una sola alma, capaz de volar como cualquier otra de las aves, cual solo tu ser palma.

Clark continuó tocando, luego me observó a los ojos y chispas recorrieron todo mi cuerpo. Cierto era que estaba totalmente confundida, una parte de mí temía que fuese un despedida (aunque lo entendería).

Clark me señaló con el dedo, sin dejar de tocar. ¿Quería que continuara? De esta forma completaría un punto más, y si se trata de una despedida, que lo sea a lo grande.

Estaba cantando por rimas, así que tendría que hacer un gran esfuerzo. Tomé aire y pensé en la primera parte, mientras el ritmo volvía a ser lento.

—Tu ser es azul y tu sonrisa me derrite. Tan bello y misterioso como una cortina de tul, sensación que hace que medite. Tu ayuda salva al mundo, de caer en un abismo, cual se cava profundo, sin una gota de cinismo.

Clark cambió el ritmo a uno más movido, igual que la ves pasada.

—Eres como un príncipe azul, que toda niña desea, cual toda princesa crea y en actualidad hallado en un baúl; eres magia hecha realidad, en un caótico mundo, lleno de improbabilidad y noble como un vagabundo.

Clark me sonrió de oreja a oreja, había mantenido los ojos cerrados para pensar en las palabras correctas, pero ya que había terminado, al abrirlos, noté que me observaba de una forma maravillosa.

El ritmo de la canción se acelereó un poco más y me susurró:

—Ahora sígueme.

Yo lo observé, confundida a más no poder, pero cuando dijo la primera frase, comprendí qué era lo que quería:

—Mundo de sueños que resucita de una mente, con dueño que siente.

—Mundo de sue-e-ños —coreé, alzando mi voz de soprano.

—Mira sus ojos y magia encontrarás, llevándote lejos.

—Llevándote le-e-jos.

—Para abrir la puerta de un mundo de amor, que, a fuera, tú y yo, volaremos al fin.

—A-a-l fin.

—Otra vez, juntos —susurró.

Y ambos cantamos al unísono la misma estrofa:



ginny

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En el texto hay: colores, romance, obsesiones

Editado: 07.01.2021

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