Titulo sueños inalcanzables

Capitulo 3

Derek

Hoy es el aniversario de la muerte de mi madre, tan sólo con once años perdí a mi madre, nunca conocí a mi padre porque mi madre no quiso decirme exactamente quién era.
Tras su muerte empecé a vivir abuelo, él es viudo y además de su perro yo era su única compañía.  
Mi abuelo siempre me ha tratado muy bien, para mí es la persona  que más quiero, lo llego a considerar como si fuera  mi héroe.
Con el poco dinero que le dan a mi abuelo de jubilación apenas nos alcanza, a pesar de que mi abuelo quiere que estudie, necesito trabajar, no puedo quedarme con los brazos cruzados viendo cómo mi abuelo se desespera por comprar alimentos más baratos y buscar ropa con un precio bajo para mí.

Por eso, empecé a trabajar como repartidor de pizzas,  no es mucho lo que me pagan pero tampoco me quejo.
Entiendo que   tengo que estudiar y aún no tengo la edad suficiente para trabajar en otra cosa, por lo que debo de hacer de repartidor al mismo que debo de estudiar para no repetir curso. 
Este año es el primer año de instituto y quiero que mi abuelo se sienta orgulloso de mis progresos.

Me encuentro estudiando cuando mi abuelo toca mi puerta haciéndome entrega de un reloj.
Hoy es mi cumpleaños, lo miro con adoración sonriéndole por haberse acordado de que hoy es mi cumpleaños.

— Gracias abuelo. Yo...— No sé exactamente qué decirle porque nunca antes alguien me ha hecho un regalo y mucho menos se han acordado de mí cumpleaños.

— Eres mi único nieto. Lo único que me queda. Este reloj es muy importante para mí y ahora quiero que lo tengas tú. Felicidades Derek. — Cariñosamente abrazo a mi abuelo proponiéndole ir a tomar algo y así celebrar mi cumpleaños.

De camino se me ocurre llevarlo a un restaurante, no es de lujo pero es barato y se come bien.
Lo que más me gusta es poder soplar las primeras velas de mis quince años junto a mi abuelo. La persona que más amo y tanto se preocupa por mí.

Cuando salimos del restaurante, mi abuelo me propone de ir a hacia una pequeña feria.
Acepto encantado, y como mi abuelo no quiere montar en mi moto, decidimos llamar a un taxi.

Mientras esperamos que venga el taxi, de la nada veo revolver la esquina un coche negro todoterreno parándose en seco al lado del bordillo donde nos encontramos nosotros.
En un abrir y cerrar los ojos un hombre con una capucha  nos intenta robar o eso creo. Porque en realidad no llevamos nada de valor encima para que esté bruto no se haya echado encima sin motivo.
Se hace un forcejeo entre ése ladrón y mi abuelo,  sin pensarlo  dos veces me meto en la pelea intentando ayudar a mi abuelo el cual está grave por los golpes que ha recibido de se sujeto. Otro tipo me golpea fuertemente haciendo que caiga al suelo, en el momento que voy a levantarme  oigo  unos disparos.  
Mi cuerpo se tensa de ver a mí abuelo tirado en el suelo en un charco de sangre. Me acerco hacia a su cuerpo inmóvil con ojos llorosos  ojalá fuera un sueño, pero no lo es. 
Miro mis manos llenas de sangre y temblorosas mientras grito para que alguien le ayude buscando en mi teléfono el número de emergencias.
No me da tiempo para llamar a la ambulancia cuando esos tipos me agarran y me meten a la fuerza en el maletero del auto.

Siento como mi corazón bombea fuerte contra  mi pecho, llenándose así de pánico.
Hago lo posible por querer salir de aquel lugar pero es imposible.
Solo puedo salir cuando aquellos dos hombres me sacan de malas formas llevándome hasta una habitación con poca luz.
Fijo mi vista en aquel hombre con pelo largo y tatuajes por todo su cuerpo. Su mirada me da mucho miedo y más cuando lo veo que se acerca hasta donde me encuentro sentado en un rincón echo una bola.

— Ven, alguien quiere verte. — Sin darme tiempo a reaccionar, aquel sujeto tira de mí levantándome del suelo.

Seguimos caminando por una especie de túnel con graffitis hasta llegar a otra habitación.
El sujeto me deja de pie mirando aquel hombre sentado en una silla medio rota tapando su rostro con un gran sombrero.

— ¿Qué quiere de mí? — Balbuceo sin saber exactamente qué va ser de mí.

— Obvio muchacho. Vas a trabajar para mí. Necesito niñatos como tú para que hagan el trabajo sucio.

— ¿Y si mi niego? — Lanzo la pregunta haciendo el héroe.

— ¿Negarte? — Aquel hombre se levanta riéndose a carcajadas para acto seguido pararse delante de mí apuntándome con arma fría.

— Tú no eres nadie, harás todo lo que yo te ordene, y si haces algo mal, acabarás como tú abuelo. — Al expresarse de esa forma referente a mi abuelo hace que sienta como me enerva la sangre.
Pero nada puedo hacer ante unos matones que se dedican al trabajo de armas y drogas.

Sin quedarme de otra, solo, sin familia y sin nada que perder comienzo hacer todo lo aquellos traficantes me exigen que haga.

Cada noche, durante unos meses he debido de hacer de su repartidor, entrado sus "encargos" a los distintos clientes.
Así ha sido como poco a poco mi jefe está confiando en mí.
Cuando no estaba repartiendo, me entrenan para las peleas ilegales en un pequeño garaje, y también he aprendido a disparar con varias armas.

Esta noche me encuentro en un atro con dos kilos de cocaína. Debo de entregarlo personalmente a un cliente muy importante.
El problema, es que no sé cómo acercarme hasta él si está rodeado de personas.
Entonces veo una linda chica con cabello de fuego. 
Sus ojos verdes me hipnotizan inmediatamente, sus labios rojos esbozan una sonrisa y con gracia se aparta su cabello hacia un lado sin dejar de observarme.
Yo tampoco quito mis ojos de ella, incluso me atrevo de ir hasta donde se encuentra ella arriesgándome a que los matones que la rodean me corten el cuello.

— Buenas noches, ¿podría hablar contigo? — Pongo todo mi talento en intentar acercarme a ella portándome como un caballero de la edad media.
Al parecer a la pelirroja no le agradan demasiado los caballeros y acaba empujándome hacia un lado dejándome claro que no debo de acercarme a ella.
Sin embargo, aquella chica fue la llave para que yo pudiera hacer la entrega.



Ediana

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Editado: 13.01.2021

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