Tú, mi destrucción ©

Capítulo 14

Era tarde, pero aún faltaba para que arribara la noche, el sol aún no daba su último suspiro de este día. Sus rayos luminosos lograban aferrarse mientras la oscuridad avanzaba de a poco. Y entretanto, caminaba con ella por la tranquilidad del bosque, su majestuosidad me mantenía absorto como si nunca hubiese estado aquí. El camino lo sabía de memoria y, pese a ello, admiraba cada centímetro como si pudiese encontrar algo nuevo. El olor cautivaba, tanto el de la tierra húmeda mezclada con las hojas que caían de los altos árboles, como el que desprendían sus grandes troncos y distintas flores y vegetación. Al final, todos sus olores se mezclaban y obteníamos un aroma fragante único y seductor. Que al salir de aquí aún lo conservabas, llevándolo contigo. Este olor era el que solía percibir de mi padre, y luego también en mi madre. Este olor me recordaba a ellos.
Y mientras la ayudaba a caminar, me sentí contento de estar a su lado justo en este momento. Agradecí poder disfrutar de aquel aroma teniéndola a ella, sin extrañarla, sin tener el vacío que se instaló en mi corazón desde el día que me fui.

—Aquí está bien —dijo. Tomó asiento sobre un tronco seco y yo la imité.

—¿Te sientes bien? ¿Podrás volver? —Pregunté preocupado.

—Lane, me siento bien, sólo es cansancio. Donovan es un exagerado. —Le restó importancia. Apenas sonreí.

—Pues ahora habrá un exagerado más —le hice saber. Soltó una risa mientras negaba con la cabeza y se me quedaba mirando fijamente. Estiró el brazo y me tocó la mejilla con suavidad.

—¿Por qué? —Preguntó de pronto. Guardé silencio sin comprender a qué se refería— ¿Por qué no puedes ser bueno con todas las personas como lo eres conmigo? —Articuló en voz baja, mostrándose cauta.

—Porque ellas no son tú. A ellas no las amo como a ti, mamá. —Susurré con simpleza.

—No eres malo, Lane, albergas amor en tu corazón.

—Pero también odio, mamá. Es algo que no puedo explicar y que jamás voy a comprender. Lo siento aquí —señalé mi pecho—, justo en mi corazón. Es una necesidad, una maldad que me incita a asesinar, que me hace sentir que el hacerlo está bien… y ciertamente me provoca gran placer.

—Calla —dijo a modo de súplica y reprimenda. La sonrisa ya no estaba en sus labios—. Siento que es mi culpa, culpa de Donovan y mía por estar juntos, por ir contra la naturaleza. Ella puso esa maldad en ti para castigarnos, porque me lástima en lo profundo de mi corazón que asesines, que por esos sentimientos mezquinos que llevas dentro de tu alma tengas que alejarte de tu familia.

Una lágrima resbaló por su mejilla, la limpió con rapidez. Yo permanecí mudo, oyéndola atento. Era la primera vez que ella me hablaba de este modo, que me hacía conocedor de sus sentimientos y sus pensamientos que guardaba celosamente de todos nosotros, incluido mi padre.

—No es tu culpa, ni la de nadie. Simplemente nací con esto y no hay nada que me cambie, que me ayude a eliminarlo, ¿cómo hacerlo cuando es una parte de mí? —expliqué en voz baja, sin mencionarle que sinceramente no querría que alguien me ayudara, porque me sentía bien conmigo mismo, con lo que era. Lo único que me dolía era ella, sólo ella.

—¿Ni siquiera Alaina? —Inquirió.

Esquivé su mirada. Mientras veníamos hacia acá no me detuve a pensar en Alaina Jade. No la había visto, se mantenía encerrada en la habitación, únicamente Sebastian se acercaba a ella para alimentarla, cosa que dudaba que hiciera. Ella era así de orgullosa. No me preocupaba, tenía la certeza de que estaría bien. Y esa certeza me molestaba, porque aún contemplaba la idea de asesinarla, después de todo entre nosotros algo se había roto. Sin embargo, darle esa liberación, otorgarle esa paz que en ocasiones muchos buscaban, me torturaba. Quería que siguiera aquí, a mi lado, porque aunque me lastimase el saberlo, ella no quería estar cerca de mí, y el obligarla a hacerlo era una condena, una tortura; y esa parte maldita de mí deseaba que sufriera por sus mentiras, por no quererme, por arrepentirse de estar conmigo.

—Nunca antes trajiste una chica a casa. Cuando los supe juntos, sentí esperanza, Lane —susurró desprendiendo un deje de emoción en la voz.

—Ella me mintió. Planeó todo para estar cerca de mí. —Exclamé serio.

—¿Y eso es malo?. Si lo hizo, sus razones debió tener, pero dudo que una de ellas haya sido para causarte daño. Alaina te quiere. —Afirmó. Me volví a verla, sus ojos no dudaban en lo absoluto.

—Ella no me quiere. Sólo sentía curiosidad, me hizo sentir como si fuese un monstruo al que quieren estudiar —mi madre soltó una suave risa.

—Lane, eres muy frágil, te centras tanto en lo malo que hay en ti que no puedes ver lo bueno. —Me riñó. Suspiré. Ella me hacía verme vulnerable.

—¿Acaso hay algo bueno, mamá? —Musité con la esperanza de que dijera que sí, vaya a saber por qué.



Elena López

Editado: 29.10.2018

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