Tú mi nube de azúcar

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Ese chico otra vez, hoy lo he visto en la clase de alemán, últimamente viene todos los días a la cafetería. Mientras le preparo el café y se lo llevo hasta su mesa, me toma de la mano antes de retirarme, lo observo curiosamente.

 


—¿Cómo te llamas? — Levanto una ceja y miro la chapa que está en mi blusa de trabajo — perdón, solo quería un pretexto para que te quedaras un poco más — sonrió ante su sinceridad — Yo soy, Henry — me sonríe y yo le correspondo tímidamente — Aurora, es un nombre muy lindo.

 

 

—Gracias — aclaro mi garganta y miro su mano sobre la mía — debo trabajar — el me suelta y me voy tras la barra nuevamente.

 

 

Mientras trabajo en la cafetería se me ha ocurrido una idea de ganar más dinero, el dibujo se me da bastante bien, puedo sacar fotos de los diseños que he hecho y realizar vestidos a medida. Una sonrisa aparece en mis labios ante la idea. Solo me quedan dos semanas de clase y me graduó.

 

 

 

***

 

 

Cierro el local, pues mi jefa ha tenido que salir, al darme la vuelta el mimo chico de hoy está apoyado ene l árbol donde está mi bicicleta.

 

 

 

—Hola, Aurora — su voz es tan linda, tiene su mano derecha tras su espalda como si ocultara algo.

 

 

 

—Hola — saludo y quito el candado y la cadena para empezar a caminar con mi bici.

 

 

 

Una rosa rosa aparece en mi visión, sonrió, la tomo y no puedo evitar acariciar sus pétalos tan delicados, él se coloca frente a mí, observándome con una sonrisa mientras tiene sus manos en los bolsillos de su pantalón.

 

 

—La rosa es hermosa pero no tanto como tú — ¡Oh por dios! Los bellos del cuerpo se me erizan ante sus palabras, lo miro y no sé qué decir, siento que mis mejillas me pican — pero el rubor en tus mejillas te hace ver como una muñeca, una preciosa muñeca

 

 

—Gracias — es lo único que puedo decir, no sé qué responder a sus halagos.

 

 

—Me gustaría mucho que aceptaras una invitación a salir — lo miro con los ojos entre cerrados — podríamos ir al cine o a donde tú quieras.

 

 

—Gracias por la rosa — digo tratando de no sonar grosera — pero no puedo salir contigo — su sonrisa desaparece y me observa con una ceja levantada esperando más respuestas — buenas noches.

 

 

No le doy tiempo de responder, camino con mi bici y la rosa en mi mano, en mi mente no dejo de llamarme tonta por rechazarlo pero tengo muchas cosas en las que pensar, buscar un nuevo trabajo, necesito ingresos extras y mi abuela necesita de mí.

 

 

Cuando llego a mi casa, pongo la flor en un vaso con agua con hielo para que dure más, me quito los zapatos y me acuesto en mi cama, con mi cuaderno de dibujo. 
Mi mano desliza el lápiz sobre la hoja como si fuera una pluma y cuando me doy cuenta ya tengo cuatro diseños de vestidos y lo curioso es que los cuatros son para novias.
Estudio un poco mientras ceno unas quesadillas, pero no mi mirada no está en los libros si no en la rosa que se encuentra en mi habitación, me obligo a dejar de pensar en, Henry, es muy guapo de seguro debe tener a mujer más guapas que yo.

 

 

¿Por qué me invito a salir? No lo comprendo, es tan confuso para mí, nadie me había dicho halagos aparte de mi abuela, cierro los ojos y no puedo evitar sentirme nostálgica, los vagos recuerdos de mi infancia, de mis padres queriéndome, la piel se me pone de gallina y una triste lágrima baja por mi mejilla derecha. 
Me obligo a dejar de lado esos recuerdos, pues ahora tengo que concentrarme en lo que queda de mi carrera, estudio los idiomas que empecé por mi cuenta en la app de dúo lingo, es muy útil.



Cecilia Ovando

Editado: 18.06.2019

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