Un verano inesperado

∞Capítulo 4: "Los extraños caminos del amor"∞

—Eres valiente al haberte metido en este lugar, es el área más peligrosa de la selva —dijo Paul.

—Estaba concentrada en mi mundo y no vi el cartel —dije avergonzada. 

—No te preocupes, pero ten cuidado la próxima, por suerte yo estaba haciendo mi ronda y te vi meterte aquí y me preocupé —dijo.

—¿Te preocupaste por mí? —pregunté frunciendo el ceño. 

—O sea, lo haría con cualquier persona —dijo rápidamente. 

Reí. 

—Como digas, debo volver —dije. 

—Te acompaño, yo igual voy por este camino —dijo. 

Había pasado el peor susto de mi vida y agradecía que él estuviera ahí para salvarme, no sabía qué hubiera hecho si no hubiera aparecido en ese momento.

Caminamos un tramo y llegamos a las cabañas, hacía un poco de frío y eso era agradable. 

—¿Harás algo ahora? —pregunté con curiosidad.

—Sí, tengo que preparar las actividades para hoy, daremos un paseo en la selva y debo preparar el equipo —dijo.

—Gracias por decirme todo —reí.

—Está en la lista de actividades —dijo y rio.

—¿Me estás declarando la guerra? —pregunté en tono burlón.

—Pues no estaría mal —dijo. 

—Ya vete a hacer tus cosas —reí. 

—Nos vemos en el desayuno —se despidió.

Me fui a la cabaña y agarré mis cosas de limpieza personal para bañarme, luego agarré mi ropa y me dirigí a los baños. Necesitaba un baño para pensar en mis cosas con claridad.

Las horas pasaron y tenía puesto un short con una camisa de manga larga con botones, mis tenis y mi cabello suelto. El desayuno llegó y las familias ya estaban en el comedor, nosotros fuimos los últimos en llegar porque mi papá se levantó muy tarde y no podíamos irnos sin él, así que lo esperamos.

Carolina estaba sentada en el comedor y yo me senté con ella, mis papás irían por mi comida y por eso no me preocupé. 

—Hola, Carolina —saludé. 

—Hola, Leila, es genial verte hoy —sonrió.

—Digo lo mismo, es un buen día —dije.

—La verdad sí, la comida está deliciosa —dijo.

—Ahora la pruebo, se ve rica —sonreí.

Paul estaba sentado en otra mesa y yo sonreí al verlo, quería acercarme pero estaba su papá ahí y sinceramente me dio mucha pena, así que mejor me quedé sentada con Carolina y me aguanté las ganas.

Mis papás llegaron con mi comida y me sorprendí tanto porque de verdad sabía deliciosa, si se esforzaron. 

—¡Atención! —Exclamó el señor Mario. 

Todos volteamos a verlo.

—Hoy tenemos la actividad de recorrer parte de la selva, vamos a conocer uno de los ríos y pueden meterse, así que ya lleven su traje de baño puesto y ropa cómoda —dijo. 

Habían demasiados ríos y en una de ellas podíamos meternos, así que no iba a desperdiciar esa idea. 

—Estaremos todo el día recorriendo la selva y haremos actividades allá, el río quedará para el final —dijo—. A las tres de la tarde tienen que estar aquí en el comedor para comer y luego nos iremos a recorrer la selva. 

Al menos no nos daría hambre en el camino. 

—Así que hagan lo que tengan que hacer y nos vemos aquí a las tres de la tarde —dijo.

Ya moría por recorrer la selva, quería conocer a los animales y todas las historias. 

—Leila, voy a ir con la mamá de Carolina a su cabaña, tu papá está en la cabaña, por si necesitas algo —dijo mi mamá.

—Está bien, mamá, tú ve —dije.

Mi mamá se fue y yo me quedé sentada en el comedor, Carolina se había ido a su cabaña a descansar un poco porque no había dormido bien.

Tomé algunas fotos y las edité, cuando volviera del viaje las publicaría porque ahí no había señal, aunque eso era bueno, ya que no sería un objeto de distracción.

Alguien tocó mi hombro y cuando vi quién era me morí por dentro. Ese chico sabía cómo sorprenderme y emocionarme. 

—Paul —sonreí. 

—Hola, tengo unos minutos libres y quise hablar contigo cuando te vi —dijo. 

—¿Tu papá no se molestará? —pregunté. 

—Para nada, él quiere que haga amigos y pues ahora me he llevado muy bien contigo —sonrió. 

—Yo también, todavía sigo agradecida contigo por lo que hiciste esta mañana —dije.

—No te preocupes, como te digo, lo haría por cualquier persona. 

De cierta forma eso provocó un pequeño dolor en mi corazón. 




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