Un verano inesperado

∞Capítulo 20: "Reconciliación"∞

Los días siguieron pasando y no podía lograr mi objetivo, Paul seguía en mi mente y en mi corazón, eso ocasionaba que me confundiera y que me doliera más, no podía sacarlo de mi cabeza y eso era lo más duro. Ángel y yo seguíamos hablando demasiado, la verdad jamás pensé que me llevaría bien con él, no pensaba hablarle o que pasaría eso. Carolina seguía detrás de Paul y eso me dolía, ella podía estar cerca de él y yo no, aunque seguía sin entender por qué le dio entrada, aún sabiendo que yo lo quería. Habíamos hecho muchas actividades pesadas y ese día era descanso, no haríamos nada y eso era glorioso para mí, ya estaba muy cansada. Los viajes a zonas arqueológicas se hacían más frecuentes y ya me sentía satisfecha por lo que mis ojos habían visto.

Un nuevo día comenzó y salí de la cabaña, luego me dirigí al comedor, iba a desayunar sola porque mis papás volvieron a dormirse y no quería molestarlos, así que mejor yo me fui a desayunar. Me serví la comida y me senté en la silla, ahí es donde mi cabeza voló y recordó todo lo que había pasado, no pude evitar sonreír por las sorpresas que me había llevado en el viaje, por los recuerdos que tenía y los que guardaría siempre. Paul era la sorpresa más loca que me había ocurrido, lo conocí de la manera más extraña, sentí algo por él de la manera más rara y lo tenía en mí como si lo necesitara. Él me hacía entender que el amor tocaba la puerta pero que uno mismo decide abrirla, él hizo que abriera la puerta y entró como un rayo, quería que durara más tiempo y dolía que no fuera así.

El destino me jugó de la manera más horrible cuando vi a Paul entrar al comedor, mi corazón comenzó a latir con fuerza y sentí que se saldría de su lugar, solo deseaba que se fuera rápido. Pasó a un lado de mí sin mirarme y yo me quedé muy extrañada, por un momento pensé que me hablaría o me saludaría, solo que eso fue un pensamiento porque no lo hizo, simplemente se sirvió un vaso de jugo de naranja y se retiró del comedor. Minutos después Ángel entró al comedor y comenzamos a platicar, aunque yo no prestaba tanta atención porque tenía en mi mente a Paul y su extraño comportamiento, no lo culpaba, yo también me comporté mal con él. 

—Te noto muy extraña, Leila —dijo Ángel interrumpiendo mis pensamientos.

—Solo estoy cansada, hemos hecho tantas cosas —dije. 

—Es muy cierto, llegaré a mi casa con un cansancio horrible —dijo. 

Reí por su exageración. 

—Lo sé, creo que todos.

Terminé de desayunar y me retiré del comedor, quería ir a descansar un rato a la cabaña y olvidarme un rato de Paul, aunque eso era imposible porque lo tenía cerca y no lo olvidaría tan fácil.

Mis ojos estaban por cerrarse para dormir, hasta que tocaron la puerta de la cabaña y tuve que abrir, solo que me sorprendí tanto al ver al señor Mario ahí. 

—Hola, Leila —saludó. 

—Hola, señor Mario —saludé. 

No pude evitar fruncir mi ceño. 

—Estaba dando un recorrido por las cabañas y me acordé que no estuviste después de que todos terminaran de desayunar, esta noche hay una fiesta en el salón principal, lleva algo cómodo y elegante —dijo.

—Perdón por no quedarme, quería descansar un poco —dije. 

—No hay problema, tenemos el resto del día libre, así que puedes descansar lo suficiente —dijo. 

—Muchas gracias por avisarme personalmente, nos vemos esta noche —dije. 

El señor Mario se despidió y se retiró, aunque todavía no entendía el por qué no lo dijo antes de que todos desayunaran, siempre avisaba las actividades con anticipación. Me acosté en la cama y me relajé, estaba muy cansada y solo quería olvidar todo lo que había pasado, necesitaba olvidarme de Paul e ignorar el amor que sentía dentro de mí. Así logré entrar a un mundo negro, aunque lo último que vi en mi mente fue a Paul sonriendo al verme. 

Desperté de golpe porque había perdido la noción del tiempo y no sabía qué hora era. Abrí la ventana y me di cuenta de que estaba oscureciendo, solo que se me hizo muy extraño no ver a mis papás en la cabaña. La hora de la fiesta estaba por llegar y tenía que comenzar a arreglarme, así que fui a los baños a darme una ducha, después regresé a la cabaña a cambiarme, aunque se me hizo muy extraño no ver a nadie por donde pasé. Me puse un vestido negro sin tirantes y con una malla que cubría mi cuello y parte de mi pecho, luego unos botines y finalmente me peiné. Salí de la cabaña y me dirigí al salón principal, por un momento pensé que ya todos estaban ahí y solo faltaba yo, así que me apuré en caminar. Entré al salón y me sorprendí al ver la decoración, todo se veía precioso e increíble, solo que me sorprendió más al ver que no había nadie. 



Elvis

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En el texto hay: amor juvenil, romance, amor de verano

Editado: 15.11.2019

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