Una Amistad Llena de Atracción. (editando)

Capítulo 4

Me llevé el jugo de fresa a la boca y le di un sorbo para aplacar la sequedad de mi garganta.

Me encontraba sentada en la mesa del comedor de mi casa junto con Adrién haciendo las investigaciones para el trabajo .

—Los propietarios tienen intereses residual en la empresa—Leí la información que estaba buscando en voz baja para no molestar a Adrién que, al igual que yo, se encontraba buscando información en su computadora, y se le veía muy concentrado.

Mi teléfono empezó a sonar con una llamada entrante y él desvió su mirada hacia el sonido, volviéndola al segundo a la pantalla de su Laptop.

Lo tomé y quité la vista de la computadora para ver quien era. 

—Hola, cariño, ¿cómo estás?— La voz de mamá se oyó débil y apagada.

—Bien— respondí,  frunciendo el ceño ante el tono de su voz—. ¿Qué sucede? Te noto rara.

—Nada de que preocuparse, nena. Solo tengo un resfriado—Sorbió por la nariz. 

—Entonces no estás bien, mamá— contradije—. ¿Por qué no solicitas permiso y vienes a  casa?—Mi voz reflejó la preocupación que me estaba embarcando.

Mamá siempre decía que yo era muy dramática . Que no podía decir que tenía una leve gripe por que yo ya quería internarla.

«El dramatismo lo saqué de ti»,  era mi respuesta ante eso.  «Digo lo mismo y te pones aún más histérica que yo, y a eso no le sumamos que eres una enfermera.»

Su respuesta para terminar el tema era siempre la misma: un rodar de ojos.

—Sí. Es por que te llamo, cariño. Para decirte que hoy llegaré temprano. Bárbara me cubrirá.

—Perfecto— dije más calmada—.Te prepararé algo.  Nos vemos al rato.

—De acuerdo... Te quiero—Y como siempre me colgó antes de que pudiese decirle algo.

Volví a dejar el teléfono en la mesa, cerré la Laptop y reuní los libros que estaban desperdigados por toda la mesa.

—¿Sucede algo?—Levanté la cabeza y miré a Adrién, pestañeando, sintiéndome algo desorientada.  Por un momento me había olvidado de que él estaba allí.

Negué.

—No, no. Nada de suma importancia, sólo  algo familiar.  Eh... Creo que ya terminamos por hoy.

—¿Puedo ayudarte en algo?—Levanté la cabeza de golpe y lo miré con lo ojos muy abiertos.  

Pestañee varias veces y luego se pronunció un gran ceño de confusión entre mis cejas,  mi rostro demostrándole lo extraña e inapropiado que me parecía su ofrecimiento.

Tarde se dio cuenta de lo que me había dicho. 

Se suponía que si él se había molestado ante mi ofrecimiento de algo de beber, era bastante contradictorio que me estuviese ofreciendo ayuda como si fuera su amiga. 

—No— respondí escueta.

Creo que todavía me encontraba un poco dolida por lo que él me había dicho. 

Se limitó a asentir en respuesta, luego cerró su Laptop y la guardó en su bolso mientras se levantaba.

—Quería decirte que tendremos que reunirnos más días a la semana. No nos está alcanzando uno solo.

—De acuerdo.

—Miércoles,  jueves y viernes, ¿te parece?—propuse.

—No hay problemas.

—Bien— asentí y me encaminé hacia la puerta con él siguiéndome los pasos.

Me aparté de la puerta después de haberla abierto y él pasó a mi lado, e iba a cerrarla cuando,  después de haber dado unos pasos,  él se volvió hacia mí.

—Hasta mañana.—Le di un asentimiento de cabeza en repuesta y luego di un paso hacia atrás, cerrando la puerta  de inmediato.

Minutos después se escuchó el arranque de su camioneta.

***

—Cómete toda la sopa, mamá— dije en cuanto le entregué la bandeja y entré al baño a por unos analgésicos—.Ten, toma— Los coloqué sobre la palma de su mano y luego le pasé el jugo para que los bebiera.

Me obedeció sin rechistar.

»Ya verás que con esto te sientes mejor y mañana amaneces como nueva—Me agaché y le di un beso de despedida—. Luego me agradecerás lo irritante que he sido.  Después de que acabes , trata de dormir de inmediato.—Me detuve en el umbral de la puerta,  esperando a que me respondiera.

—Sí,  mamá—Me respondió con voz cansada pero con un claro tono sarcástico.

Sonreí.

—Así me gusta.  Buenas noches. Te quiero— Salí de la habitación y cerré la puerta detrás de mi.

Los días pasaron normalmente bien.  Adrién y yo habíamos pasado los tres días consecutivos que  habíamos elegido de las semanas estudiando.

Las cosas entre nosotros y las horas que pasábamos en el comedor de mi casa eran simples.

 Era como si me encontrara estudiando sola. Lo ignoraba tan deliberadamente como si él no estuviese allí y, a veces, cuando él creía que no lo veía, lo captaba por el rabillo del ojo observándome.

Creo que era por que se sentía incómodo ante tanta frialdad, seriedad y falta de comunicación.  Pero era él quien lo había querido de esa manera. Al final de cuentas yo sólo estaba cumpliendo con algo que él mismo había establecido y yo no era quien para hacerlo cambiar de parecer.

Estaba saliendo de la universidad al final de clases. Era miércoles y,  aparte de estudiar con Adrién,  hoy también tenía que ir a casa de Bárbara.  Le había prometido ir hoy para comenzar a pintar el cuarto de Belén.

Saqué mi teléfono y le marqué. 

Cayó la contestadora, pero al siguiente minuto volví a insistir.

Miré distraídamente el camino y ella contestó en el mismo instante en que mis ojos se posaron en una camioneta negra. Pero no fue la camioneta lo que me entretuvo, si no las personas que se encontraban apoyadas sobre ella.

Bueno, en realidad Adrién se encontraba apoyado sobre la camioneta y la chica apoyada sobre él.

Se estaban besando, y tocándose,  y se veían bien juntos.  Tenía que aceptarlo muy a pesar de que eso me produjera algo en el pecho. 

Suspiré y me obligué a apartar la mirada antes de que empezaran a desbordarse las lágrimas que se habían asentado en mis ojos.

—¿Cariño?—preguntó Bárbara ante mi silencio—. Ohana, ¿está todo bien? 

Tragué el nudo que se había formado en mi garganta para que mi  mi voz no sonara distorsionada al hablar.



Ade Arang

#17715 en Novela romántica

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Editado: 26.11.2020

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