Una Amistad Llena de Atracción. (editando)

Capítulo 7

Escuchaba un sonido lejano. Un teléfono. Sí, era el insistente sonido de un teléfono, pero también podía apreciarlo un tanto débil, como si estuviera siendo amortiguado por algo.

En lo muy recóndito de mi conciencia sabía que lo que estaba bloqueando el sonido y que hacía que se escuchara débil era eso mismo, mi conciencia, y el sueño; ese era el que se hallaba luchando más, solo por el simple hecho de no verse interrumpido, pero a pesar de todo cada vez lo seguía escuchando más audible, más fuerte, y eso sólo significaba una cosa. Estaba despertándome.

La alarma...¡¿La alarma?!

Me senté abruptamente en la cama y miré a mi alrededor, adormilada y desconcertada.

«¿Cómo que la alarma? » Ay, Dios. ¿Tan rápido había amanecido?

Pestañeé y me froté los ojos para espantar el sueño. 

—No—Aprecié mi voz tan ronca y grave que casi no la identifiqué como la mía—. No, pero si prácticamente acabo de acostarme—me quejé y me levanté de la cama de inmediato,  tan rápido que me tambaleé hacia un lado y una potente punzada me golpeó la sienes.

Solté un quejido y cerré con fuerza los ojos, esperando a que las estrellas en mis ojos se desaparecieran.

Tomé una suave respiración y levanté la cabeza para comenzar a caminar en dirección al baño,  pero entonces me detuve,  ahora sí totalmente confundida,  cuando me di de cuenta de que todavía estaba muy oscuro.

Me volví hacia la ventana y, efectivamente, todavía no había amanecido.

Me volví a mirar el reloj, pero en ese mismo momento el teléfono comenzó a sonar de nuevo. 

Me pasé las manos por lo ojos, queriendo espabilarme para ver si estaba viendo mal la hora en mi reloj.

Fruncí el ceño.  No.  Eran las dos de la madrugada.

Vaya. ¿Habría puesto la alarma a esa hora? Oh, vaya.  ¿Tenía que estudiar algo y no lo recordaba?

El teléfono comenzó a sonar de nuevo y entonces decidí acercarme a la cama,  buscándolo con rapidez de entre las sábanas.

Lo saqué rápidamente de debajo de la almohada y miré la pantalla,  suspirando cuando vi que no estaba sonando por ninguna alarma,  sino por una llamada entrante.

—¿Es que acaso está loco? — le pregunté al teléfono y negué con resignación antes de deslizar mi dedo por la pantalla y contestarle—. ¿Adrién?—Mi voz se apreció un tanto pastosa,  pero algo de preocupación también podía apreciarse allí.

—¡Hasta que por fin! —exclamó con alivio—. Vaya,  pelirroja. Pensé que nunca ibas a contestar—Su voz se escuchaba un tanto más animada de lo normal, muy efusiva, y muy alta.  Una música fuerte se escuchaba de fondo.

—¿Sucede algo?— me giré sobre mi cuarto, buscando no sé qué—. Adrién, ¿estás tomado?—Se carcajeó. 

—Sí. No...o bueno solo un poco.

—Estás loco—resoplé.

—Sí, creo que eso me han dicho— Soltó una risa—. Pero tú más por que eres mi amiga— Volvió a carcajearse y no pude evitar sonreír divertida por su actitud.

—Adrién— arrastré las letras con exasperación—, ¿me estás llamando a las dos de la mañana solo para decirme bobadas?—Le infligi a mi voz un pequeño tono de reproche.

—Mierda...¿estás enojada, pelirroja?

—Sólo dime que llamaste para decirme algo importante y luego yo volveré a mi cama y volveré a dormirme. Y entonces, ya no me enojaré por que la llamada fue por algo importante y no por una estupidez—Hice énfasis.

—Es algo importante—Se apresuró a decir—. Y, creo que todavía  no podrás volver a la cama— informó con cautela. 

—Sigue hablando, Adrién.

—Aquí va... Necesito que vengas a buscarme—Lo dijo rápido, tan rápido que no estaba segura de haberlo escuchado bien.

—¿Qué?

—Que necesito que vengas a buscarme, Ohana—repitió ahora más lento—. Pasa que estoy en una fiesta y no llevo mi camioneta.  Vine con los chicos y se suponía que nos iríamos juntos, pero, el conductor designado está vomitandose encima—Hice una mueca de asco—.Todos lo demás están en casi iguales condiciones.  Yo no estoy borracho, pero sí he tomado y no me gusta conducir así—terminó y yo me quedé en silencio. 

Ni siquiera se escuchaba como una persona que se estuviera ahogando en alcohol,  de manera que: o a él de verdad no le gustaba conducir con una gota de alcohol encima o solo estaba haciendo esto para fastidiarme.

»¿Sigues allí? —Suspiré.

—Estoy. Lo siento— me disculpé por haberlo hecho esperar—. Bien, ¿y por qué no llamas a otro amigo?—Ofrecí cómo alternativa.

—Por que todos están aquí—respondió cómo si fuese los más obvio que yo lo supiera.

—¿Un taxi?

—Eso no lo había pensado—Rió burlón. Rodé los ojos—. Igual no sirve— Chasqueó la lengua—. Somos varios, de manera que tendría que llamar a varios taxi...y ese es un trabajo del cual no me voy a encargar. Además, Josh dice que no puede dejar la camioneta aquí—Suspiró—. Entonces pensé un poco y me dije: "Adrién, ¿y por qué no llamas a una persona que no vaya a decirte que no, una persona que sea tu amiga y que no esté en esta fiesta? Y, entonces...¡Bam!...—Me sobresalté cuando  gritó al teléfono—a mi mente sólo llegaste tú...Bueno, al menos eso es lo que haría una amiga si su amigo está en un aprieto—dejó caer de forma inocente.

—¿Estás tratando de hacerme sentir mal?

—No—Diversión en su voz—. ¿Entonces?—presionó—. ¿Vendrás?—Solté un suspiró de rendición.

—Envía la dirección—Y corté la llamada.

Marqué el número de una agencia de servicios de taxis y di mi dirección para que vinieran a buscarme.

Caminé hacia el armario, saqué unos vaqueros, una camiseta y una sudadera. 

A esta hora el frío afuera no debía de ser muy agradable.

Me quité el piyama y me vestí rápidamente antes de que llegara el taxi y despertara a mamá.

Me puse los tenis y luego sujeté mi cabello antes de tomar las llaves, el teléfono y el dinero para el taxi. Salí del cuarto lo más silenciosamente que pude y bajé las escaleras con pisadas cuidadosa. 

Estaba abriendo la puerta de la casa cuando comenzó a sonar el teléfono, y me hallé tan desesperada por apagar el sonido que solo con movimientos torpes logré sacarlo de mi bolsillo y detener el sonido. 



Ade Arang

#17601 en Novela romántica

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Editado: 26.11.2020

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