Una Historia de Amor sin nombre

¿Una ejecución privada?

Un verdugo no vende verduras, ejecuta ignorantes como tú y como yo.

 

Y volvió la soledad tan afectiva, tan alegre, tan vulgar.

Porque la soledad es un mundo de colores vivos, donde el artista encuentra su lienzo tan pulcro, blanco e inmaculado, desprovisto de nada fuera de tu mundo. La soledad es el lienzo donde el corazón, llora su agonía, su alegría, sus anhelos y su paz.

 

¿Amor mío?

Que venís del lugar menos atractivo, del lugar donde las palabras no suenan, el frio es insoportable y el silencio te abruma  ¿Cómo venís de un lugar tan marginado, tan aterrador, tan hermoso? Como mi corazón.

 

Llego al día siguiente a la hora de almorzar, pero se negó a hablar. Se encerró en su despacho a organizar unos papeles y luego se fue. Santiago sabía lo que hacía, había comenzado a formular el juicio, ya lo conocía, el procedimiento siempre era el mismo. Juntaba la información, la ordenaba y la llevaba con los hombres del consejo. Aquel era un grupo de quince hombres y cinco mujeres, que habían formado ciertas normas para aquella ciudad, además de las que venían de parte del rey. Cada vez que alguien rompía la ley ellos se reunían y solo ellos determinaban el castigo adecuado, el último voto, que siempre hacia unánime la decisión, era responsabilidad del capitán en curso, en ese momento, el padre de Santiago. Aquello solo tomaba un par de días, por orden del capitán Brizuela, dos guardias estaban junto a la puerta del cuarto de Zuri, pero no hablaban con nadie, ni decían nada al respecto. Sin embargo Damián no tardo demasiado en descubrir lo que sucedía y justo como Santiago predijo fue a molestarle la paciencia.

  • ¿Qué te parece la noticia?
  • ¿Qué noticia?
  • Lazcano era una mujer
  • ¿Era?
  • De seguro será ejecutada, así que puedo decir era.
  • Supongo que sí.
  • ¿Qué te parece? Tu compañero era una mujer, tu buen amigo, tu colega. Jamás te diste cuenta.
  • Tu tampoco.
  • Si pero en tu caso es peor, dormías en su mismo cuarto. Eres tan inútil que ni siquiera pudiste tocarla cuando la tenías allí, a tu lado. Tu compañerita que tanto que te cuidaba, con razón.
  • La misma persona que limpio el piso contigo.
  • ¡Hizo trampa!
  • Trampa o no, no cambia el hecho de que una mujer te venció.
  • Y por eso mi padre la ejecutara.
  • Quizás, pero no cambiara el hecho, de que una mujer ¡limpio el sueño contigo y con dos de tus amigos!
  • ¿Estás enojado?
  • Sí lo estoy, hazme un favor y lárgate de aquí.
  • Uy pobre Santiago, esta triste por su noviecita.
  • Ojala mi padre no la ejecute, así deberás vivir con el hecho de que sigue con vida la única mujer que te humilló públicamente.
  • Cierra la boca.
  • Oblígame.

Damián estaba por golpear a Santiago cuando su madre se interpuso.

  • Que siquiera se te ocurra tocarle un cabello a tu hermano.
  • Pero madre…
  • Sal de aquí.
  • Él empezó.
  • Ahora Damián.
  • Está bien ya voy.

Apenas Damián había dejado el cuarto de Santiago, su madre se volvió a mirarlo a él.

  • ¿Eres estúpido? Tienes una herida a medio sanar en el pecho, un golpe de tu hermano y acabaras muerto. Me prometiste que tendrías cuidado.
  • Lo lamento mamá, me deje llevar.
  • ¿Es verdad lo que dijo Damián? ¿Eras amigo de Lazcano?
  • Eso no importa, no cambiara el hecho de que mi padre la ejecutara.
  • Quizás puedas hablar a su favor mañana.
  • No cambiara nada.
  • Debes intentarlo al menos.
  • ¿De verdad piensas eso?
  • Claro que sí. He hablado con su madre, esa mujer está muy mal. No sería justo para su hija pagar por su locura. Piénsalo, quizás tu padre se compadezca si tú se lo pides.
  • Lo pensare.

Como era de esperarse, su padre no volvió esa noche. Al día siguiente muy temprano, se alzó una horca en el patio de la casa. Santiago sabía lo que aquello significaba. La ejecución seria privada, pero ¿Por qué? Su padre regreso un poco antes del almuerzo y Santiago lo intercepto en su despacho.

  • ¿Una ejecución privada?
  • Tengo mis razones, es lo más amable que pude conseguir.
  • ¿Amable? ¿Qué seria no amable?
  • Lapidada en la plaza, me parece un tanto excesivo.
  • No puedes ejecutarla.
  • Santiago esto no…
  • Por favor.
  • Quisiera poder hacer algo más, pero la decisión está tomada.
  • Simplemente porque no pudo cumplir con las expectativas de los demás. Todo esto es por no poder enorgullecer a un capitán.
  • Supongo que sí, pero la ley es la ley, yo no la escribí.
  • Si la ejecutas, me iré.
  • No puedes hacer eso y lo sabes, tú no puedes desobedecerme. Ahora apártate, ya llego el concilio.
  • No es justo.
  • Quizás, pero yo ya no puedo hacer más.



Victoria Silva

#8766 en Joven Adulto
#15168 en Otros

En el texto hay: romance, traicion, muerte

Editado: 23.01.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar