Una vida de imposibles

CapÍtulo I

Hola mi nombre es Anaí y como siempre voy tarde. Mi despertador sonó a la hora prevista, pero como es costumbre no me levanté, ahora me encuentro dando vueltas por mi gran habitación, pues nunca dejo listo lo que necesitaré al otro día, en definitiva, este es mi diario vivir.

Se preguntarán a que voy tarde, soy hija del dueño de cadenas hoteleras mas grande. Nací como muchos dicen en cuna de oro, estudié en una de las mejores y mas costosas universidades, pero algo que muchos no saben, no fue paga por mi padre, la pagué con mi esfuerzo e inteligencia. Hoy es mi primer día de trabajo y sí, trabajaré en las empresas de mi padre, pero es la única sucursal que no esta a nombre de él, pues fue comprada por mi.

Retrocedamos unos años atrás, exactamente en el momento dónde decidí ser yo y demostrar que todo lo que decían de mí podía ser modificado, volvamos a esa época donde debía elegir qué quería ser por el resto de mi vida y tomar la carrera que me apasionaba o la que mis padres querían para mi. Exactamente a mis 18 años de edad.

 

Acababa de graduarme y mi padre me presionaba para escoger la carrera, el quería que escogiera administración o algo relacionado, pues al ser la única heredera, toda su cadena de hoteles pasaría a mi nombre y quería que yo supiera manejarlas. Pero qué hacía, mi sueño siempre ha sido cantar, de pequeña me anotaba en todo lo que la escuela programaba relacionado al canto, pero a mi padre eso le molestaba y me repetía constantemente “¿Te quieres morir de hambre?, esa carrera no te llevará a ningún lado”.

Salí a tomar aire, necesitaba pensar en mi futuro y tomar una gran decisión, siempre he sido buena en los estudios, gracias a mi talento y por mis calificaciones, había conseguido una beca para estudiar música en una de las universidades mas prestigiosas de Inglaterra, pero sabia que mi padre esto no le agradaba, por lo cual, si decidía perseguir mis sueños, estaría en su entera desaprobación. Siempre he sido una persona de acatar ordenes y hacer todo lo que mis padres dicen, pero algo dentro de mi me decía que esta vez debía tomar mi camino y era mi decisión.

Iba sumida en mi música, con los audífonos a reventar, por consiguiente, no vi lo que se avecinaba, un loco en bicicleta chocó conmigo, haciendo que ambos fuéramos a parar en el piso.

— ¿No lo conocemos? — Preguntó mi conciencia, se me hacía conocido, pero no sabia de qué, fijo era algún niño rico de las galas y reuniones a las que tenia que ir con mis padres.

- ¿Anaí? – Pregunto, el chico que tenia al frente.

— Uy ahora resulta que este guapo nos conoce — silencie a mi conciencia y me sonroje de inmediato, yo me avergonzaba por cualquier cosa y mi conciencia parecía no querer ayudar, ahora ¿qué pensará?, ¿cómo se llama este muchacho?

- Hola – Dije con un tono casi imperceptible.

- No me recuerdas ¿Cierto?

- Sí. No bueno, la verdad es que no; pero debes ser hijo de los amigos de mi padre.

- ¿Quién es tu padre?

No sabia quien era mi padre, perfecto, porque si no es hijo de sus amigos, no es un niño rico y mimado, por consiguiente, es mejor que no sepa quien soy.

- No importa, pero ¿Quién eres? y ¿por qué sabes mi nombre?

- Soy Paul y nos conocimos en un concurso de canto.

- ¿Tú cantas?

- No, yo fui por mi hermana que al parecer es fan tuya por el colegio.

— Todo encaja, esos ojos azules que encantan, son iguales a los de la adorable Emmy — Otra vez mi conciencia de oportuna.

- ¿Eres hermano de Emmy?

- Si y ella me suplicó que la llevará a escucharte cantar, apropósito, cantas muy lindo.

- Gracias – Me sonrojé como es costumbre, para cambiar de tema, pregunté - ¿Y Emmy?

- En la casa, hace unos días dijo que te iba a extrañar, porque no volverías al colegio y te olvidarías de ella. ¿Qué hiciste para que te quisiera tanto?

- Nada, solo que amo los niños. Y yo también la voy a extrañar, dile que no me olvidaré nunca de ella.

- Hablas como si no se pudieran volver a ver.

- Es que es así, yo ya no volveré al colegio, ¿en donde nos podríamos encontrar?

- En cualquier lado, viven en la misma ciudad.

- Seria genial poder volver a verla.

- Justo ahora iba a recogerla, pues le prometí ir por un helado.

- Que buen hermano

- Sí, es lo mas lindo que tengo – Dijo con tono dulce - ¿Te gustaría ir con nosotros?

Lo dude un poco, sabia que hoy en la noche tendría una cena de mis padres, y mi padre quería que estuviera ahí, pues según él “debo conocer el entorno con el que muy pronto voy a tratar”, el no pensaba en otra cosa para mi. Pero, hoy no quería pensar en mi futuro, así que acepte, al fin de cuentas, faltaba mucho para la cena.

- Sí

- Le alegrará mucho verte.

Caminamos unas cuantas cuadras, hasta llegar a una casa hermosa, con un jardín lleno de las flores mas lindas que te puedas imaginar, Emmy ya me había hablado del jardín de su madre, pero se había quedado corta, este lugar era maravilloso, la casa aunque de dos plantas era pequeña, pero se notaba acogedora y familiar, algo que le faltaba a la mía, que a pesar de ser muy gran, parecía mas un hotel de lujo que una casa de familia.



Ale Méndez

#22947 en Novela romántica

En el texto hay: poder, decision

Editado: 01.02.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar