Under My Wings

40-. Desaparecida

Lleno de impaciencia, observé por milésima vez el reloj de mi teléfono. No había transcurrido ni un minuto desde que le eché el último vistazo, y hoy más que nunca, la última hora de clases parecía ser eterna. Las palabras en la pizarra parecían estar escritas en un idioma desconocido, y no podía esperar que sonara la campana para recoger mis pertenencias y largarme.

Por suerte, cuando comenzaba a perder las esperanzas, sonó el timbre de salida, y salimos del aula a toda velocidad. A fuerza de empujones, me abrí paso entre la enorme marea de estudiantes que circulaban por el pasillo, y cuando finalmente llegué a la salida, fui hacia el estacionamiento para buscar mi Ferrari. Por fortuna, era un vehículo inconfundible, así que logré divisarlo a lo lejos y avancé en su dirección.

Sin embargo, faltando unos pocos metros para llegar, noté que dos hombres se encontraban de pie junto a él. Ambos vestían con un uniforme completamente negro, y a simple vista, sus rostros eran idénticos. Lo que fácilmente daba a entender que no se trataba de estudiantes comunes y corrientes.

Entonces, vi cómo uno de ellos abandonaba su posición y daba varios pasos hacia mí; a lo que respondí poniéndome en guardia.

—No se preocupe, señor Taylor, no venimos a hacerle daño —dijo el sujeto, tratando de tranquilizarme—. Nos envía el doctor Greene, pidió que le entregáramos esto —su compañero me extendió un pequeño sobre de color blanco.

—¿Algo más? —pregunté, tomándolo con la mano derecha.

—Eso es todo por ahora —asintieron al unísono, y a continuación, emprendieron la retirada.

Con cierta intriga, rompí la parte superior del sobre y revisé su contenido. Como era de esperarse, este solo contenía una pequeña tira de papel con un breve mensaje escrito en ella:

"Estimado Chris:

Sé que eres alguien bastante ocupado, así que iré al grano: Necesito tu presencia en la base, es urgente. Por favor, dirígete hacia acá tan pronto como recibas este comunicado.

Greene."

Doblé la carta a la mitad y procedí a guardarla en el bolsillo trasero de mi pantalón. Inmediatamente, entré en el vehículo, lo encendí y conduje con rumbo a la autopista.

Debía tratarse de algo importante, puesto que últimamente las cosas habían estado muy raras en el interior de la base. Nos ordenaron aumentar la intensidad de entrenamiento, entregaron tantos uniformes de combate como les fue posible y duplicaron la seguridad en las entradas principales. Sin embargo, lo peor era que, aunque todos sabíamos que algo andaba mal, quienes estaban al mando se negaban a revelar más detalles al respecto.

Durante algunos minutos, me quedé atrapado en el medio de un tráfico interminable, pero finalmente, logré divisar mi objetivo a la distancia. Desesperado por llegar hasta allá, di varios cornetazos, y como por arte de magia, los autos empezaron a moverse. Aproveché esto para conducir a través de las dos manzanas restantes y estacionar frente al edificio correcto.

Rápidamente, me bajé del auto, caminé hacia la entrada del lugar y busqué en mi bolsillo la llave correcta. Al entrar, observé que estaba todo tan oscuro como de costumbre, así que me limité a caminar entre los montones de cajas apiladas para poder llegar hasta el ascensor, y una vez allí, pulsé el botón que llevaba hasta la última planta.

Luego de un par de minutos de ascenso, el aparato llegó a su destino y las puertas se abrieron de par en par. Comencé a tantear la pared para conseguir la entrada a la base y esto fue solo cuestión de segundos.

En seguida, parte de la pared se hundió bajo la palma de mi mano, dejando al descubierto la cabina con la que podía llegar a mi objetivo. Así que, sin darle muchas vueltas al asunto, me subí y esta comenzó el descenso.

Después de un buen rato contemplando el paisaje rocoso del interior de la tierra, llegué a la recepción, donde me esperaba el doctor Greene con una expresión de impaciencia en su rostro. Sin siquiera saludarme, se dio la vuelta y me condujo hacia el puesto de enfermería; cerró la puerta con llave y se sentó detrás del escritorio.

—¿A qué se debe tanto secretismo? —pregunté, un poco extrañado por su forma de actuar.

—No sé si lo hayas notado, Taylor, pero han estado ocurriendo cosas muy extrañas en la base, y creo que necesitas saberlo, al menos como advertencia.

—Parece que no soy el único en notarlo —sonreí—. ¿Qué has visto fuera de lo común?



Freider Korff

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Editado: 07.10.2019

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