Volver a Amar. #3

Capítulo 22.

 

Las cosas no pueden ir mejor. Mi vida dio un giro inesperadl al aceptar ser la novia de Cayden. Todo está saliendo completamente bien y hasta creo que él es mi amuleto de buena suerte, en el colegio las burlas terminaron y como si eso fuese poco al fin expulsaron a Diana lo que significó que sus amigas tuvieron que seguirle el paso, un camino distinto al mío. 


Mis tardes tristes y desoladas pasaron a ser tardes entre risas y cariños, gracias a mis amigos y en especial Cayden Harrison. 


Danielle quedo maravillada al enterarse de que soy novia de Cayden. Lo malo fue la charla que tuvimos sin él. Me dijo que debía decirle la verdad. 


Lo cual no puedo hacer... no es tan fácil. 


Ella entendió eso, pero me dijo que debía decírselo cuando me sienta segura pero no sé. 


Todo va bien. ¿Por qué debería arruinarlo todo? Nunca fui egoísta siempre pienso en los demás y en el daño que les puedo causar. 


Mis reglas eran fáciles. 


No encariñarme con nadie aparte de Cindy. 


Y mis padres. 


Pero todo se fue a la mierda cuando mi papá falleció, luego mi madre termina suicidándose, conozco a mi tía la con la cual termine mudándome, aparece Cayden para cambiarlo todo, Cameron, Danielle, Jake y Nathan se vuelven personas importantes en mi vida y como dije anteriormente, mis reglas se van a la mierda. Sé que si algo me sucede... ellos sufrirán las consecuencias pero no quiero apartarme como lo hago siempre. 


Estoy cansada de eso. 


Estoy cansada de huir. 


—Tía enserio no debes preocuparte —Dije por milésima vez—. Yo estaré bien sola. 


Ella se cruzó de brazos indecisa. 


—No quiero dejarte sola, el viaje es de cuatro días Geraldine. 


—Sé cuidarme sola. 


—Lo sé  —Se acerca para abrazarme—, pero igual me preocupas. 


Mi tía tenía ojeras debajo de sus ojos mieles, el trabajo le estaba estresando de una manera impresionante, debía ir a Londres con sus nuevos diseños para presentarse en una pasarela muy reconocida. 


—Estaré bien —Dije y ella se apartó para colocar bien mi cabello—. Además Cayden y Cindy de seguro no me dejaran sola. 


Me daba risa como ellos se peleaban para ganar mi atención. Me alegra saber que aunque finjan no caerse bien... se hicieron amigos. Cameron se ponía celoso porque Cayden discutía y a la vez hablaba civilizadamente con Cindy. 


Me puse a chillar al saber que Cameron sentía lo mismo que mi amiga. Solo que según él es demasiado rápido como para formar una relación con lo cual estuve de acuerdo. 


—Un chico en la casa... eso me deja tan tranquila —Dijo con sarcasmo. 


—No es cualquier chico es Cayden, mi novio —Ella suspiro—. Sabes que no pasara nada entre nosotros. 


Ella me miro con lástima. 


—Lo sé —Miró la hora en su celular—, ya me tengo que ir cielo mañana cuando desayunes por favor come algo nutritivo. 


Rodé los ojos. 


—De acuerdo. 


Me abrazo una última vez y se marchó al aeropuerto. Fui hasta la cocina y prepare la cena. Solo un poco ya que solo estaba sola, luego de cenar lave los platos y limpie la casa ya que no lo hice temprano. Cuando estuvo todo limpio fui a darme una ducha. 


Me puse un pijama liviano. Unos shorts a motas y una remera que Cayden se olvidó aquí luego de ensuciarla con pintura, para deleite de mis ojos pude ver su torso desnudo y eso fue asombroso. Me quedaba enorme pero eso jamás importo. Cuando voy a meterme a la cama oigo como tocan el timbre y frunzo el ceño. Suelto un suspiro y bajo las escaleras para ir a abrir la puerta. Ato mi cabello en una coleta, miro por la mirilla sorprendiendo al ver de quien se trata. 


Cayden. 


Frunzo el ceño y abro la puerta. 


—Hola muñeca —Dice y levanta un pote de helado y una bolsa donde claramente se ven las oreos—. Espero que hayas cenado traje el postre. 


Sonrío. 


—Eres el mejor. 


—Lo sé. 


—Y ya llego nuevamente el Cayden egocéntrico —Murmuro en tono burlón. 


Agarro una de las bolsas y luego con la mano libre agarro su mano para jalarlo hacia adentro, cierro la puerta y beso su mejilla. 


—Pensé que no vendrías hoy. 


Ambos caminamos hacia la sala donde dejamos las bolsas en la pequeña mesita.  


— ¿Y perderme la oportunidad de dormir con mi novia? —Abrí los ojos alarmada—. Es una broma tonta —Dice y se acerca para abrazarme—. Aunque si quieres... 


Quiero... Pero no puedo. 


—No seas tonto —Murmuro nerviosa. 


Él se ríe ajeno a mi nerviosismo. 


—Dame un beso —Dice apartándose—, creo que lo merezco. 


Frunzo los labios fingiendo pensarlo con seriedad, él no se aguanta y besa mi nariz, termino riendo. Me paro en puntillas y beso la comisura de sus labios, él sonríe. Está vez si beso sus labios y él rodea mi cintura con sus brazos. 


—El helado va a derretirse —Murmuro sobre su boca. 


—A la mierda el helado. 


Vuelve a besarme lo cual me alegra, pero dejando un beso casto en sus labios me suelto de su agarre, él gruñe. 


—No gruñas —Comento entre risas—, pareces un perro, un perrito adorable. 


—Muy chistosita. 


Sin parar de reír voy a la cocina por unos potes de helado y cucharas, cuando encuentro todo regreso a la sala me siento en el sofá junto a Cayden. 


—Esa camiseta se me hace familiar. 


Llevo mi vista hasta la camiseta de Cayden y me sonrojo. 


—Bueno, yo quería… es que —Muerdo el interior de mi mejilla—, me gusta usarlo, aunque la lave sigue teniendo tu aroma y me gusta. 


Bajo la mirada. Él no me lo permite por mucho tiempo ya que la levanta de manera delicada. 


—Y a mí me gusta tu aroma —Frunce el ceño—, no te avergüences muñeca solo soy yo. 


—Lo siento. 


Él sonríe y besa me mejilla. 


—Mejor ven y vamos a empalagarnos con esto. 


Me levanto para traer el pote, el helado y las oreos pero cuando intento sentarme en mi lugar Cayden me atrae hasta colocarme entre sus piernas. 


—Así está mejor —Dice y yo niego. Mi pulso está acelerado. 


Para Cayden esto debe ser algo normal pero para mí no lo es. 


Nunca. Pero nunca estuve así con un chico. Intento tranquilizarme y abro el pote. 


—Helado de vainilla —Digo contenta—, es mi favorito. 


—Lo sé —Me giro y beso sus labios castamente—, creo que vendré con helado de seguido. 


Suelto una risita. 


—Sí estoy enojada tráeme helado de vainilla y te perdono. 


—Lo tendré en cuenta —Dice y le sirvo una bola de helado en su tazón—. Pero no pienso discutir contigo. Eso sería estúpido. 


Parto en trocitos las oreos y las pongo encima de su helado. Se lo paso y vuelvo a repetir la acción. 


—Sí, realmente estúpido –Lleva el helado con galletitas a su boca. 


Una vez que tengo el mío me recuesto en su pecho y meto una cucharada en mi boca. Gimo. 


—Esto está delicioso. 


Él ríe y luego besa mi mejilla. Sus labios están fríos por los que mi piel se eriza. Tomamos todo y luego comimos las oreos. 


Cayde n hunto en su dedo un poco de helado que sobro en el pote y lo puso en mi nariz. 


— ¡Hey! —Digo riendo. 


Él me baja en el sofá y besa mi nariz y luego baja hasta mis labios. Sigo el beso y suelto un suspiro. 


El sabor a vainilla me vuelve loca y paso mis manos por su cuello. Cayden reacciona y me recuesta en el sofá. Me besa como si fuese la cosa más delicada del mundo y me dejo llevar. 


Besa repetidas veces mis labios y luego lo muerde levemente. 


Te quiero —Dice y mi vello se eriza. Es la primera vez que lo dice, siento que mi pulso va a estallar. 


Yo te quiero el doble, Cayden. 


Sonríe, besa mi mejilla y se quita de encima. 


—Bueno... es algo tarde y debo irme. 


Algo en mi pecho se oprime. No quiero que se vaya. 


—Es muy tarde —Digo apresurada—, ¿Porque no te quedas a dormir en el cuarto de mi tía? 


Él sonríe. 


—Acepto tu oferta. 


Nos levantamos y lo llevo arriba. Caminamos hacia hacía el cuarto de ella pero cuando quiero abrir la puerta no se abre. 


Frunzo el ceño. 


—Esta con llave —Hago una mueca. 


—Creo que deberé ir a casa. 


—Puedes dormir conmigo —Él arquea una ceja—, dormir Cayden. 


Me acerca a su cuerpo. 


—Eso me gusta más. 


Ruedo los ojos. Lo llevo hasta mi cuarto y voy al baño a cepillarme los dientes, limpio mi boca con la toalla y cuando salgo casi me da un infarto. Cayden estaba acostado en mi cama. Sin su camiseta. 


Sus brazos están detrás de su cabeza y trago saliva. 


—Ven —Dice, yo camino y casi tropiezo con mis propios pies. Él ríe. Su sonrisa hace que mi pecho se hinche. 


Entro a la cama nerviosa. 


—No estés nerviosa Geral —Me atrae a su pecho—, ya te dije que solo soy yo. 


Sonrío, beso su mejilla dos veces. 


—Buenas noches, Cayden. 


—Buenas noches, muñeca. 


Besa mi frente y cierro los ojos. Solo sé que duermo con una sonrisa pegada en el rostro. 

Como desearía volver el tiempo atrás. Cuando todo estaba bien. 



Mila Baez

Editado: 31.12.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar