Una Probadita

Autor: Elizabeth Pineda / Añadido: 01.03.18, 00:11:31

Cuadros de Esperanza

¡Ding, dong!

Leonor cerró de golpe el libro que estaba leyendo y escuchó con atención las campanadas del reloj, de nuevo se había quedado hasta tarde en la biblioteca.

— ¡Dios me ampare!—exclamó—, ya ha pasado el sereno, debo regresar inmediatamente.

Dejó el viejo ejemplar en la mesa de lectura y se dirigió a la puerta, sabía bien que no había nadie más en la biblioteca, excepto el viejo y carcomido Arthur. Se había comportado como todo un caballero al permitirle entrar en la biblioteca a una plebeya como ella. Esas eran el tipo de personas que le agradaban a Leonor, aunque nunca se lo dijo al viejo Arthur, temía que le llegara a considerar una amiga.

— ¡Señorita De Santi!—dijo mientras encendía el candil— ¿Aún sigue aquí? Creía que ya se había marchado.

—Mi señor Arthur; me he perdido entre las numerosas páginas del ensueño y la aventura.

— ¡Ah!, pero cuanta curiosidad. Me parece que intenta mitigar sus propias ansias ¿no es así?

—Señor, hay almas que nacieron para ser libres. Que pase buenas noches. No olvide tomar un poco de vino por bien de su salud.

—Esas cosas no pueden olvidarse—dijo riendo—. Que descanse.

Leonor salió presurosa hacia la pequeña habitación que rentaba y le servía de hogar, a ella y a Mina.

Entró despacio. Mina tenía el sueño muy ligero y no quería despertarla.

Se metió en el camisón en silencio y luego en la cama, tendría que madrugar al día siguiente para trabajar en la panadería.

—Hola Leonor—saludó Mina—. Llegas tarde.

— Mina, creí que dormías ¿Tienes problemas para dormir? Te prepararé un té

—No, estoy bien—dijo dándose la vuelta—. Cuéntame, ¿a dónde has viajado hoy?

—A un mundo maravilloso—contestó ansiosa—, Mina, ¡fue fantástico!, un valiente caballero creó una máquina capaz de materializar la comida de las pinturas, acabó así con el hambre en el mundo, ¡es grandioso! Al principio todos lo tomaron por loco y rebelde, pero finalmente admitieron su error.

— ¡Oh, Leonor! A veces creo que piensas que eso puede ser real. No debes figurarte que esas cosas puedan suceder, te harían mucho daño.

Leonor suspiró, ya sabía que Mina no era como ella, a veces, incluso, hasta le daba pena, pero ya le demostraría que eso podría ser real; una máquina así, ¡ayudaría a muchas personas! Sin decir más, sopló la vela, oró a Dios agradeciéndole sus bondades y se durmió.

Al día siguiente, se levantó antes que Mina. Inclusive, prescindió de ir a trabajar a la panadería.

Fue a la biblioteca y sacó a hurtadillas el libro que había estado leyendo, ahí estaban los planos de la máquina. Lo tomó y huyó con él. Los materiales no eran difíciles de encontrar, lo complicado fue armarlos en su sitio, pero finalmente lo consiguió. Corrió a traer las pinturas que ella misma había hecho, las colocó en medio de las perillas eléctricas y giró repetidas veces la palanca.

Las perillas soltaron chispas, que luego crecieron hasta generar un estable hilo de electricidad que rodeó la pintura. Continuó dándole vueltas hasta que ¡zaz! Algo tronó en la máquina y todo quedó a oscuras. Encendió la lámpara de queroseno y la acercó a la mesa que estaba frente a su máquina. Ahí, ante sus ojos, estaba una hermosa y rojiza manzana, finalmente había encontrado la manera de acabar con el hambre del mundo. Se preguntó que más podría hacer. No dudó en sacar la pintura que había hecho de su hermana, misma que no había visto desde hacía once años, quería verla de nuevo.

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