×0: El poder de ser nadie.

2.13 – El robot que no lo era.

Mientras tanto...

Dentro del taller improvisado, el aire está saturado de metal caliente y aceite viejo. Piezas sueltas, cables pelados y herramientas mal acomodadas cubren cada superficie disponible, como si el lugar hubiera sobrevivido —por poco— a una explosión reciente.

En medio del caos, un chico de cabello castaño y completamente despeinado —en un estado que sugiere experiencia previa con detonaciones— ajusta con cuidado los últimos tornillos de un pequeño robot.

—Muy bien, hermana Maurah —dice, conteniendo la emoción con dificultad—. Ya puedes activar el programa.

A su lado, una chica de la misma edad, también castaña, pero con el cabello recogido en una coleta perfectamente ordenada, asiente con cautela. Sus dedos se mueven con precisión nerviosa sobre una pantalla táctil conectada al robot.

Ambos dan un paso atrás. Y otro. Se miran, como si esperaran una tragedia inevitable.

El robot titubea. Sus luces parpadean de forma errática… y luego, con una voz metálica sorprendentemente amable, habla:

—Hola.

Por un segundo, el silencio se adueña del taller. Entonces, los mellizos estallan en celebración.

—¡Funciona!
—¡Por fin! ¡Nuestro primer robot funcional!

Saltan, chocan las manos y dan una vuelta torpe alrededor del artefacto.

De pronto, Chanor se detiene en seco.

—Espera —dice, levantando un dedo—. Debemos comprobar si realmente resultó.

Maurah parpadea y luego asiente con seriedad.

—Tienes razón.

La euforia apenas dura unos segundos antes de que Chanor se acerque al robot con curiosidad científica.

—Dime —pregunta con entusiasmo—, ¿sabes cuál es tu nombre?

El robot gira la cabeza con un pequeño clic mecánico.

—Buenos días.

Chanor parpadea. Sigue sonriendo… pero la ilusión ya tiene una grieta.

—Eh… no. A ver, intentemos algo sencillo —se aclara la garganta—. ¿Cuál es la raíz cuadrada de dieciséis?

El robot procesa la información durante un momento.

—Saludos.

—¿Qué? —la sonrisa de Chanor desaparece de golpe.

Maurah frunce el ceño y revisa la pantalla táctil.

—Tal vez no entendió la pregunta. Intenta de nuevo.

Chanor duda un segundo. Algo empieza a cuadrarle mal.

—Mira… —murmura—. Estamos en un sitio elitista y supremacista. Tal vez responde mejor a referencias culturales “aprobadas”.

Maurah alza la vista de inmediato.

—Pero no estamos conectados a la red de la Academia.

Chanor sonríe, convencido de su lógica.

—Exacto. Por eso hay que preguntarle algo básico. Algo que todo exteriano especial debería saber.

Se inclina hacia el robot.

—¿Quién es el fundador de Exter?

El robot ladea la cabeza.

—Bienvenidos.

El tic en la ceja de Chanor aparece.

—…

Maurah empieza a retroceder lentamente.

—Oye… solo no le vayas a decir cosas malas.

Chanor se rasca la cabeza, forzando una sonrisa que ya no puede sostener.

—Tranquila, hermana. Solo le voy a explicar que es un—

Se inclina un poco más.

—¡Estúpido robot que solo sirve para saludar! ¡Vamos, di otra cosa más!

El robot queda en silencio. Sus luces titilan, como si su sistema interno intentara procesar una nueva forma de existir.

Después de unos segundos, habla:

—Buenas noches.

Y explota.

El humo llena el taller.

Cuando se disipa, Chanor está sentado en el suelo, cubierto de hollín, con el cabello aún más despeinado que antes y los brazos extendidos como si aceptara su destino.

—¡¡¿POR QUÉ TODO LO QUE INVENTO EXPLOTA?!!

Maurah suspira y se arrodilla a su lado, dándole unas palmaditas torpes en la espalda.

—No te preocupes, hermano Chanor… Al menos tú tienes las agallas de mostrar tus inventos sin miedo —desvía la mirada al suelo—. Yo, en cambio, sufro de pánico escénico. Incluyéndote a ti.

Chanor suspira también, derrotado.

—Bueno… por lo menos el robot se despidió antes de explotar. Eso es algo, ¿no?

Pero la frustración de ambos no viene solo del fallo. Saben lo que sigue. Otra prueba fallida. Otra burla. Otra mirada condescendiente de los exterianos especiales que creen que ellos no pertenecen allí.

No son especiales. Y lo saben perfectamente.

Entonces, un sonido los saca de sus pensamientos. La puerta del taller se abre con un leve chirrido.



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En el texto hay: humor, identidad, vida escolar.

Editado: 24.04.2026

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