El grupo de Rehzah avanza por los pasillos laterales con una disciplina que, desde lejos, parece elegante.
Desde cerca, es claramente una huida organizada con pretensiones académicas.
Bruma va en el centro. No porque lo haya pedido.
Porque alguien decidió que ahí se ve mejor.
—No puedo creer que no estén persiguiendo —murmura Sayrah, mirando atrás cada tres pasos—. Eso me preocupa. Cuando el combate estelar no corre… algo está mal.
—No tenemos alternativa —dice Thalyh, seca—. Me queda energía para una sola orden más. Y no pienso desperdiciarla en drama.
—¡Pero estaremos bien! —dice Klyver, chisporroteando como si fuera decoración navideña ilegal—. ¡La señorita Rehzah siempre tiene un plan!
Rehzah no responde.
Eso cuenta como afirmación.
—Meirah —ordena sin girar el rostro—. Una botella de agua para Sabaeh.
—¿Pequeña? ¿Mediana? ¿Con etiqueta artística? —pregunta Meirah ya dibujando.
—Funcional.
—Qué poco poético.
El dibujo se materializa. Sabaeh recibe la botella… casi la deja caer… pero la recupera.
—Estuvo cerca.
Corren.
No como héroes.
Como estudiantes que no quieren llegar tarde a algo que todavía no entienden.
—¿La enfermería es un sendero? —pregunta Bruma.
—Es temporal —responde Rehzah—. No preguntes. Te evalúan.
Bruma asiente.
Procesa.
—¿Para qué puesto?
Silencio.
Klyver casi tropieza.
Sayrah finge no haber escuchado.
Rehzah da un paso ligeramente más largo.
Nadie responde.
Porque nadie sabe.
O porque la pregunta es incómoda.
El séquito se redistribuye.
No por orden verbal.
Por ansiedad compartida.
Druyr avanza al frente desplegando agujas solares… no para atacar, sino para “marcar territorio” como si el pasillo necesitara saber quién manda.
Zanor recalcula rutas en voz baja.
—Si Klyver deja de vibrar como generador defectuoso, ganamos tres segundos.
—¡Es entusiasmo estratégico! —responde él.
Vehnor toca paredes como si el edificio estuviera susurrándole chismes del pasado.
Ryneh inclina la cabeza.
—Nos escuchan.
—Lo sé —responde Rehzah.
Se detiene.
No suspira.
Pero el pasillo sí.
—Nos alcanzaron.
No es advertencia.
Es diagnóstico clínico.
Drayr aparece primero.
No entra al pasillo.
Lo reclama.
Detrás llegan Mykr, Kruor y Feyrh. No en formación.
En competencia.
—¿Sigues sin reaccionar? —dice Drayr mirando a Bruma—. Qué poco colaborador.
—¿Colaborar en qué? —pregunta Bruma.
Nadie responde.
Feyrh da un paso adelante, ardiendo.
—¡Yo lo vi primero!
Kruor se expande como pelota exteriana.
—Yo solo quiero probar presión estructural.
Mykr levanta una placa de luz, la quiebra con placer técnico.
—Yo quiero saber si sangra.
—Yo quiero inclinarlo un poco y ver cuánto tarda en romperse —añade Drayr.
—Estoy aquí como testigo científico —dice Kruor, recuperando forma.
—Yo solo quiero sangre —repite Mykr, como si estuviera probando un eslogan.
Bruma inclina la cabeza.
—¿Romperme?
Feyrh señala.
—¡Eso! ¡Eso es lo que quiero ver!
—¿Qué? —pregunta Bruma.
—¡Si eres fraude!
—¿Fraude de qué?
Discusión.
Se empujan.
Se pisan.
Drayr aparta a Mykr con el codo.
Mykr apuñala a Kruor por accidente.
—¡Oye!
—Error de cálculo.
—¡Estoy aquí para observar!
Rehzah observa el espectáculo con una calma que no es calma. Es cálculo conteniendo irritación.
—Esto corresponde al Sendero de Conocimiento Ancestral —declara.
—¿Para archivarlo? —se burla Feyrh.
—Para entenderlo —corrige Rehzah.
—¡Yo lo entenderé con un golpe! —dice Feyrh.
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Editado: 20.02.2026