1. Oscuros: el libro prohibido

Capítulo 5

Tras la repentina desaparición de Luke, el silencio volvió a adueñarse de la cocina de la Academia. Jane salió al pasillo sosteniendo una manzana verde, cuya piel brillante contrastaba con la palidez de sus dedos. Aunque los de su especie solían despreciar el sustento mortal, ella sentía una afinidad extraña por esa fruta: ácida, firme y, a menudo, agria por dentro. Justo como se sentía ella misma.

De pronto, una fuerza invisible y magnética la golpeó. La manzana escapó de su mano, rodando por el suelo de piedra, mientras una fragancia floral, densa y empalagosa, invadía sus sentidos. Jane no necesitó girarse para saber quién la acechaba; el aura de resentimiento de Wila era tan reconocible como su perfume. Jane soltó una risa seca e irónica. Wila vivía atrapada en la mentira que ella y Luke acababan de montar, y esa ignorancia la hacía parecer patética.

Jane se agachó para recoger la fruta, pero antes de tocarla, unos brazos delgados pero fuertes la rodearon por el abdomen, apretando con una saña que buscaba expulsar el aire de sus pulmones. Jane reaccionó por puro instinto: echó la cabeza hacia atrás con violencia, impactando contra el rostro de su atacante. El agarre se aflojó de inmediato.

Jane se giró, jadeando mientras recuperaba el aliento, y observó a Wila en el suelo. La demonio de alta alcurnia, siempre impecable con su uniforme de gala, ahora mostraba un rictus de dolor. Jane alzó una ceja, esperando un segundo ataque, sabiendo que en un combate cuerpo a cuerpo ella llevaba las de perder, a menos que lograra alcanzar un arma. Pero lo que vio la dejó gélida.

Los ojos de Wila no ardían en furia; estaban cristalizados. Dos lágrimas gruesas se deslizaron por sus mejillas, rompiendo la máscara de frialdad que todos los demonios estaban obligados a portar.

—¿Qué te pasa, Wila? —preguntó Jane. Su tono, que pretendía ser mordaz, se tiñó de una preocupación involuntaria.

—No encuentro a mi hermana —sollozó Wila, ignorando el orgullo—. Ella siempre me llama al salir de sus lecciones. Me prometió que lo haría... y hay silencio. Fui a buscar a Luke para pedirle ayuda, pero estaba demasiado ocupado... contigo.

Jane se mordió el labio. El peso de la farsa que habían interpretado en la cocina ahora se sentía como una piedra en el estómago. Ver a Wila así, vulnerable y rota, le hizo comprender que algo mucho más oscuro que un simple desamor estaba ocurriendo en las sombras de la Academia.

—¿Cómo se llama tu hermana? —preguntó Jane, dando un paso hacia ella.

Wila abrió la boca para responder, pero el aire se volvió pesado y eléctrico. Luke apareció de la nada, con esa sonrisa radiante que parecía iluminar los rincones más lúgubres del pasillo. Al verlo, Wila se secó las lágrimas con brusquedad, recuperó su compostura de mármol y se alejó a trote rápido, perdiéndose en la oscuridad del corredor sin decir una sola palabra.

Jane se cruzó de brazos y clavó su mirada en Luke.

—¿Qué haces aquí? Creí que tenías asuntos importantes, como siempre —dijo ella con un toque de reproche juguetón.

—No debí dejarte sola —susurró él, acercándose—. Pero mi padre llegó de improviso. Ya sabes cómo son... y bueno, ya conociste a mi madre.

Luke era lo que en el mundo humano llamarían un "hijo de mamá". Seguía las órdenes de su progenitora sin cuestionarlas, casi con devoción. En su mundo, se decía que la madre de Luke había recibido la bendición de Elif, la entidad mística encargada de repartir la sabiduría entre los demonios. Pero Jane sabía que esa sabiduría nunca era gratuita; siempre exigía un sacrificio terrible a cambio.

—Luke, deberías decirles la verdad —sentenció Jane—. Dile a tu madre y a todo el consejo que solo somos amigos. Esta mentira se nos va a escapar de las manos.

—Lo haré —prometió él con un brillo de diversión en los ojos—. De hecho, mi madre ha organizado una cena... una fiesta para ambos. Está convencida de que somos algo más. Y Jane, estás invitada.

Jane rodó los ojos sin poder creer la tontera que acababa de escuchar.

—¿Estás loco? No pienso ir a una cena formal a kilómetros de aquí —protestó ella, negando con la cabeza.

—Por favor, ven. Es la oportunidad perfecta para aclarar todo frente a ellos. Si no vas, el rumor se convertirá en ley —Luke la miró con una súplica que ella no pudo rechazar—. Solo necesito que vayas elegante. Ya conoces los estereotipos de mi familia; si no pareces una dama de linaje, creerán que me he enamorado de una frazada.

Jane frunció el entrecejo ante el comentario, preguntándose si había sido un insulto accidental o una indirecta sobre su falta de sofisticación. Antes de que pudiera replicar, los padres de Luke aparecieron al final del pasillo. Instantáneamente, Luke rodeó la cintura de Jane, pegándola a su cuerpo en un abrazo posesivo. Jane tragó saliva, sintiéndose atrapada entre la farsa y la realidad.

—Buenas noches —saludaron los adultos con sonrisas que no llegaban a sus ojos.

—Iremos a la cena —anunció Luke con firmeza—. Allí lo aclararemos todo.

Los padres asintieron, satisfechos, y se retiraron. En cuanto estuvieron solos, Luke alzó a Jane en el aire, dándole un par de vueltas mientras ella reía a pesar de sí misma. Sus manos buscaron refugio en la nuca de él, y por un segundo, el tiempo se detuvo. Luke dejó de girar y la bajó lentamente, quedando a escasos centímetros de su rostro. Su sonrisa se desvaneció, reemplazada por una intensidad que hizo que Jane se pusiera nerviosa.

—Nos vemos en la cena —soltó ella abruptamente, rompiendo el contacto y retrocediendo hacia las sombras.

Jane solo pudo hacer una cosa: se escabulló hacia su habitación, con el corazón acelerado y la mente llena de dudas. El nombre de la hermana de Wila seguía pendiente en el aire, y el presentimiento de que "Erica" y la desaparición de la que hablaba Wila estaban conectadas era una sombra que no la dejaba en paz. La cena no sería para aclarar mentiras; sería el comienzo de una verdad que quizá ninguno de los dos estaba preparado para enfrentar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.