Se sentaron sobre la cama de Luke, hundiéndose en aquel edredón cuyo tejido era tan familiar para Jane que se sentía como una segunda piel. Ella intentó usar su energía para cerrar las heridas de él, pero Luke se curó solo; su naturaleza demoníaca regeneró su carne con una velocidad aterradora, dejando tras de sí solo el brillo de la sangre seca. Jane lo observó en silencio. El rostro de Luke, aunque restaurado, cargaba con un agobio que ninguna magia podría borrar.
—Soy un Oscuro, Jane —confesó él al fin, con la voz rota—. El único de mi familia. Tengo un hermano, Óscar, que está atrapado en los niveles más profundos del Infierno. Mis padres lo quieren de vuelta a cualquier precio. Mi madre ha sacrificado su propia cordura y sabiduría por él... y yo soy el instrumento para sacarlo.
Jane sintió un escalofrío.
Nada de lo que estaba escuchando tenía el suficiente sentido para asimilarlo.
—Por eso el libro... —susurró ella—. Pero no puedes hacerlo tú. El ritual requiere un catalizador diferente.
—Exacto. El hechizo demanda la pureza corrompida. Ya usé la sangre de dos niñas demonio: Erica y otra más —Luke bajó la mirada, incapaz de sostener la de Jane—. Tengo la Gracia y el corazón del ángel que mataste. Solo falta un ingrediente fundamental.
—Leí ese libro, Luke. Sé lo que pide —respondió Jane, sintiendo una mezcla de náuseas y furia—. No tienes que hacerlo. Dile que no a tus padres. Mataste a una inocente, ¿qué más pretendes? ¡Deja de ser su títere por una vez en tu vida!
Hubo un silencio en la habitación, uno cargado de algo imposible.
—Si no lo hago, Jane, yo seré el siguiente ingrediente —rugió él, antes de que su voz se tornara en un ruego desesperado—. Tienes que irte. Mis padres dominan el "Lin" mejor que nadie. Vete, busca a Lionel... él es el único que puede protegerte ahora.
Antes de que Jane pudiera protestar, Luke activó su poder. Con un movimiento más rápido y violento de lo habitual, la lanzó a través del espacio.
Jane apareció de nuevo en la iglesia abandonada. Lionel estaba allí, observando las ruinas con una sonrisa lánguida que resultaba exasperante dada la gravedad de la situación.
—¿Ya te contó su pequeño secreto? —preguntó el ángel sin darse la vuelta.
—Me ayudará a detenerlo —sentenció Jane, tomándolo de la mano con una fuerza que no aceptaba un no por respuesta—. Si traen a un demonio del foso, los ángeles vendrán a cazarlo y matarán a cualquiera que se cruce en su camino.
Con un esfuerzo conjunto, se teletransportaron de regreso a la habitación de Luke. El encuentro fue tenso. Luke miró a Lionel con desconfianza, pero también con una extraña resignación.
—Mis padres ya han matado para conseguir esto —dijo Luke, con los ojos empañados—. Mi madre recibió su "sabiduría" a cambio de algo que me aterra descubrir.
Una risita resonó en la habitación.
—No habrá más muertes, y Óscar se quedará donde está —sentenció Lionel—. Hay una forma de contrastar el hechizo, pero es un camino de sangre.
—¿Los ángeles aman la sangre o qué? —espetó Jane, rodando los ojos ante la ironía de seres de luz exigiendo sacrificios.
—No es amor, es moneda de cambio —respondió Lionel con seriedad.
El grupo salió al jardín de la Academia, donde la bruma comenzaba a espesarse. Allí encontraron a Wila, quien dejaba caer una rosa roja sobre la tierra removida, en memoria de su hermana Erica. El corazón de Jane se partió al verla. De pronto, un aroma familiar, una mezcla de colonia cítrica y aire fresco, inundó sus sentidos.
—¿Max? —susurró Jane, volviéndose hacia la sombra que emergía de entre los árboles.
Su hermano estaba allí, vivo y sólido, pero sus ojos estaban fijos en Luke con una hostilidad gélida.
—¿Qué hizo este amigo tuyo, Jane? —preguntó Max, ignorando el abrazo de su hermana—. Si tú no detienes esta locura, lo haré yo a mi manera. Y créeme, no querrás ver lo que le haré a este mocoso.
Subieron todos a la habitación de Luke: un demonio Oscuro, un ángel caído, un hermano retornado y Jane. El silencio se volvió asfixiante cuando Max y Lionel se cruzaron de brazos, intercambiando una mirada de reconocimiento.
—Lio, tanto tiempo —dijo Max con una voz carente de emoción.
—¿Se conocen? —Jane alzó ambas cejas, sintiéndose como una extraña en su propia historia.
—Lo rescaté del Infierno, Jane —explicó Lionel—. Tu hermano sabe exactamente lo que hay al otro lado.
Tal vez, el hermano de Jane sabía lo que había del otro lado, pero ella no tenía ni la menor idea.
—Hay que detener lo que tu amiguito empezó —sentenció Max, señalando a Luke.
Luke asintió, mirando a Lionel con una complicidad que hizo que Jane se sintiera excluida. Había un plan formándose, uno que ellos discutían con miradas y gestos rápidos, ignorándola por completo.
—No dejaré que eso suceda —insistió Max ante una propuesta silenciosa de Luke.
—Es la única forma —replicó el demonio.
—¡He dicho que no!
—¡Basta! —exclamó Jane, alzando la voz—. Sigo aquí. ¡Alguien me va a contar qué está pasando de una maldita vez! ¿Estoy metida en este plan o soy solo un espectador?
Los tres hombres se detuvieron. Luke miró a Jane con una expresión indescifrable, una mezcla de ternura, culpa y una resolución que le heló la sangre. Lionel suspiró, frotándose las sienes, mientras Max negaba con la cabeza, apretando los puños.
—Resulta que... —comenzó Lionel, dando un paso hacia Jane— para anular un hechizo de sangre de un Oscuro, no basta con voluntad. Se necesita un sacrificio de la misma línea de sangre, pero invertida. Jane, el ingrediente que falta para que los padres tengan éxito... no es Luke.