Óscar Rose caminaba por los pasillos de la mansión con la elegancia de un animal herido. El "XTRIO", esa sustancia viscosa y potente que solo los demonios de alto rango se atrevían a consumir en exceso, quemaba en sus venas como lava helada. El alcohol y él mantenían la única relación estable de su existencia; una alianza mágica y perfecta que, a diferencia de sus padres o su linaje, jamás lo había abandonado. Para seres como él, que habitaban en la periferia del afecto, el olvido líquido era el único hogar posible. Bebían hasta que el "alma" se silenciaba o hasta que el mundo dejaba de doler.
Se tambaleó cerca de la habitación de su "pequeño hermanito", Luke. Una sonrisa amarga se dibujó en su rostro. Luke siempre había sido el hijo del diablo, el niño que intentas alejar, pero que siempre regresa con esa luz de mártir que Óscar tanto detestaba. Sabía la verdad que Luke ignoraba: sus padres lo habían concebido solo como una pieza de repuesto, un seguro de vida para salvar al primogénito. Luke no era un hijo; era un banco de órganos espirituales, una carga necesaria para todos... excepto para su sombra constante, la huerfanita Mitchell.
Hablando del diablo, la puerta se abrió de par en par.
—Hola, Jane —masculló Óscar. Mordió la punta de su lengua, dejando que una gota de sangre oscura asomara, y soltó una carcajada seca que vibró en el pasillo polvoriento.
Jane lo miró fijamente. Óscar notó que las pupilas de la chica estaban completamente dilatadas, orbes negros que devoraban el color café de su iris. Se preguntó por un segundo si era el efecto de su propia presencia o algún truco sucio del "pequeño príncipe" Rose.
—Óscar... —susurró ella, con un tono que mezclaba el asco con la cautela.
—¡Óscar! —Luke salió de la habitación. En su rostro se instaló esa sonrisa de suficiencia que Óscar deseaba borrar a golpes.
—Luke Harper Rose —dijo el mayor, concentrando sus facultades nubladas en su hermano—. El milagro de la familia.
—¿Qué haces aquí? —Los ojos azules de Luke, brillantes y autoritarios, se clavaron en los verdes de Óscar.
Óscar se encogió de hombros con una desidia estudiada. Puso una mueca burlona, similar a la cara de un pato, y luego negó con la cabeza entre risas espasmódicas.
—¿Estás ebrio otra vez? —La voz de Luke, cargada de esa madurez fingida, irritó los nervios de Óscar.
—¿Acaso necesito estar sobrio para ser feliz en esta casa de locos? —le espetó, guiñándole un ojo con una malicia eléctrica.
—No lo sé, dímelo tú —respondió Luke, endureciendo el tono, tratando de sonar como el hombre de la casa.
—¿Y qué si lo estuviera? Soy mayor de edad y no estoy desafiando a nadie... ¿o sí? —Óscar dio un paso hacia adelante, invadiendo el espacio personal de su hermano.
Luke no retrocedió. En un gesto posesivo, tomó la mano de Jane, entrelazando sus dedos con los de ella. Óscar sintió una punzada de envidia que casi le devuelve el sobrio. Al entrar a la habitación, su ceño se frunció al divisar a Lionel, aquel supuesto "ángel del Señor" que lo había rescatado del foso solo por mandato divino.
Claro, por amor al prójimo, pensó con sarcasmo.
Los ojos verdes de Óscar se posaron en Lionel. El ángel vestía una camisa a cuadros que combinaba con una pulcritud irritante con sus pantalones oscuros. Parecía demasiado limpio para un mundo tan sucio.
—¿Y tú qué haces aquí, plumas? —preguntó Óscar con desprecio.
—Nada —respondió Lionel con una calma celestial—. Solo te observo.
Antes de que Óscar pudiera lanzar un insulto, Lionel se desvaneció en un parpadeo de luz estática. Se había teletransportado, dejándolos con el sabor amargo de su juicio silencioso.
Óscar decidió que ya había tenido suficiente drama familiar por una noche. Necesitaba ruido, carne y desesperación. Se dio la vuelta para buscar el bar más cercano de Mataderos, donde las mujeres humanas y los demonios menores buscaban tratos desesperados. Esas eran las mejores presas: no hacían preguntas, entregaban lo que fuera por un momento de poder o placer, y al final, dejaban sus almas sucias sobre la mesa. Y para un Rose, un alma sucia siempre valía más que una redención barata.