1. Oscuros: el libro prohibido

Capítulo 55

Cuando Jane dejó de sentir la presión de las manos de Jeremy, un vacío gélido se instaló en su pecho. Aquellas manos, grandes y callosas, poseían una fuerza que no era solo física; eran el símbolo de un poder absoluto que la caracterizaba a la perfección: el dominio del Rey sobre su súbdita más rebelde.

Por unos instantes, el corazón de Jane pareció detenerse, suspendido en una nota de pavor puro. La realidad se había vuelto un mecanismo fuera de control; siempre sucedían cosas malas, tragedias en cadena que ni siquiera su magia —aquella que una vez creyó omnipotente— podía mitigar.

Esa incertidumbre la devoraba. Había estudiado a la sociedad, las estructuras de poder y las teorías del control social, pero estar allí, de rodillas sobre la piedra húmeda, la hacía dudar de todo lo que creía conocer. Se sentía segura de su miedo, pero terriblemente insegura de las acciones de Jeremy.

En el "mundo mágico", la identidad no era una cuestión existencial de café y libros; era una moneda de supervivencia. Si no sabías quién eras realmente, no eras nada. Podías ser una bruja con el poder de mover montañas, pero sin una raíz de identidad, eras un residuo del sistema, una anomalía que el mundo acabaría por desechar.

—No hay manera de volver el tiempo atrás... ¿o quizás sí? —se preguntó en un susurro mental, mientras el eco de sus propios pecados la asfixiaba.

Se sentía como un fantasma, una presencia ausente que solo un grupo selecto de personas podía percibir.

Había fallado.

Mientras sus amigos estaban encerrados en celdas putrefactas, solos y desamparados, ella había estado jugando a ser la arquitecta de una felicidad ficticia. Pero esta vez sería diferente. No habría más egoísmo. Estaba dispuesta a redimirse, a ser el escudo de los Rose aunque eso significara despertar violentamente de aquel sueño que se había transformado en una pesadilla lúcida.

Hacía una eternidad que Jane no soñaba de verdad.

Desde que alteró el tejido de la realidad, el sueño natural la había abandonado. Extrañaba crear mundos paralelos donde el deseo no tuviera consecuencias sangrientas; extrañaba la magia inocente de la almohada. Esa era otra de sus pocas certezas: estaba vacía de sueños.

—Andando —ordenó Jeremy, quebrando el silencio de la mazmorra.

Hizo una pausa breve, quizás para llenar sus pulmones con el aire cargado de ozono o para saborear su victoria.

Jane intentó sondear su mente, pero Jeremy había levantado una barrera mental de acero y espinas, un bloqueo que ni siquiera una bruja de su calibre podía penetrar.

—Sabes que harás lo que yo quiera, así que vienes —continuó él, con el ceño fruncido y una mirada depredadora que parecía buscar el rastro de cualquier traición en los ojos de Jane—. No quiero oír nada salir de tus labios. Ni un susurro, ni una queja. No te doy permiso de decir una sola palabra hasta que yo lo decida.

Jane permaneció muda. El silencio era ahora su única vestimenta.

—¡Ven! —exclamó él con un tono dominante, la voz de un monarca que no admite réplicas.

Jane asintió con la cabeza gacha y se levantó con cuidado, sintiendo sus músculos entumecidos. Trató de urdir un plan, una chispa de ingenio para acabar con él en un abrir y cerrar de ojos, pero la realidad la golpeó: sus poderes estaban bloqueados.

En ese sector del palacio, las leyes del pasado prohibían el uso de magia a quienes habían corrompido el orden, y ella era la principal transgresora. No era más que una "simple bruja" que había arruinado el destino de todos.

Comenzó a caminar detrás de él, pero Jeremy se detuvo en seco con tal rapidez que Jane terminó chocando contra su espalda firme. El impacto le hizo dar un paso atrás, asustada.

—No, no caminaras —sentenció Jeremy, girándose para mirarla con un desprecio infinito—. Caminar es para los que tienen dignidad. Tú te arrastrarás. Te arrastrarás como la serpiente que eres, porque eso eres: una maldita serpiente del infierno que se deslizó en mi paraíso para pudrirlo todo.

El Rey señaló el suelo sucio y disparejo de la mazmorra.

A lo lejos, Jane pudo ver la silueta de Olivia, quien observaba la escena con una sonrisa macabra, sosteniendo aún el cuchillo de jacaranda cerca de la garganta de un Luke que luchaba por no gritar de rabia al ver la humillación de Jane. El drama estaba servido, y la redención de la joven bruja empezaba en el polvo, bajo las botas del hombre que ahora poseía su libertad.

El silencio en la mazmorra se volvió denso, casi sólido, cargado con el olor metálico de la sangre y el aroma agrio del encierro. Jane no pudo evitar fruncir el ceño, una mueca de incredulidad y asco que se profundizó ante la orden de Jeremy. No esperaba aquella degradación. En su mente, todavía existía la chispa de la bruja que creía poder negociar, la joven que esperaba que el Rey procesara la información de su entrega y le permitiera actuar para salvar a los suyos. Pero la realidad del "mundo mágico" era un martillo que aplastaba cualquier rastro de lógica humana.

—¿Qué esperas? —preguntó Jeremy, su voz descendiendo a un susurro gélido mientras se colocaba a su lado. Con un movimiento brusco y carente de toda humanidad, hundió sus dedos en la cabellera de Jane, tirando de ella hacia atrás—. Te he dicho que no me mires. ¿Acaso tus oídos también están bloqueados, o es que tu arrogancia no te permite obedecer?

Jane soltó un jadeo ahogado, obligada a bajar la mirada hacia el suelo de piedra irregular. No tuvo otra opción que acatar. Se agachó con cuidado sobre la superficie sucia, humedecida por un líquido viscoso de procedencia dudosa que se filtraba entre las grietas.

Comenzó a avanzar de rodillas, con los músculos tensos y el corazón galopando contra sus costillas, mientras Jeremy iniciaba una marcha lenta y triunfal. Él caminaba con la barbilla en alto, la mirada puesta en el techo abovedado como si estuviera contando sus victorias, poseedor de esa forma de pensar errática y despótica que solo él y su hermana, Tamara, compartían.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.