1. Solo contigo

6. El pelotazo.

Kyle:

Puede que Jack Alvar sea la mejor universidad del país, pero, sin duda, los estudiantes de Milton Black saben cómo montar una fiesta. Solo llevamos diez minutos aquí y ya nos han ofrecido de todo, y cuando digo de todo, no solo me refiero a comida y bebida, sino también marihuana y no sé cuanta basura más. Ah, no puedo olvidar las mujeres, ellas se ofrecen en bandeja de plata.

Ninguno de nosotros acepta nada, solo una cerveza, pues no nos metemos ninguna de esas porquerías y las mujeres podemos buscárnoslas solitos. Por suerte, no tenemos problemas con ese particular.

Termino mi bebida y dejo la lata en una esquina donde están apiladas todas las demás. Maikol me sigue, Zion se terminó la suya hace unos minutos.

—Hola, ustedes son los nuevos, ¿verdad? —Un tío delgado, con aretes y ojos marrones, se acerca y nos ofrece una cerveza a cada uno, que no dudamos en aceptar—. Soy Hugo, he organizado gran parte de la fiesta.

—Mucho gusto, soy Maikol y estos son mis amigos, Kyle y Zion —dice mientras le tiende la mano. Hugo se la recibe con entusiasmo—. Y sí, somos nuevos.

—Un placer. Cualquier cosa que necesiten, no duden en preguntar.

—Gracias —digo.

La mirada de Hugo se desvía a algo tras nosotros y, en un segundo, su rostro se ilumina.

—Llegaron.

—¿Quiénes? —preguntamos los tres, al mismo tiempo que nos volteamos.

—Las tres chicas más populares de la universidad. Las Triple A.

No sé quiénes son las Triple A, pero me voy haciendo una idea cuando veo llegar a Addyson y a sus dos amigas, provocando que todos a su alrededor dejen lo que están haciendo y las saluden. Algunos besos, abrazos y muchas sonrisas.

—Mierda, necesito a la gatita pelinegra en mi cama con urgencia —dice Zion, absorto ante la imagen ante nosotros y yo no puedo evitar reír.

La verdad es que la admiración que se escucha en su voz no es para nada infundada y si lo pensamos con la cabeza correcta, no la que justo ahora está usando mi amigo, hay que destacar que las tres están divinas. A pesar de que los trajes de baño del noventa por ciento de las chicas en esta playa apenas cubren sus cuerpos, las llamadas Triple A van bastante recatadas, sin dejar de lucir sexys como el infierno. Sí, llevan la parte superior del bikini, pero la inferior está cubierta con unos shorts a punta de nalga que hacen que la imaginación de todos los hombres que las miren, se pregunten qué hay debajo y qué podrían hacer para averiguarlo.

Algo llama mi atención. Addyson, en cuanto a físico se refiere, no es nada del otro mundo si la comparamos con sus amigas. Esas dos nacieron para ser modelos de revista y poner a sus pies a cualquier hombre que se les cruce en frente; sin embargo, esa rubia pequeña tiene algo que la hace resaltar. No es la clase de chica que se ve bien porque anda con mujeres guapas. No, ella tiene su luz propia.

No sé si es ese pelo largo recogido en un moño sin mucho esfuerzo, sus ojos negros profundos, la gracilidad de sus movimientos, su sonrisa despreocupada, su carita de niña buena o esa confianza aplastante que se nota en su barbilla alzada, sin llegar a parecer prepotente, pero, definitivamente, es cautivadora. Lo cual me molesta porque eso significa que le estoy prestando atención y yo no suelo fijarme en chicas como ella.

El beso de hace unas horas irrumpe en mi mente con fuerza y la piel de mis brazos se eriza. Fue torpe, pero al mismo tiempo tierno, luego caliente, desesperado. Sus labios…

Dios, no vayas por ahí, Kyle. Esos son terrenos peligrosos.

Sacudo la cabeza para alejar los pensamientos indecorosos y vuelvo a centrar mi atención en ellas. Hugo está hablando con las dos más altas y yo me pregunto en qué mundo estoy, que ni siquiera noté cuando se marchó. Addyson, por su parte, mira a su alrededor y por la sonrisa que se dibuja en su rostro, sé que le gusta lo que ve. Algo capta su atención, haciendo que el bonito gesto se ensanche e inmediatamente se dirige a una de las carpas.

El chico de la barra le entrega lo que en un principio me parece una piña colada, pero luego le echa algo rojo, así que no tengo ni idea de lo que es. Y cuando pienso que regresará con sus amigas, se quedan conversando o, mejor dicho, coqueteando. Se nota a la legua que al chico se le cae la baba por ella.

Sacudo la cabeza y regreso mi atención a mis amigos, pues debo parecer un maldito acosador pendiente de cada uno de sus movimientos, como si me importara lo que hiciese.

La fiesta avanza y los juegos comienzan. La rubia que vi esta mañana en el pasillo de la universidad me guiña un ojo y yo, con mi sonrisa más sexy, me le acerco. Solo necesito decirle hola para tenerla colgada a mi brazo.

—Entonces, ¿cómo lograron trasladarse a MB? —pregunta Hugo, que luego de saludar a un montón de estudiantes, se ha pegado a nosotros—. La universidad tiene una política muy rigurosa respecto a los traslados en período de exámenes. Muy pocas veces tenemos estudiantes nuevos en medio del semestre.

—Patinaje artístico —aclaro.

—¿Patinaje?

—Nos trasladaron aquí para participar en la competencia Fly Higt 2020. Nosotros somos expertos sobre ruedas.



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En el texto hay: amor patinaje ruedas hielo

Editado: 22.07.2026

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