Kyle:
La canción rompe en su estribillo y nos preparamos para el primer cambio de pista. Moviendo el cuerpo como roqueros expertos en un escenario, nos acercamos a la división, los seis al mismo tiempo. Presionamos el botón mágico y en el momento en el que el patín toca la pista contraria, chocamos nuestras manos y nos volteamos de espalda deslizándonos hasta el centro.
La multitud enloquece. Los gritos, aplausos y silbidos aplacan un poco el sonido de la música por unos segundos. Me atrevo a mirar hacia las gradas para ver a todos de pie y nuestra comitiva de fans procedente de la universidad actuando como verdaderos lunáticos.
Sonrío.
Mi corazón late con fuerza, la adrenalina corre por mis venas y me siento libre, invencible. Esto es lo que más me gusta del patinaje; la sensación de que todo está bien, de que nada de lo que suceda podrá afectarme.
Miro a mi chica que se desliza por la pista como toda una diva. Se parece a su madre y espero que alguien lo note. No solo es el físico, es la agilidad en sus movimientos, la limpieza de sus saltos y giros, que ni siquiera el paso de los años pudo opacar. Es perfecta y es toda mía. Nunca la voy a dejar escapar.
Las chicas se preparan para volver al hielo y nosotros para recibirlas.
Desde el borde externo de la pista comienzan a deslizarse cogiendo velocidad, antes de llegar a la línea divisoria presionan el botón del patín derecho y flexionan la rodilla izquierda que al extenderla provoca que se eleven en el aire hasta aterrizar en el hielo sobre la pierna derecha. Presionan el botón del patín izquierdo y hace el cambio a las cuchillas.
El público está enloquecido.
Se dirigen a nosotros en zigzag, intercalándose unas con otras y cuando han recorrido media pista se sitúan, Aby frente a Maik, Ari frente a Zion y en el centro, Addy frente a mí. Siguen tomando velocidad y vamos a su encuentro.
Apoyando las manos sobre nuestros hombros, saltan, enredando sus piernas alrededor de nosotros; las sujetamos por las caderas y sin miedo ninguno, arquean sus cuerpos dejándose caer hacia atrás de modo que sus cabezas quedan cerca del hielo y sus brazos cruzados en sus pechos mientras nosotros damos vueltas en el lugar.
Los dos minutos y medio de la primera canción pasan volando al igual que nosotros y con un ritmo pop comienza la canción “Light your heart” de Jorge Blanco.
Continuamos el tiempo que le corresponde con la euforia de la multitud por los cielos. Debo decir que, en cuanto a reacción del público se refiere, estamos mejor que el resto de los equipos; pero no es para menos, estamos marcando un antes y un después en el patinaje artístico.
Llega la canción “Disparos” de Dani Fernández, mi preferida y el momento que más me gusta de la presentación. Ese, en el que podemos mostrar en todo su esplendor la increíble química entre mi chica y yo; ese magnetismo que nos une y nos hace la pareja perfecta.
Estoy en el hielo, ella en la otra pista y nuestros amigos se apartan dejándonos el protagónico.
Con movimientos perfectamente sincronizados hacemos una pirueta cruzada sobre un pie. Iniciamos con los brazos y piernas extendidos para acercarlos gradualmente hacia nuestro cuerpo hasta acabar con los brazos apretados contra el torso y los pies cruzados a la altura de los tobillos.
Posteriormente, hago una pirueta atrapada, es decir, en una pirueta ángel, pie derecho estirado sobre la pista y el izquierdo extendido en el aire, tiro de las cuchillas del patín con mi mano derecha y arqueo la espalda creando un círculo paralelo al hielo con mi cuerpo.
Al mismo tiempo, Addyson hace una pirueta en I (uno) deslizándose hacia la pista de hielo. Con la pierna derecha estirada contra el suelo, levanta la izquierda hasta estar verticalmente extendida frente a ella; con su mano derecha, sujeta la parte delantera de las ruedas del patín y con la izquierda, su pierna por la pantorrilla.
A pesar de que mi posición no me permite verla, conozco cada uno de sus movimientos; por eso sé que debe presionar el botón mágico con su mano para cambiar a las cuchillas y cuando esté cerca de la línea divisoria tiene que soltar su pierna hasta depositarla en el hielo y posteriormente hacer el cambio del otro patín.
Nos reunimos en el centro de la pista. Su mirada oscura se conecta con la mía y sonríe de esa forma que tanto amo por las cosas raras que provoca en mi estómago. Le sonrío de vuelta como el idiota enamorado que soy.
Intento transmitirle con mis ojos todo lo que mi corazón siente. Amo tanto a esta chica que me considero el hombre más dichoso del mundo por ser capaz de enamorarla a pesar de los obstáculos que ha sufrido nuestra relación.
Patino hacia atrás y ella me sigue de frente. Hago una leve inclinación hacia abajo y agarro sus caderas; ella pone sus manos sobre mis hombros y cogiendo impulso la levanto sobre mi cabeza hasta una posición estirada en la que ella abre totalmente las piernas, arquea su espalda y levanta la cabeza.
El público aplaude, grita, se emociona. Es una elevación perfecta.
Cambia de posición en el aire pasando sus manos a mis antebrazos y uniendo los pies hasta tenerlos cruzados. Su cuerpo queda paralelo al suelo y, luego de varias rotaciones, la deposito nuevamente en la pista. Su cuerpo está pegado al mío y sin soltar sus caderas, arquea su espalda hacia atrás poniendo su seguridad ciegamente en mis manos.