Horas después, mi madre y mi hermana tomaron sus cosas para irse a su casa, pero no se fueron sin antes recordarme mis obligaciones y cuidados, con ese cariño y autoridad propio de las personas que realmente me quieren y se preocupan por mí.
— Hijo, recuerda que tienes una reunión vital, muy importante, mañana en la empresa — me dijo mi madre, con voz seria pero llena de afecto y advertencia — Descansa bien hoy, duerme lo suficiente, y por favor… ya no bebas más de lo que debes ni pierdas el control. Esos hombres viejos, amargados y borrachos siempre tienen sus excusas tontas para tomar hasta perder la razón, y tú sabes perfectamente que eso no te conviene ni te hace bien.
— Sí, mamá, lo tendré muy en cuenta, te lo prometo — respondí con obediencia.
— Piensa siempre en tu esposa, en ella y en lo que lleva dentro. No la dejes preocupada ni triste, protégela — me advirtió una vez más antes de salir. - Y si esos viejos insisten les dicen que yo misma iré de visita a sus casas para saber que opinan sus esposas de tales actos.
— ¡Mamá! Lo entiendo perfectamente, no se me olvida — le aseguré, sintiendo una nueva punzada de culpa — Mañana hablaré con Miguel y cerraremos el trato, verás que todo saldrá bien. Vayan con mucho cuidado en el camino, por favor.
— Nos vemos dentro de dos días en la clínica para el control. Adiós, querida, cuídate mucho — se despidieron de Jazmín.
— Adiós, suegra. Muchas gracias por todo lo que nos ayudan, nos vemos pronto — respondió mi esposa con esa amabilidad que la caracteriza.
- Adiós hermano, y recuerda bien las palabras de mamá, ella de verdad irá y armará un escándalo. Recuerda que yo todavía no tengo novio, no arruines mis posibilidades.
Jana me lanzó una mirada aterradora, los dos sabíamos perfectamente que nuestra madre era capaz de eso y mucho más.
- Vale, ya no beberé en las reuniones, dejen de regañarme como un niño.
- Deja de actuar como uno y lo reconsideraremos. Nos vemos cuñada, no dejes que este niño tonto te cause molestias. _ Jana abrazo a Jazmín y luego se arrodilló hasta llegar a su vientre. - Nos vemos pronto sobrinito, no le des muchos problemas a mamá, ya tiene suficiente con tu padre.
Jazmín sonrió alegre despidiendo a esas dos que sin dudas eran las más alteradas y caprichosas en esta casa.
Cuando ellas dos cruzaron la puerta y se fueron, sentí una pequeña oleada de alivio recorrer todo mi cuerpo. Sabía que Jana, mi hermana, era la más intensa y observadora de las dos, y que no se habría rendido fácilmente si hubiera notado que yo estaba actuando tan callado, tan raro y tan distante; mi madre, por su parte, tenía una vista de lince, notaba cada mínimo detalle de lo que pasaba a su alrededor y leía en las caras como en un libro abierto. Pero Jazmín… mi dulce, mi buena Jazmín, ella nunca me reclamaba nada, nunca dudaba de mí, siempre respetaba mi espacio y mi tiempo, y me esperaba con ternura infinita y paciencia de santa, sin jamás levantar una sospecha contra mí.
— ¿De verdad estás bien, cariño? ¿Seguro que no te pasa nada malo? — me preguntó de repente, rompiendo el silencio absoluto que había quedado en toda la casa. Su voz era suave, como siempre, pero se notaba que tenía una pequeña inquietud escondida en el fondo de su corazón.
— Sí, sí, estoy bien… tranquila, mi vida — le respondí, buscando con desesperación las palabras adecuadas para que no siguiera indagando — Pero seguro que tardaré bastante tiempo revisando y preparando todos los documentos y papeles que necesito llevar mañana a la reunión. Así que si tú ya estás cansada o te pesan las piernas, puedes subir a descansar primero, no te preocupes por mí. Yo termino aquí un momento, apago todo y luego subo a acompañarte, ¿vale?
— Está bien, como tú digas. Te espero arriba entonces — aceptó dócilmente.
Aunque Jazmin me lo decía y me sonreía, yo no podía acercarme a ella como antes. Sentía que mis manos estaban sucias, manchadas de pecado, que mi cuerpo estaba corrompido y que si me acercaba demasiado, si la tocaba o la abrazaba, la iba a manchar también con mi culpa, con mi error imperdonable. Mi cuerpo, contaminado por ese deseo estúpido que no debí haber dejado que me dominara ni un segundo, la marcaría de una forma que no soportaba ni siquiera pensar.
Creo que, sin quererlo, pero por mi propia culpa, fui yo quien creó la primera brecha entre nosotros. Una brecha oscura y profunda que cada día crecía más y más, alejándonos poco a poco, casi sin darnos cuenta de lo que estaba pasando, y sin que yo tuviera el valor ni la fuerza para hacer nada para evitarlo.
Editado: 10.08.2026