100 años de redención.

Hundiéndose cada vez más

Esa mañana salí de casa mucho antes de lo habitual, cuando el sol todavía ni siquiera había empezado a asomar en el horizonte y la oscuridad de la noche seguía cubriendo todo. Jazmín durmia profundamente, totalmente tranquila y en paz, recostada en el centro de nuestra cama, con una expresión dulce, serena y hermosa, ajena por completo a todo el caos, la confusión y el tormento que me estaba consumiendo vivo por dentro. Pero yo ya no podía quedarme ni un minuto más dentro de esas cuatro paredes; no soportaba seguir sumido en esa incertidumbre asfixiante, sin saber ni un solo detalle que me ayudara a salir de esta oscuridad, a recuperar mi realidad y mi cordura. Sentía que todo lo que estaba viviendo no era más que un mal sueño, una confusión terrible, y que se convertiría en una pesadilla eterna si no lograba despertar cuanto antes, si no descubría la verdad de una vez por todas.

— Prepara un desayuno muy nutritivo y completo para la señora — ordené a la cocinera, que ya se movía con rapidez y silencio por la cocina — Y dile, en cuanto se despierte, que salí por asuntos urgentes de trabajo, que no se preocupe, que volveré por la tarde.

— Muy bien, señor. Así se lo diré a su esposa en cuanto abra los ojos. Que tenga un excelente día.

Tenía que hablar con Miguel; en este momento, todas mis esperanzas estaban puestas únicamente en él. Era la única persona en el mundo que podía ayudarme, la única que tenía las respuestas que necesitaba y que podía convertirse en mi salvación o, por el contrario, condenarme para siempre sin remedio.

Al llegar a su oficina, me dirigí directamente hacia su despacho, sin detenerme ante los saludos de los empleados que me cruzaba en el camino. Su secretaria, al verme entrar con tanta prisa, con el rostro desencajado y la determinación marcada en cada paso, me dejó pasar de inmediato, sin necesidad de preguntar ni de hacerme esperar ni un segundo.

— ¡Ah, mi buen Rafael! ¿Qué te trae por aquí tan temprano? — me recibió él con su voz de siempre — No me creo para nada que estés tan ansioso ni tan comprometido con este proyecto como para madrugar tanto, ¡ja, ja, ja! — se rió con su tono habitual, pero apenas vio mi expresión rígida y mis ojos cargados de angustia, su risa se detuvo en seco, cortada de golpe.

— Ríete todo lo que quieras, viejo amigo — le respondí con total seriedad, acercándome hasta quedarme frente a su escritorio — Pero la verdad es que he venido mucho antes de lo normal porque necesito hablar contigo de algo muy personal, algo que me tiene verdaderamente preocupado, angustiado y sin dormir.

Su expresión cambió al instante, borrando de su rostro cualquier rastro de burla o diversión al ver lo tenso y alterado que yo estaba. Se recostó un poco en su silla, entrelazó los dedos y me miró fijamente, ahora con atención y seriedad.

— Por la cara que traes, esto no es nada bueno. ¿Qué ha pasado? ¿Le ocurrió algo a Jazmín o al bebé? Dime que no es eso, por favor… — preguntó con miedo en la voz.

— No, no… ellos dos, gracias a Dios, están bien, muy bien, sanos y salvos — le aseguré, haciendo una pausa larga para acomodar las palabras que saldrían de mi boca, sintiendo cómo se me apretaba el pecho solo de pensarlo — Esto es sobre lo que pasó en la fiesta, esa noche.

— ¡Carajo, Rafael! Si que me has asustado de verdad, pensé que pasaba una desgracia — dijo él, soltando un suspiro enorme de alivio — ¿Qué hay con la fiesta? Por cierto, si que nos pasamos de copas, ¿verdad? ¡Ja, ja, ja! Apenas y he podido levantarme de la cama esta mañana, me sentía fatal, como si me hubieran golpeado todo el cuerpo con palos… creo que ya no soy tan joven ni resistente como antes, jaja.

— ¡Ja, ja, ja! Dímelo a mí, amigo… — respondí, aunque mi risa no tenía nada de alegría, era solo una máscara para disimular lo que realmente sentía — Pero hablo en serio, Miguel. Es sobre ese hombre que apareció de la nada, que se nos pegó como una sombra y no se nos despegó ni un solo instante de nuestro lado.

— ¿Andrés?

— El mismo — confirmé, con la voz baja, ronca y tensa — ¿Qué sabes tú de él? Dime todo lo que sepas, por favor.

Miguel giró su silla un momento, mirando hacia la ventana mientras se masajeaba la sien con la mano, como si estuviera rebuscando en su memoria y pensando con mucha atención.

— Es un joven que se hizo rico de la noche a la mañana, gracias a inversiones que le salieron increíblemente bien. Le dio en el blanco, tuvo mucha suerte, y de repente, consiguió una fortuna enorme. Qué hacía exactamente en la fiesta no lo sé con seguridad… de seguro alguien lo invitó para intentar hacer negocios con él, o tal vez solo fue para ver el ambiente, para intentar congraciarse con la gente de la alta sociedad y hacerse conocer. ¿Qué pasa con él? ¿Por qué tienes tanto interés en ese tipo?

¡Maldición! No me estaba dando ninguna información útil, nada que me ayudara a aclarar mi mente o mis sospechas. Pero tampoco podía decirle la verdad completa, no podía contarle lo que realmente había pasado; me moriría de vergüenza, de miedo y de culpa si alguien llegaba a enterarse.

— Es que… mis recuerdos de esa noche están totalmente confundidos, borrosos, como si me faltaran pedazos de la memoria — le expliqué con dificultad, luchando por encontrar las palabras adecuadas — Solo recuerdo que estuvo a nuestro lado toda la velada, que no dejaba de pedir que le trajeran botellas tras botellas de licor, invitando, sirviendo… se me hace muy sospechoso, todo eso me da mala espina.

— ¿Sospechoso? — me preguntó, frunciendo el ceño sin entender del todo — Rafael, es un nuevo rico, uno de esos que se llenan los bolsillos de dinero y les gusta gastar lo que no les costó ganar, ¿entiendes? Desde que se hizo millonario, la gente lo ve por todos lados, gastando a manos llenas, en bares, en eventos, comprando cosas caras, presumiendo estatus… Dime la verdad, ¿qué es lo que pasa exactamente? Porque no te veo nada bien, se nota a leguas que esto no tiene nada que ver con una simple borrachera. Te conozco desde hace años, te sé de memoria, y jamás te he visto actuar así, tan extraño, tan alterado y tan preocupado por algo.




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