100 años de redención.

Lo más hermoso de la vida.

Desperté y noté de inmediato que el lado de la cama de Rafael estaba completamente vacío, frío, sin ninguna huella de que siquiera hubiera llegado a dormir a mi lado durante la noche. Me abracé con fuerza a su almohada un instante, aspirando su aroma que aún quedaba impregnado en la tela, antes de levantarme para comenzar mi día. Era tan extraño abrir los ojos y no verlo a mi lado, no sentir su calor, no recibir su primer beso de buenos días…

Luego de una ducha reparadora, bajé hacia la cocina, donde ya me estaba esperando un aroma delicioso y muy agradable, era el olor de mi desayuno favorito, preparado con todo el cariño. La señora me sonrió con dulzura y afecto mientras deslizaba los platos con mucho cuidado sobre la mesa.

— Buenos días, señora. ¿Ha descansado bien esta noche? — preguntó, sirviendo una taza de leche caliente y espumante.

— Muchas gracias, sí, he dormido muy bien… — respondí, aunque una pequeña sombra de duda me cruzó la mente — ¿Sabes dónde está mi esposo? No lo he visto en toda la mañana.

— Me alegra mucho saberlo. El señor salió muy temprano, antes de que usted despertara. Me dijo que estaría en la oficina hasta la tarde, que se quede tranquila descansando y que lo espere con paciencia.

De repente una inquietud profunda que ni siquiera sabía que podía tener guardada en algún rincón de mi corazón se apoderó de mi.

— ¿Es que soy demasiado insoportable ahora? ¿Acaso le estoy molestando o estorbando a mi esposo con mis cambios de humor? — pregunté con voz temblorosa.

— ¡No, señora! ¿Cómo puede siquiera pensar en algo así? — dijo ella rápidamente, con firmeza, como si mis palabras fueran una auténtica tontería, aunque de alguna forma su prisa por negarlo me hizo sentir aún peor — ¿Cómo se le ocurre?

— Es que últimamente lo noto actuando tan extraño, tan callado y distante… puede ser que ya no me vea tan atractiva como antes, o que se haya cansado de mis altibajos y mis manías. También está el hecho de que nosotros dos… bueno, que no podemos… — sentí cómo mis mejillas se calentaban de golpe por la vergüenza — Antes éramos muy activos, muy cariñosos en ese sentido, y ahora no podemos hacer nada más que abrazarnos.

La niñera se acercó y acarició con cariño mi mano, ofreciéndome todo el consuelo y la ternura que necesitaba en ese momento.

— Señora, en todos mis años de servicio y de vida, yo nunca he visto a un hombre tan comprometido, tan dedicado y tan enamorado como lo es él. Este bebé que lleva en su vientre es el sueño de los dos, algo por lo que han luchado y esperado tantos años. Yo creo que eso es lo de menos en este momento; más bien diría que su esposo solo busca cuidarla, protegerla y cuidar lo que llevan entre los dos. El deseo físico no lo es todo en la vida, señora, mucho más cuando hay algo tan preciado, tan frágil y tan importante de por medio.

Tenía toda la razón. Este bebé no era solo una vida que crecía dentro de mí, era la prueba no solo de nuestro amor inmenso, sino también de nuestra fortaleza, nuestra determinación, nuestras ilusiones y todas esas añoranzas que habíamos guardado durante tanto tiempo. Era nuestro pequeño milagro. Además, Rafael tampoco es esa clase de hombre superficial que solo mira lo exterior. Entendí entonces que era yo misma el problema, yo, con mis miedos absurdos y mis inseguridades, viendo fantasmas donde no los hay, creando dudas y sospechas contra un hombre que solo me demuestra amor, lealtad y entrega absoluta.

— Sabes.. Nosotros nos conocimos una tarde de primavera. Chocamos literalmente el uno contra el otro en la calle, de forma torpe y graciosa. Él me ayudó a levantar todas mis cosas que se habían caído al suelo, y cuando nuestros ojos se encontraron, cuando me miró de esa forma tan suya, me dijo con total seguridad “Tal vez no lo sepas todavía, pero serás mi esposa”. ¡Ja, ja, ja! Yo pensé en ese momento que estaba loco de remate, un hombre extraño y atrevido… y mírame ahora, no puedo vivir sin él, no sé cómo sería mi vida sin su presencia.

— ¡Qué historia de amor tan bonita y especial! Si me permite mi opinión, yo creo que lo que usted siente no es inseguridad, es simplemente miedo… miedo de perder lo que tanto ama. Pero tranquila, señora, su esposo la ama con locura, eso se le nota hasta en el modo de caminar.

— Lo sé… Rafael me ama con todo su corazón. Él jamás me lastimaría ni me haría daño, ni a mí ni a nuestro hijo. Todo esto es solo una prueba, un paso necesario para algo que será eterno y que nunca acabará.

Lo que más me gustaba hacer cuando me quedaba a solas en casa era encerrarme en el cuarto del bebé, ese espacio que habíamos preparado con tanto esmero. Me quedaba allí parada, admirando las fotografías de las ecografías que ya teníamos enmarcadas, la nuestra como pareja, y también su ropita diminuta, tan blanda y limpia… el aroma a bebé, ese olor a vida nueva, ya estaba impregnado en las cortinas, en la madera de la cuna, en cada rincón de esa habitación que se había convertido en mi santuario, mi refugio, mi sueño hecho realidad y mis ilusiones más profundas.

Suelo recostarme en la mecedora que está junto a la ventana, y allí le cuento historias, le canto bajito o simplemente hablo con él. Puedo sentir cómo el niño en mi vientre da pequeñas patadas y se mueve, como si estuviera prestando atención a cada una de mis palabras. Le hablo de su padre, de cómo él es nuestro pequeño milagro, de lo entusiasmados y felices que estamos por conocerlo por fin, de la vida maravillosa, llena de amor y paz, que le espera a nuestro lado… y muchas veces me quedo allí dormida, arrullada por mi propia voz y por la paz que siento.

Esta es, sin dudas, mi mejor rutina, el momento más hermoso de mis días, ese que comparto a solas con mi bebé, mientras esperamos pacientemente el regreso de papá.

Pero esa noche, papá llegó muy tarde otra vez. Al escuchar el ruido de la puerta y bajar las escaleras, me di cuenta de que ya se había encerrado en su despacho, con la puerta cerrada con llave. Desde afuera solo se escuchaba el tintineo de los cubitos de hielos chocando contra el cristal de su copa de bourbon, mezclado con sus resoplidos pesados y profundos, cargados de cansancio o de preocupación.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.