100 años de redención.

"Los salvatierra"

Los gritos de aquella mujer se escuchaban cada vez más fuertes, más desesperados, tanto que las personas, asustadas, se agruparon a nuestro alrededor casi de inmediato, pero la presencia de nuestros guardaespaldas les impidió intervenir en el asunto.

—Ahora dinos por qué lo hiciste… si no quieres que esto se vuelva mucho más peligroso —le exigí con voz grave.

—Yo… yo no hice nada —respondió ella, temblando— Es verdad que sabía que él tenía esposa, pero fue Rafael quien me buscó una y otra vez. ¡Es a él a quien deberían estar torturando! Yo no le debo ningún respeto a su mujer.

Mi madre volvió a estrellarle la cara contra la mesa, esta vez con más fuerza y determinación.

—¡Claro que le debes respeto a mi hija! —escupió con desprecio— No le llegas ni a los talones, prostituta barata. Teniendo tantos hombres a tu alcance, ¿por qué te metiste justo con ese desgraciado?

—¡Ja, ja, ja! —rió ella con amargura, pero con la clara intencion de provocarnos — Precisamente porque es un desgraciado que nunca pensó en su esposa ni en su hijo fue que lo hice. ¡Deberían estarme agradecidos por abrirle los ojos a su preciosa hija! Así no quedará atada de por vida a un tipo tan ruin.

—No te preocupes, de él también nos encargaremos —advirtió mi madre— Pero esto es por mi nieto… y por mi hija, a la que le arruinaste la vida. ¿Tú le enviaste esos videos?

—¡NO LO HICE! —negó Eva desesperada— No tenía ningún motivo para hacerlo.

—¡Entonces quién fue! —grité, perdiendo el poco autocontrol que me quedaba.

—¿Quién sabe…? Tal vez Rafael. Quizás él no quería a ese bebé ni a su esposa, y me usó a mí para hacer el trabajo sucio y quedar él como la víctima.

Miré a mi madre, y ella me devolvió la mirada. Sentía que no sabíamos nada en realidad; estábamos en medio de un laberinto sin salida aparente. La tomé del brazo y la levanté de un tirón, clavando mis ojos en los suyos con frialdad.

—Ya que veo que disfrutas tanto ser el entretenimiento de los hombres, te daré el mejor regalo de todos. Te enviaré al lugar más oscuro y podrido de este país, donde nadie podrá encontrarte nunca.

—¡No, por favor!. Ya les he dicho todo lo que sé. Yo no hice nada, déjenme ir. Prometo que nunca más volveré a acercarme a Rafael ni a su esposa.

—El problema es que quedan muchas preguntas sin respuesta —respondí sin ceder— y creo que pasar un tiempo lejos te ayudará a refrescar la memoria. Llévenla al coche ahora mismo y hagan que cierre esa boca.

Mis hombres la arrastraron lejos de allí. Nadie en el lugar se atrevió a pronunciar una sola palabra, ni siquiera su acompañante de esta noche.

—Como han podido escuchar —me dirigí a los presentes con autoridad— esta mujer es una prostituta que disfruta destruyendo familias. Mi hermana casi muere por su culpa, así que si fuera ustedes, no diría nada de lo sucedido y cuidaría más a sus esposos. No vaya a ser que terminen como este pobre diablo, abandonando a su familia por cualquiera. Vamos, madre.

Mi madre se tomó de mi brazo y arrojó un fajo de billetes frente al encargado del lugar.

—Aquí no pasó nada, ¿entendido? —le advirtió.

—Sí… sí… yo no vi nada —respondió él con la cabeza baja.

El principal sospechoso, sin duda, era Rafael; después de todo, era el infiel. Pero sentía que había algo más oculto. No es que me agradara ese imbécil, pero lo que había dicho aquella mujer me daba vueltas en la cabeza.

—La escuchaste igual que yo, Ignacio —dijo mi madre.

—Sí, madre… sabía demasiadas cosas —respondí pensativo— La noticia del ingreso al hospital y la pérdida del bebé de Jazmín no salió de esas cuatro paredes. Nosotros mismos nos aseguramos de que nadie se enterara. ¿Cómo es posible que ella hablara de todo eso con tanta naturalidad?

—¿Crees que Rafael planeó todo esto desde el principio?

—Creo que el asunto es mucho más oscuro de lo que imaginamos. Solo espero que Jazmín esté bien al lado de ese hombre.

—Yo sé que estará bien —aseguró mi madre con firmeza— Confío en mi hija. El dolor que ha atravesado tiene que haberle abierto los ojos. Confío en que ella misma se convertirá en el verdugo de ese desgraciado… pero nosotros la vigilaremos muy de cerca.

Maldición… ¿quién sería capaz de idear un plan tan retorcido y absurdo? ¿Con qué fin llegar tan lejos? Si Rafael ya no quería a mi hermana, solo tenía que divorciarse. No era como si ella necesitara de su dinero para criar al niño. ¿Fue por codicia? ¿Por poder? ¿O simplemente por puro egoísmo y crueldad humana?

Al llegar al hotel, el jefe de mis guardaespaldas me informó que el avión ya había partido con su “pasajera”. Aunque nada estaba claro, vería qué sucedía en los días siguientes. Sin esa mujer en el panorama, al primero que diera señales de buscarla, le cortaría la garganta sin darle tiempo a reaccionar. No me importaba si se trataba del mismísimo Rafael. A partir de ahora, esto era un juego de vida o muerte… y yo odiaba perder.

—Ignacio, ve a dormir un poco —insistió mi madre, entrando en la cocina.

—No puedo descansar sabiendo que Jazmín está junto a ese hombre. Descansa tú primero, madre.

—No te preocupes, hijo. Yo me quedaré investigando un poco más. Revisaré todo hasta el fondo.

—¿Ya la has perdonado? —pregunté con suavidad.

—Lo que Jazmín nos hizo fue muy doloroso —respondió ella con la voz cargada de recuerdos— Sé que no fui una madre muy presente en sus vidas, pero ustedes dos saben mejor que nadie que, después de que su padre murió junto a su amante, no solo me quedé con la empresa, sino también con todas sus deudas y el colapso eminente de todo a nuestro alrededor.

—Claro que lo recuerdo, madre…

—Me esforcé al máximo solo para que ustedes dos no tuvieran que pasar por dificultades. Dejé atrás mi juventud y mi propia vida en ese infierno solo para que no terminaran como yo. Y un día, esa niña ingrata decidió irse de casa sin mirar atrás… ¡solo porque se había enamorado en dos semanas! ¡Dos semanas le bastaron para olvidarse de su familia, de sus raíces y de su hogar!




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