En casa:
—Jazmín, ya hemos llegado a nuestro hogar —me apresuré a abrirle la puerta de la entrada— Puedes subir a descansar un rato, yo mismo prepararé algo rico para comer.
—¿Dónde está María? —preguntó ella sin moverse del umbral.
—Ella… le di unos días libres —respondí con algo de vacilación intentando no alterarla.
—¿Por qué?
—Porque pensé que sería bueno pasar tiempo juntos… solo nosotros dos.
Jazmín caminó despacio, pero con paso firme, alejándose de mí y mirando todo a su alrededor como si fuera la primera vez que estuviera allí. Intenté acercarme a su lado; cuando estuve a escasos centímetros de ella, me detuve y extendí la mano para tocarla, aunque sentía que había un abismo inmenso entre nosotros.
—Puedes quedarte en la habitación principal —le dije con suavidad— Yo dormiré en el estudio. Te daré todo el espacio que necesites. También pensé que sería buena idea ir a terapia de pareja; podemos hacer todo lo que tú quieras, solo dime y estaré listo.
—¿Y el trabajo? —preguntó con frialdad sin voltear — ¿Acaso ya no piensas trabajar, o es que ya no necesitas esa excusa para estar lejos de mi lado?
—Lo estoy intentando, Jazmín, te lo juro —respondí con angustia. Eva y yo no tenemos absolutamente nada. Nunca hubo una intención de buscarla, nunca escapaba de casa para estar con ella… todo sucedió antes de que me diera cuenta. No lo planeé.
—Qué suerte tienes, ni siquiera te tuviste que esforzar tanto... Lástima que yo ya no te crea nada, Rafael. Si de verdad quieres hacer algo por mí, déjame sola. No me busques; cuando me sienta mejor, bajaré yo misma.
Bajé la cabeza resignado mientras la veía subir las escaleras.
—Está bien… que descanses.
Maldición, mil veces maldito… pensé, sintiendo cómo la rabia y la impotencia me invadían. ¿Cómo diablos se supone que le explique la verdad si ella no está dispuesta a escucharme en absoluto? Si ni siquiera me da la mínima oportunidad de decirle lo que siento. Cuanto le arrepiento.. Pero al menos esta aquí, junto a mi.
Me dejé caer en el sillón y revisé los mensajes en el celular, tres de mi madre, cinco de mi hermana y uno de Miguel. Sin perder tiempo, lo llamé de inmediato; con suerte habría conseguido alguna pista, algo que me ayudara a demostrarle a mi esposa que yo no era ese desgraciado que ella pensaba.
"Amigo, dime que tienes buenas noticias para mí" —fue lo primero que dije en cuanto contestó.
"Tengo noticias… aunque no sé si sean tan buenas" —respondió él con la voz entrecortada.
"Dime lo que sea, ya nada puede ser peor de lo que estoy viviendo" —levanté la vista hacia las escaleras, asegurándome de que Jazmín no estuviera escuchando.
"Eva ha desaparecido"
"¿Cómo que desapareció? ¿A qué te refieres exactamente?"
"El detective no logró averiguar nada sobre su paradero, pero sí encontró una pista de dónde podría estar. Sin embargo, cuando llegaron al lugar, ella ya no estaba. Dicen que se la llevaron a rastras. El encargado del lugar no quiso dar más detalles. ¿Hay alguien más detrás de ella, Rafael?"
Lancé el celular contra la pared con furia, totalmente alterado y a punto de perder el control. ¿Cómo es que la vida se había convertido en este desastre sin precedentes? ¿Quién diablos era realmente esa mujer y por qué yo terminé siendo víctima de su engaño?
Ya nada tenía sentido. Lo había perdido todo, mi mujer, mi hijo, mi familia entera.
Caminé con dificultad hasta el baño, me lavé la cara una y otra vez, pero nada lograba borrar lo sucedido. Por más que lo intentaba, no lograba despertar de esta pesadilla. No lograba entender el porqué todo ocurrió de esta manera, odiaba mi cuerpo, y esa sensación que no desaparecía.
—Rafael… ¿estás ahí dentro? —la voz suave de Jazmín me hizo abrir la puerta de inmediato.
—¡Estoy aquí! —respondí apresuradamente— ¿Necesitas algo? ¿Tienes hambre? ¿Te duele algo? —las palabras salieron atropelladas por la emoción de ver que ella había venido por su propia voluntad.
—Tengo hambre. Quería saber si la comida ya está lista.
—Ahora mismo me pongo con ello —le dije, recuperando un poco la calma— Prepararé tu plato favorito. Solo espera un ratito más, esposa.
Jazmín se dio la vuelta y se alejó un poco; vio el celular roto tirado en la sala y luego volvió a mirarme, pero no hizo ninguna pregunta al respecto.
—¿Sigues bebiendo? —preguntó de repente al notar la botella sobre la encimera.
—No, para nada. Esa botella de vino es solo para la salsa. Nunca más volveré a tocar una copa, te lo prometo.
—Es gracioso, ¿sabes? —comentó con tono tranquilo, pero cargado de dolor— Las personas tienen malos hábitos, pero no son capaces de dejarlos hasta que ocurre algo malo. No es que no sepan las consecuencias, es simplemente que no les importa hasta que pasa.
—Jazmín… —intenté decir algo, mis manos sintiendo la enorme necesidad de abrazarla.
—Solo haz la comida, por favor. No quiero hablar de nada más.
Apreté los labios con fuerza y me dirigí a la cocina. Me moví rápido preparando todo, sintiendo su mirada atenta sobre mi espalda. Sabía que recuperar su confianza llevaría tiempo y esfuerzo, y que si esperaba que alguno día una pequeña luz de esperanza brillará este era el momento exacto de comenzar.
—Sé que no fui el mejor esposo que te merecías —empecé a decir con voz suave— Sé que cometí muchos errores antes de todo esto, que cambió nuestras vida. No disfrutaba de tu compañía por las mañanas, no te llevaba a esos lugares que siempre soñabas conocer, prioricé el trabajo por encima de nosotros… lo entiendo, Jazmín, te juro que lo entiendo. Pero quiero remediarlo. ¿Eso no cuenta para nada? ¿Dejaremos que nuestro amor muera sin siquiera intentar salvarlo?
—Supongo que a esta altura ya no —respondió ella con firmeza.
—¿Por qué no?
—Porque mi corazón está roto —explicó sin bajar la mirada— Porque perdí lo que más deseaba en el mundo, y no importa lo que hagas, mi hijo no volverá. Dices que la primera vez fue una trampa… ¿cuál es tu excusa para la segunda? Te veías lúcido, se notaba que estabas consciente… sabías lo que podía pasar y aun así dejaste que ocurriera.
Editado: 10.08.2026