No dejaba de mirar hacia el segundo piso, esperando que Jazmín y su madre bajaran pronto. Sentía una necesidad urgente de subir para saber qué estaba ocurriendo, pero ese desgraciado no se movía de su sitio, como un perro guardián vigilando las escaleras.
—Te ves nervioso. ¿Es que oculta algo que no quiere que mi hermana nos cuente? — me preguntó Ignacio con desconfianza.
—Para nada. Solo estoy preocupado por ella —respondí con frialdad— Sé lo que piensan de mí, me odian porque Jazmín los dejo para quedarse a mi lado. Pero la verdad es que nos enamoramos y nos amamos con sinceridad.
—Que Jazmín te ame no lo dudo —replicó él con ironía — pero que tú la ames con la misma intensidad, lo niego rotundamente. De ser así, nunca la habrías lastimado como lo hiciste, y mucho menos por una mujer de tan baja condición como lo es Eva.
Di un paso hacia adelante, quedando frente a frente con él.
—La amo de una forma que no puedes imaginar. Todavía estoy intentando averiguar qué fue lo que esa bruja me hizo para caer tan bajo. Pero te aseguro que esa mujer no significa nada para mí; desearía poder arrancarme la piel solo para borrar todo lo sucedido.
—¡Ja, ja, ja! Por favor, no soy ingenuo, Rafael. Si mi hermana no lo hubiera descubierto, seguirías viviendo una doble vida. Una vez podría ser un error, ¿pero dos? Solo demuestra lo ruin que eres. Y aunque sea lo último que haga, me llevaré a Jazmín lejos de aquí. En tu miserable vida no volverás a verla. Alguien tan despreciable no merece tenerla, ni siquiera desearla.
Apreté los puños con tanta fuerza que sentía cómo me lastimaba las palmas. Justo cuando Ignacio estaba a punto de lanzar el primer golpe, escuchamos pasos acercándose. Las mujeres se detuvieron un instante, observándonos, antes de llegar a nuestro lado.
—¿Qué pasa entre ustedes dos? —preguntó Jazmín, apartando a su hermano. Él le acarició el rostro con ternura.
—Nada… solo estábamos hablando. ¿Ya estás lista, hermosa?
Los celos me consumían por dentro; sin poder evitarlo, la tomé de la mano y la acerqué hasta pegarla contra mi pecho.
—¿Lista para qué? _ pregunte sin ocultar mi creciente desagrado.
Jazmín se apartó de inmediato y limpió la zona donde la había tocado, como si mi contacto fuera veneno.
—Saldré con mi familia a dar una vuelta. Resulta que no han venido solos; traen con ellos a un viejo y muy querido amigo de mi infancia, al que deseo saludar. También necesito salir de esta casa para calmar mis nervios.
—¿Un viejo amigo? No sabía nada de eso.
—Bueno, no creerás que mi vida empieza y termina contigo. Tengo amigos, personas que se preocupan por mí y que, sin duda, nunca me lastimarían como lo hiciste tú. Y eso que ellos no juraron lealtad eterna ante Dios.
Sentí cómo se me retorcían las entrañas de dolor, una punzada tan fuerte que apenas lograba mantenerme en pie. Jazmín nunca había hablado con tanta dureza, con tanta rabia contenida en sus palabras.
—Ya… ya entiendo. Nunca lo vi de esa forma —me apresuré a responder, intentando suavizar la situación— Es solo que entre nosotros no solíamos tener secretos. No digo que esté mal, pero por favor, ten cuidado.
—Eso pienso hacer. Y recuerda, no hagas nada que no te haya pedido, como entrometerte en mis cosas o prepararme comida, por ejemplo.
La miré con atención. Llevaba puesto un vestido azul que le quedaba perfecto, resaltando su figura. Su cabello estaba peinado con esmero, su perfume dulce la envolvía con delicadeza y el maquillaje, aunque natural, realzaba el rubor de sus mejillas. Todo aquello era obra de su madre, quien la había preparado para ir al lado de otro hombre.
—No hace falta que pongas esa cara —intervino la mujer— Deberías dar gracias de que no nos la llevamos en este mismo instante. Pero estoy segura de que eso cambiará muy pronto. Mi hija no es tan tonta como para seguir atada a un hombre sin principios como tú.
Los vi a los tres alejarse con aparente alegría, pero mi cuerpo actuó por instinto y me coloqué en la entrada, bloqueando el paso.
—Señora, antes de que se vayan, ¿podría hablar con usted a solas un momento?
Ninguno entendía mis intenciones, pero no podía dejar pasar esa oportunidad. No estaba dispuesto a rendirme y ver cómo poco a poco alejaban a mi esposa de mi lado para entregarla a alguien más.
—¿De qué quieres hablar exactamente? Y de lo que sea, que sea aquí mismo.
Sin pensarlo dos veces, me arrodillé ante ellos, inclinando la cabeza hasta tocar el suelo con la frente, dejando a un lado cualquier resto de dignidad.
—Sé que apenas nos conocemos, que tienen todas las razones del mundo para odiarme, que he causado un daño enorme y que quizás no merezco perdón… Pero también espero que entiendan que amo a Jazmín más que a nada en este mundo. Ella es la luz de mis mañanas, el sentido de mi vida. Entiendo que no quieran perdonarme; yo mismo no me perdono. Pero si la pierdo… si Jazmín no me permite al menos intentar compensar todo lo que le hice, entonces no tendré razón para seguir viviendo. Porque sin ella no sé cómo seguir, y tampoco quiero hacerlo. En cuanto a Eva, esa mujer maldita, si la tuviera frente a mí, sería capaz de matarla con mis propias manos. Estoy buscando pruebas, buscando al verdadero responsable. Solo les pido un poco de tiempo, por favor.
El silencio fue roto por una risa seca y contundente que me hizo estremecer.
—¡Ja, ja, ja! Eres bueno fingiendo, muchacho. Ahora entiendo cómo lograste conquistar el corazón de mi hija —dijo la mujer, agachándose para levantarme el rostro— Aunque todavía no entiendo por qué sigues con vida. Si quieres morir, hazlo, pero no amenaces en vano. Sin embargo, mientras Jazmín no decida irse por su propia voluntad, yo no la obligaré. Así que el tiempo dependerá de ella. Pero si yo estuviera en tu lugar, buscaría rápido a ese supuesto culpable.
—¡Lo encontraré! —exclamé con firmeza— Lo juro por mi propia vida. Descubriré la verdad y haré justicia por la vida de mi hijo y por el dolor de mi esposa.
Editado: 07.09.2026