—Mamá… ¿esa no es Jazmín?
—¿Dónde?
—Mira en la mesa del fondo. Y ese hombre que está con ella no es mi hermano Rafael.
Ambas nos quedamos observando la escena que se desarrollaba ante nuestros ojos. Mamá apretó mi mano con fuerza y, de inmediato, marcó el número de mi hermano.
"Rafael, ¿dónde está tu esposa?"
"Salió con su hermano y su madre a dar una vuelta. ¿Por qué lo preguntas?"
"Porque la tenemos justo frente a nosotros, y no está ni con su madre ni con su hermano, sino con un hombre que no deja de sonreírle y acariciarle la mano"
Del otro lado de la línea se escuchó un ruido sordo, como si algo se hubiera roto, seguido del sonido de dientes apretados con rabia.
"Ya lo sé... Es un amigo de la infancia que está de visita. No pienses mal; Jazmín me lo avisó antes de salir"
"No pienso mal, solo me parece extraño que esté ahí después de todo lo que han vivido. Yo no he querido ir a su casa por miedo a molestar y para respetar su tiempo de recuperación, y resulta que ya se siente con fuerzas para salir"
"Jazmín no está bien, mamá. Nadie podría estarlo después de lo que pasó"
"Tienes razón, perdona. ¿Todavía tienes pensado ir a la casa de campo en los próximos días?"
"Así es. Cuando ella regrese lo hablaremos con calma. Por favor, no la presiones; déjala que despeje su mente y recupere un poco de alegría"
"Rafael… ¿has averiguado algo más sobre esa mujer?"
"Todavía no, mamá, pero tengo la esperanza de que pronto encuentre la verdad"
Colgué el teléfono sintiendo un nudo en la garganta y una opresión inmensa en el pecho. La sola idea de ver a Jazmín junto a otro hombre me destrozaba por dentro… pero ¿qué derecho tenía yo de reclamarle algo?
Estaba al límite de mis fuerzas, y si quería hallar respuestas, tendría que buscarlas yo mismo. Me encerré en el despacho, aprovechando que la casa estaba en silencio y vacía, me puse a revisar toda la información que tenía sobre Eva. Aunque ya lo había hecho antes, quizás se me había escapado algún detalle importante. Volví a leer cada dato relacionado con ella, tenía una habilidad increíble para pasar desapercibida, aparecía y desaparecía como por arte de magia, o parecía que alguien la colocaba en el lugar justo en el momento preciso, para luego sacarla de escena apenas comenzaba a investigarse algo.
Me obligué a recordar la noche en que la conocí, antes de terminar en esa habitación. Estaba con Jana en la entrada del evento, y de pronto la vi entre la multitud. Ella ya tenía la mirada fija en mí, como si supiera exactamente quién era. ¿Qué sentí en ese instante?
Una sensación de familiaridad. Algo en ella, en sus ojos y en la forma en que me miraba, llamó mi atención y provocó que mi cuerpo reaccionara sin que yo pudiera controlarlo. Después de eso, por más que intentaba alejarme, sentía sus ojos buscándome con insistencia; Eva estaba planeando su acercamiento de forma muy calculada y discreta.
Ya no me quedaba ninguna duda, ella sabía perfectamente quiénes éramos Jazmín y yo. Abrí el archivo del video que había guardado desde el teléfono de mi esposa, y aunque me dolía volver a verlo, no aparté la vista ni un segundo.
En la grabación se ve cómo Eva entra en la habitación como cualquier persona que busca descansar. Se quita los zapatos y el vestido sin mirar directamente a la cámara, pero es evidente que sabe que está siendo grabada. El ángulo de la cámara la delata, siempre enfocada en sus movimientos, luego se encierra en el baño, dejando su bolso sobre la cama, como diciendo. “Estoy aquí, no hago nada malo”. Cinco minutos después sale envuelta en una bata ligera, se recuesta en la cama y se queda observándose las uñas, como si esperara algo, contando mentalmente los segundos antes de levantarse y salir al pasillo.
Luego entramos los dos. Yo la empujo lejos de mí y me quito el saco. Ella finge estar asustada, pero no se mueve de su sitio, no corre a refugiarse en el baño, no intenta tomar ningún objeto para defenderse ni trata de escapar. Solo se queda ahí, mirándome fijamente.
Lo que ocurrió después fue lo que destruyó mi vida. Me abalancé sobre ella, le arranqué la bata. Eva se resiste un poco, pero en cuanto pongo mi mano sobre su cuello, deja de luchar y separa sus piernas para recibirme… Esa mirada tan llena de lujuria, de deseo reprimido es la de un animal que ha asechando previamente a su presa por mucho tiempo.
Me levanté de un salto y corrí al baño para vomitar. Verlo con mis propios ojos me provocaba náuseas. Tener esa prueba ante mí parecía irreal, pero era necesario, ahora entendía que nada había ocurrido por casualidad, y que esa mujer tenía sin duda alguna un plan en contra mía… o tal vez su víctima nunca fui yo, sino ¡Jazmín!
—¡Ya volví! —la voz de mi esposa resonó desde la entrada, me ericé de pies a cabeza. Miré el reloj, faltaba poco para las ocho de la noche. ¿Cómo es que el tiempo parecía correr tan rápido sin detenerse nunca?
—Estoy en el estudio, ya salgo —respondí, incorporándome con dificultad y obligándome a caminar hasta donde estaba ella— ¿Cómo te fue? ¿La pasaste bien?
—La verdad es que sí. No sabía cuánto necesitaba salir de esta casa hasta hoy —su mirada se veía más relajada, y su cuerpo ya no tenía esa tensión que llevaba días cargando sobre los hombros.
—Me… me alegra mucho escucharlo. Y también me alegra que hayas vuelto a casa, conmigo.
—Por ahora me quedo, todavía tengo asuntos pendientes que resolver.
Jazmín comenzó a caminar hacia las escaleras, ignorandome, pero yo no pude resistir el impulso y tomé su mano con fuerza.
—No me dejes, por favor. No lo hagas.
—No te preocupes, Rafael —respondió con calma— No pienso irme a ningún lado... ¡Todavía!.
Editado: 07.09.2026