No pasó mucho tiempo antes de que el timbre sonara. Me levanté con calma, fingiendo que todo estaba en orden, pero al abrir la puerta no era Rafael quien estaba al otro lado.
—Disculpe, ¿quién es usted?
—Buenas noches, señora. Perdone la hora. Mi nombre es Andrés y estoy aquí porque me han informado que su esposo no deja de buscarme. ¿Se encuentra él en casa?
Así que este era el famoso Andrés del que tanto se sospechaba. El destino me estaba dando una oportunidad que no podía desaprovechar. Lo invité a pasar de inmediato.
—Lo siento, en este momento no está en casa, pero puede esperarlo aquí.
—Gracias, es usted muy amable… y además muy hermosa —dijo, dando pasos largos y entrando en la sala con demasiada confianza— No entiendo qué es lo que tanto quiere su esposo conmigo, pero ha estado preguntando por mí en todos lados, y esto ya se está volviendo muy molesto.
Dejó caer su cuerpo con desgana en el sillón más grande, abriendo los brazos como si fuera el dueño absoluto del lugar. Este tipo no era más que un fanfarrón con aires de grandeza; ni siquiera conocía las reglas más elementales de la educación.
—Creo que en realidad mi esposo no lo busca a usted específicamente, sino a una de sus amigas —le respondí, sentándome frente a él y cruzando una pierna con tranquilidad.
—¿Amiga? ¿Cuál de todas ellas? —se rió con insolencia, como si eso fuera una gran hazaña— Disculpe si he sido grosero, pero ¿por qué usted permite que su esposo ande buscando a otra mujer? Por si no lo sabe, las chicas que suelen rodearme no son precisamente señoritas de bien. ¿Me entiende, verdad?
—Por supuesto que lo entiendo… pero ha surgido un problema con una de ellas. ¿Le suena el nombre de Eva?
—¿Eva? Me ayudaría más si me dice cómo es físicamente o qué tal se desenvuelve en la cama —respondió con total falta de respeto— Son tantas que ya no las distingo si no las veo desnudas.
Este hombre era tan desagradable que me daban náuseas solo de tenerlo frente a mí. Coleccionar y presumir de cuántas mujeres tenía a su disposición resultaba simplemente repugnante. Y esa forma en que me miraba, recorriendo mi cuerpo lentamente con la vista, me hacía hervir la sangre por dentro.
—Su vida debe de ser muy emocionante, por lo que veo —dije con voz fría— aunque también muy descuidada. Ni siquiera se toma la molestia de investigar con quién se acuesta. Eso es muy peligroso… para usted, claro está.
—En realidad tengo mis propios métodos —respondió con suficiencia desprendiendo dos botones de su camisa — Las mujeres son como la fruta, cada una tiene un olor especial, así sé cuál está buena y cuál ya no sirve.
Apreté tanto la mandíbula que creí que se me romperían los dientes en cualquier momento. ¿Cómo había terminado Rafael teniendo asuntos con una persona tan despreciable?
—Por casualidad… ¿nos hemos visto antes? —preguntó, inclinándose peligrosamente hacia adelante.
—Lo dudo mucho —respondí con frialdad, sin apartar la mirada.
—Ja, ja, ja… ya veo. Y bien, ¿me dirá por qué su esposo anda detrás de una de mis chicas? Tal vez quieren darle un poco de emoción a su relación… ¿buscan una tercera o cuarta persona para jugar en la cama? Si es así, yo me apunto de inmediato. Usted es preciosa y huele incluso mejor de lo que se ve.
Me puse de pie de un salto, sintiendo que no podía soportarlo ni un segundo más. Él también se levantó al instante y caminó hasta quedar frente a mí, agarrándome con fuerza de ambos brazos.
—¡Suéltame!
—Vamos, hermosa… nadie tiene por qué enterarse. ¿Quién dice que no te guste más lo que yo te puedo dar que ese patético esposo tuyo?
Intenté soltarme, pero ese desgraciado tenía toda la intención de hacerme daño, la fuerza empleada me dejaba claro que no me dejaría ir.
—Llamaré a la policía si no me sueltas ahora mismo —lo amenacé, esperando que recapacitara, pero solo obtuve una risa fría y burlona.
—Llámala, claro que sí te dejo hacerlo. Pero después de que nos divirtamos un rato. Y para entonces, también puedo decir que fuiste tú quien me sedujo. ¿O acaso no fuiste tú misma la que me invitó a entrar?
Andrés me empujó con fuerza contra la pared y desgarró mi vestido de un tirón. Su aliento caliente y asqueroso golpeaba mi rostro, haciéndome sentir asco y miedo al mismo tiempo.
—¡SUÉLTAME! ¡NO ME TOQUES!
De pronto, la puerta se abrió con un estruendo fuerte y seco. Gracias al cielo, era Rafael. Sin dudarlo ni un segundo, lanzó la bolsa con la comida a un lado y se abalanzó sobre ese animal.
—¡¿QUÉ LE ESTÁS HACIENDO A MI ESPOSA?! —gritó con furia, descargando un puñetazo directo en la cara de Andrés.
Este no se quedó atrás y respondió con la misma violencia; en cuestión de segundos, ambos rodaban por el suelo, golpeándose con toda su fuerza.
Apenas podía sostenerme en pie, temblando de pies a cabeza. Con dificultad, logré llegar al teléfono de la sala y marcar el número de los guardias de seguridad.
"¡Vengan rápido! Han entrado a mi casa y están intentando atacarme" —grité con voz entrecortada.
Mientras tanto, Rafael había quedado en el suelo, debajo de Andrés, quien no paraba de golpearlo en la cara y el pecho. Había sangre por todos lados, y si no hacía algo… ¡tenía que hacer algo! Tomé el jarrón de porcelana que estaba sobre la mesa de la entrada y, con todas mis fuerzas, lo estrellé contra la cabeza del agresor. Su cuerpo se relajó al instante y cayó de lado, inmóvil.
—¡Jazmín! ¿Estás bien? —Rafael se levantó de inmediato y corrió hacia mí, con el rostro hinchado y ensangrentado— ¿Te hizo algo? ¿Te lastimó ese desgraciado?
—Estoy… estoy bien —respondí con dificultad, casi sin voz.
Pero era una mentira completa. Estaba tan alterada que apenas lograba respirar. Si Rafael no hubiera llegado justo a tiempo… en ese momento mi mente no quería ni imaginar lo que habría podido pasar.
Editado: 07.09.2026