100 años de redención.

¡Luchare hasta el final por ella!

Tenerla así, tan cerca de mí, era sin duda una pequeña luz en medio de tanta oscuridad y confusión. Aunque por dentro mi mente no lograba asimilar todo lo que acabábamos de vivir, cada vez que pasaba por mi cabeza la imagen de ese desgraciado con las manos sobre el cuerpo de mi esposa, sentía que todo en mi interior hervía como un volcán a punto de estallar en cualquier instante.

Un oficial se acercó de pronto y me separó de su lado con un movimiento brusco y autoritario.

—¡Espere! ¿Por qué también se lo llevan a él? —preguntó Jazmín, interponiéndose entre los dos con valentía.

—Señora, necesitamos tomar declaración a todas las personas involucradas —le explicó el agente— A usted la atenderá una compañera en unos minutos.

—Pero ¿por qué de esta forma? Mi esposo solo me estaba defendiendo de ese hombre —insistió ella, con la voz cargada de angustia.

Cada palabra suya, cada gesto desesperado, y sobre todo el hecho de que me llamara “su esposo” y me defendiera con tanta firmeza, hicieron que mi corazón latiera con una fuerza desenfrenada. Jazmín todavía me amaba; aún quedaba algo de confianza y cariño en su interior, a pesar de todo.

—Tranquila, mi amor —le dije con voz suave, intentando calmarla— Todo saldrá bien. Solo di la verdad y espérame con paciencia.

Luego me arrastraron hasta la sala de interrogatorios y allí conté todo lo que había sucedido, desde el momento en que empecé a sospechar que ese sujeto había enviado a esa mujer para entrometerse en mi vida, hasta lo ocurrido esa misma noche, admitiendo sin rodeos que lo había golpeado por defender a mi esposa.

Para cuando llegó mi abogado, la situación se había vuelto mucho más complicada de lo que imaginaba.

—Rafael, ese hombre te acusa de acoso —me dijo él nada más entrar— Afirma además que fuiste tú quien le propuso un intercambio de parejas y que le enviaste un pase de acceso especial por mensaje, asegurándole que tú estarías fuera de casa y que Jazmín se quedaría sola. Dice que todo fue un plan acordado entre ustedes dos y está dispuesto a llevar el caso a juicio por difamación, falso testimonio, agresión física y daño a su imagen pública.

—¡Ja! ¿Estás bromeando? —exclamé, golpeando la mesa con tanta fuerza que los papeles saltaron— ¡Ni siquiera tengo su maldito número de teléfono! Y jamás, en mil años, permitiría que un ser como él siquiera se acercara a tocar a Jazmín.

—Tenemos que resolver esto cuanto antes —respondió él con calma— Si podemos llegar a un acuerdo, evitaremos un juicio público que nos perjudique a todos. Ya he pagado tu fianza, pero ese tipo se muestra demasiado seguro de sí mismo.

Sin dudarlo un instante, le arrojé mi teléfono sobre la mesa y lo miré con determinación.

—Pueden revisarlo a fondo si quieren. Nunca le envié nada. Es verdad que lo estaba buscando, pero hasta hoy no lo había visto en persona ni hablado con él. Tampoco he dicho nada falso sobre él. ¿Con qué derecho puede afirmar que mis intenciones eran malas?

—Llevaré tu celular y también tu computadora para que sean revisados por los peritos —me aseguró con vos firme.

—Alguien está moviendo los hilos —dije, pensando en voz alta— Hay algo más detrás de todo esto, y quiero saber qué es. Por qué me eligieron a mí para destruirme.

—Tranquilo, lo averiguaremos —me respondió— Solo ten en cuenta que esto afecta gravemente la imagen de la empresa. Miguel no ha dejado de llamar desde que se enteró.

Al diablo Miguel, al diablo la empresa y todo lo demás. Si fuera necesario, defendería a Jazmín frente al mundo entero. No permitiría que ella volviera a sentirse vulnerable o asustada por errores o problemas que yo hubiera cometido en el pasado. También estaba claro que alguien seguía nuestros movimientos muy de cerca, ¿cómo era posible que Andres supiera que yo salí de casa esta noche y que Jazmín estaría sola? De ahora en más tenía que estar alerta a todo lo que nos rodeaba, un solo descuido pondría en peligro la seguridad de mi esposa y eso no lo permitiria.

Cuando salí de la sala de interrogatorios, mi sangre se heló al instante. Vi a Jazmín siendo abrazada por un hombre alto, de rasgos extranjeros. Ella se veía tan tranquila y familiar entre sus brazos que no necesitaba preguntar quién era ese tipo.

—Rafael… ¿qué ha pasado? —me preguntó ella, acercándose con temor reflejado en sus ojos.

—Ahora todo quedará en manos de la justicia —le respondí con amargura intentando disimular mi desagrado — Andrés insiste en que fui yo quien lo invitó a nuestra casa y que tú también buscabas tener relaciones con él.

—¡Hijo de perra! —gritó ella, con la rabia explotando en su voz.

En ese momento, Andrés también salía de su sala. Antes de que yo pudiera reaccionar, fue Jazmín quien se lanzó sobre él con una fiereza que no le conocía, golpeándole el pecho con los puños cerrados.

—¡Dime qué querías decir antes! ¿Qué significa eso de que todo estaba planeado para que nos encontráramos?

—¡Ja, ja, ja! Tal cual lo escuchaste, preciosa —respondió él con burla— No diré nada más.

—¡Habla ahora mismo! —le exigió ella perdiendo la compostura.

Intenté llegar hasta Jazmin para apartarla, pero ese tipo fue más rápido, la tomó con suavidad y la alejó de ese desgraciado, pasando una mano por su cabello para calmarla.

—Ya basta —le dijo con voz tranquila y firme— Esto solo empeorará las cosas. La verdad saldrá a la luz, Jazmín; no pierdas tu dignidad con alguien de su calaña.

—¡Ja, ja, ja! —rió Andrés con desprecio— Veo que eres peor de lo que me contaron. Con tu esposo aquí mismo, ya tienes a otro hombre atento para consolarte. ¡Quién lo diría! La perfecta señora de casa resulta ser una ramera en secreto.

Me moví tan rápido que mi propio cerebro no alcanzó a procesar lo que hacía. Los oficiales tuvieron que intervenir de nuevo para impedir que volviera a golpearlo. Pero justo en el momento en que me separaban, ese hombre dio un paso adelante y le lanzó un golpe tan fuerte en la mandíbula que lo hizo caer de espaldas al suelo.




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