Mara apretó los dientes mientras lanzaba su mochila sobre el montón de cajas que invadían su cuarto, ya que al siguiente día sería su primer día de clases en su nueva escuela; hacía apenas un día que se había mudado y ya tenía que lidiar con la escuela tan pronto. Había vivido toda su vida en un tranquilo pueblo, pero en cuestióna de un parpadeo se encontraba instalada en una nueva casa ubicada en la ciudad.
Su madre entró en su habitación y dejó sobre su cama lo que sería su uniforme de ahora en adelante salio de su habitación no si antes decirle:
"Mañana te pones este uniforme y sonríes"
Mara escudriñó el caos de cartón que ahora llamaba habitación. Las cajas amontonadas parecían muros que la asfixiaban en esa ciudad desconocida. Sin fuerzas para desempacar, se dejó caer sobre la cama; el único mueble que no la miraba con exigencia. Cerró los ojos y, antes de que el primer suspiro abandonara sus labios, el cansancio la arrastró al vacío.
“Mara, despierta, esto es un sueño."
Se repitió mentalmente a sí misma al darse cuenta de que estaba teniendo el mismo sueño que la atormentaba desde meses atrás. El lugar era el mismo de siempre, una vieja y abandonada estación de tren; aunque era un “simple sueño”, podía sentir olores en el lugar, como el olor a madera podrida de los durmientes de madera. En el lugar era claramente de noche; estaba oscuro, a excepción de un farol que brindaba un poco de luz amarillenta. En cierto punto, la vibra de la estación era algo tétrica.
Mara se esforzó por hacerse reaccionar y despertar, pero extrañamente ocurrió algo que no había pasado antes en su sueño: un silbato de tren lejano resonó en el lugar y poco a poco comenzó a hacerse cada vez más cercano. En cuestión de segundos, las luces delanteras del tren comenzaron a hacerse visibles y el sonido del silbato se volvía algo molesto. Con curiosidad, se acercó al borde de la plataforma.
Ingenuamente, creyó que el tren se detendría, pero no fue así; en su lugar, comenzó a ir más rápido. Justo cuando estaba por pasar frente a ella, Divido a a un descuido suyo Mara dió un pasó en falso que la hizo caer hacia las vías, justamente cuando el tren iba a pasar.
Se despertó de un sobresalto con el rostro empapado de sudor y con el corazón latiendo de forma acelerada, como si acabara de correr un maratón. Su cuerpo estaba dolorido, como si el impacto contra las vías hubiese sido real; sus oídos zumbaban con el constante pitido del silbato del tren. Al calmarse, se sentó sobre su cama y revisó su celular para ver la hora.
11:11 pm
A las 6:30 am su alarma sonó; Itzamara ni siquiera se molestó en apagarla, dejó que sonara unos minutos más hasta que se cansó y terminó votando su celular lejos. No había dormido durante toda la noche, no desde que tuvo ese sueño, el cual había sido lo suficientemente traumatizante como para no querer dormir de nuevo.
Se levantó de la cama con notable flojera, entró al baño y observó lo mal que se veía; tenía círculos oscuros alrededor de los ojos, además de que su cabello estaba revuelto. Claramente no estaba de humor, pero debía ir a la escuela, ya que no tenía opción.
Su frustración e irritación se incrementaron aún más de tan solo pensar en que tendría que soportar estar rodeada de simios llamados “compañeros de clases” y ver cómo un profesor con sonrisa fingida escribe en el pizarrón. Pensar en todo lo que le esperaba le revolvió el estómago.
Su madre se había tomado la molestia de acompañarla a la escuela, lo cual agradecía. Estaba bastante nerviosa; sabía que durante algunos días sería el centro de atención de la clase y de los profesores. Entró en el aula y, para su mala suerte, toda la clase y el profesor ya se encontraban en el aula. Toda la atención se centró en Mara; unos nervios nauseabundos comenzaron a inundarla.
El profesor la obligo a presentarse frente a toda la Mara respondió con el piloto automático encendido, deseando que la tierra la tragará. Ni siquiera se molestó en responder con sinceridad quería que el día llegará a su fin y poder estár en casa; su vida era aburrida pero al menos podía ordenar y limpiar su caótica habitación.
Para su suerte, el día pasó de forma rápida, pero eso no evitó que fuera aburrido y fastidioso para ella. Tuvo que soportar a los que serían sus compañeros por tres años, a los cuales no tenía ningún interés en conocer, ni mucho menos en entablar conversaciones. Jamás pensó que lo pensaría, pero extrañaba su antigua escuela o, más bien, a sus únicas tres amigas.
Miró a través de la ventana del auto de sus padres cómo afuera había un embotellamiento; su padre decidió tomar otra ruta alterna para no quedarse atascados durante horas, pero al ser nuevos en la ciudad y no conocer bien las calles y avenidas, terminaron perdiéndose.
Por la noche, Mara se encontraba en su habitación sentada frente a su escritorio mientras hacía tarea; llevaba todo el día sentada y parecía que jamás terminaría de hacer sus deberes. Revisó la hora.
10:50 pm
Se le ocurrió una idea alocada pero agradable: quería fugarse en una salida nocturna. Sin pensarlo dos veces, saltó por la ventana. No estaba preocupada de que sus padres pudieran notar su ausencia, ya que estos se fueron a la cama temprano; era algo normal después de un día largo y cansado.
Lo que no imaginó es que perdería tan rápido. Comenzó a arrepentirse por haber salido sin su celular; sin este no tenía forma de ubicarse, así que no tuvo más opción que vagar por las calles. No supo cómo, pero llegó a una zona de la ciudad que estaba completamente vacía y, extrañamente, había una vibra tétrica.
Trató de no darle importancia y siguió caminando. Al caminar unas 6 cuadras más, llegó a lo que parecía una estación de tren. Al observar con mEl s detenimiento, sintió como un frío le recorrió todo el cuerpo. Unas náuseas intensas la invadieron, al igual que un extraño sentimiento de “algo está a punto de pasar”.