Se tomó su tiempo en la bañera; al salir, se envolvió en una toalla. Caminó hasta el espejo, pero el reflejo le devolvió una vista que no era suya. Sus ojos se abrieron como platos; entonces el silencio de su habitación se rompió con un grito que ni ella misma conoció.
Escucho la puerta de su habitación abrirse de golpe, seguida de pasos apresurados que se dirigieron a su posición y se detuvieron frente a la puerta del baño.
—Mara, ¿qué te pasa? ¿Por qué gritas así? Vas a despertar a toda la cuadra —exclamó su madre con notable irritación en su voz.
Golpes en la puerta la sacaron de su trance. De nuevo eran sus padres preguntando por qué había gritado. Tardó unos segundos en responder e inventar una excusa antes de que se les ocurriera entrar por la puerta.
—Es que vi una araña enorme, pero creo que ya se fue —respondió intentando sonar lo más serena posible.
Escuchó la voz de su padre murmurando algo, pero ni siquiera le prestó atención; estaba más concentrada en su propio reflejo como para siquiera prestar atención a lo que decían sus padres.
—¿Estás segura? Voy a entrar —dijo su padre mientras giraba el pomo de la puerta. Alcanzó a tomar el pomo para evitar que su padre abriera la puerta.
—Estoy bien, ya pueden irse a dormir.—Bien, pero no desveles mucho; mañana tienes escuela.Suspiró aliviada al escuchar los pasos alejarse, seguidos del sonido de su puerta siendo cerrada; caminó de regreso al espejo y observó con detenimiento su apariencia.
Su cabello castaño, antes corto hasta los hombros, se había tornado de un azul índigo, además de que ahora era largo a tal punto de llegarle hasta la espalda baja. Se pasó las manos por el cabello; al moverlo, notó que había pequeñas estrellas tilintinando entre los mechones que ahora le caían sobre la espalda.Sus ojos, que antes eran verdes, ahora eran de un color azul profundo con destellos violetas.
Lo más increíble eran sus brazos; al levantarlos, los vio con más detenimiento: su piel se había vuelto translúcida, revelando un polvo de estrellas plateadas que se movían bajo la superficie como una galaxia en miniatura. Sobre sus hombros y clavículas estaban retratadas constelaciones que nunca antes había visto. Se quedó unos segundos más admirando su apariencia, salió del baño y se metió en la cama.
A la mañana siguiente, su alarma sonó, despertándola. Entró al baño y se miró al espejo. Estuvo a punto de gritar de nuevo como en la noche anterior, pero logró contenerse. Ingenuamente, creyó que lo de anoche solo había sido parte de un sueño raro, pero tarde se dio cuenta de que no era así. Se quedó en blanco durante unos minutos, intentando pensar en alternativas para ocultar su nueva apariencia.
Recordó que en la habitación de su madre había una especie de tinte de cabello. Se escabulló aprovechando que sus padres se encontraban dormidos aún, regresó de nuevo al baño y se roció una gran cantidad del tinte para tratar de camuflar su ahora cabello índigo.
El envase quedó completamente vacío; había logrado su cometido. Su cabello de nuevo era castaño, pero había otro problema: anteriormente su melena era corta y ahora estaba sumamente larga. Recordó un viejo hack que vio en YouTube hace años: tomó un listón, lo ató cerca de las puntas y jaló de ellas hacia adentro de la nuca; de esta forma aparentaba tenerlo corto.
<<Gracias, ideas en 5 minutos>>
Tardó en ponerse el uniforme; para su buena suerte, este era de manga larga, así que las marcas de sus hombros y sus brazos no serían visibles, pero sus manos sí. Tomó base de maquillaje a prueba de base y sudor que tenía en un cajón y aplicó una gran cantidad en sus manos para camuflarlas.Su apariencia de nuevo era “normal”, pero sus ojos la delataban.
Maldijo por dentro por no contar con lentillas; escuchó a sus padres en el comedor. Se había tardado tanto en prepararse que ni siquiera escuchó cuando se levantaron.Observó la hora y se dio cuenta de que ya se le estaba haciendo tarde; esa era la excusa perfecta para no tener que interactuar con sus padres.
Tomó su mochila y salió corriendo, no sin antes colocarse lentes de sol para evitar que alguien notara la peculiar apariencia de sus ojos. Era un hecho que se veía rara usando lentes de sol tan temprano en la mañana. Llegó a la escuela; las horas pasaban de forma lenta y, cuando llegó el receso, no lo dudó y decidió salir del plantel. Arrojó su mochila por encima de la barda que rodeaba la escuela; escuchó seguida de ella que saltó con facilidad la barda; no era la primera vez que lo hacía. Su mente no dejaba de dar vueltas a lo sucedido la noche anterior.
<<¿Quiénes eran esos tipos?>>
Comenzó a caminar en piloto automático. Recordó el extraño y peculiar aspecto de las personas que había visto la noche anterior; la curiosidad la carcomía por dentro; quería saber el porqué le habían disparado con aquel extraño líquido azul, el cual dedujo que era un tranquilizante. Su radical cambio de apariencia le dejaba claro que lo que había vivido la noche anterior no era un sueño. Se propuso encontrar la dichosa estación, pero conforme más caminaba, más se perdía entre las desconocidas calles.
<<Debo encontrar la estación>>.Mientras caminaba y doblaba esquinas, notó que un auto negro de vidrios polarizados con un logotipo a un costado, “Ecovida”, la seguía desde calles atrás. Trató de no darle importancia, pero no pudo evitar incomodarse. Comenzó a caminar más rápido, hasta el punto de correr.
Llegó a la zona centro de la ciudad donde abundaban puestos de comida, personas caminando o divirtiéndose. Aprovechó para perderse entre las personas del lugar hasta lograr salir del concurrido centro. Suspiró aliviada al lograr perder de vista al auto. Retomó su búsqueda de la estación a la vez que continuaba su camino; comía charamuscas que compró cuadras atrás en un puesto.
Conforme caminaba entre calles estrechas, paredes de colores y calles inclinadas hechas de piedra que brilla cuando está húmeda, tuvo que andar de pasos cortos para no patinar. Mara se regañó internamente al darse cuenta de que se había perdido; caminar sin un rumbo fijo no había sido una buena idea. Después de todo, se detuvo en un mirador a descansar; su vista se dirigió hacia las innumerables casitas de colores amontonadas en el cerro.