12 Meses Para Un Sí: Apariencias Convenientes

3

Quizá no fue coincidencia encontrarme con contigo. Tal vez esto lo quiso el destino.

—Así qué tu eres el hombre del avión.

—Por supuesto—asintió, viendo su teléfono.

—Y eres famoso.

—¿Esperabas que no lo fuera?

—Esperaba no volver a cruzarme contigo.

—¿Decepcionada?—no me miro.

—Un poco.

Solté a reír al ver su expresión de confusión al alzar el rostro y verme por fin. Por consiguiente logré sacarle media sonrisa mientras negó con la cabeza.

Esta mañana Evan había pasado por mi en su auto negro y elegante, con chófer incluido. Ahora se que ese hombre que lo acompañe ese día se llama Murray. Así que Murray ahora nos lleva... a no se donde.

—¿A dónde vamos exactamente?

—Tienes que verte excelente para esta noche, iremos a cenar y Martin llevara un paparazi que nos tomará la foto para anunciar el compromiso.

—¿Martin Luther King?

—Seriedad Mishell—pidió.

—Ya.

El auto se detuvo afuera de una tienda que no logré verle el nombre. Antes de que pudiera siquiera decir una palabra más mi teléfono sonó, mi sonrisa se borró al ver el nombre en la pantalla, es una de las llamadas diarias Bart. Silencie mi teléfono, deseando que esto pronto termine.

—¿Quién te llama?

—Bart.

Dudaba si debía responder, el otro día le respondí y aun así apareció en casa. Desde entonces no lo he visto, le he hecho creer que los padres de Molly nos acompañan a todos lados.

—No vas a responder—me quito el teléfono justo en el momento que iba presionar el botón verde.

—Si no lo hago...

—No puedes hablar con tu ex novio, Mishell, ahora eres una mujer comprometida.

—Si no lo hago va aparecer en mi puerta esta noche, y cuando se enoja no es muy agradable.

—No le tengas miedo.

—No le tengo miedo.

—Hablas como si tuvieras miedo de él.

Colgó la llamada, y de inmediato su nombre apareció por segunda vez en el celular, esta vez apagó el aparato.

—No podrá acercarse a ti, dos elementos de seguridad se van a quedar contigo todo el día hasta que llegues al restaurante.

No supe que decir.

Ya me había acostumbrado a lidiar con Bart, había aprendido a tratar con él en algunos casos, aprendí a mantenerlo alejado, pero no a con controlar lo que hace.

Evan saco de su billetera una tarjeta de color negra con bordes plateados, extendiéndola hacia mi con solo dos de sus dedos.

—¿Eso que?

—Compra un atuendo lindo para hoy.

Tome la tarjeta, dudosa.

—¿Y que tiene de malo mi ropa?

—Iremos a un restaurante de lujo—dijo solamente.

Alce los hombros sin darle tanta importancia al asunto, cuando estuve a punto de baja me detuvo.

—Te hice una cita en el salón de un costado, arregla tu cabello, tus manos y maquíllate un poco—ordenó

—Siento que con estoy me quieres decir algo pero no estoy segura de que, solo di que soy fea y ya, no necesitas decirlo de esa manera.

—No dije que fueras fea, Aria, solo quiero que todo salga bien esta noche. Tu mano con el anillo será el anuncio de hoy, así que tienen que lucir excelente.

—Bueno, si voy a estar todo el día aquí ¿puedo llamar a mis amigos?

—No.

Agh. Se pone pesado.

—Vamos—junte mis manos en un puchero—, anoche les dije lo que me dijiste, por lo menos quisiera pasar tiempo con ellos antes de que todo explote.

Soltó un suspiro cansado, antes de verme a los ojos de nuevo.

—Está bien, pero no puedes decirles nada de esto ¿esta claro?

Solté un suspiro también. El anillo esta en su caja, dentro de mi pobre bolso desgastado.

—Vale, como digas.

—Cuando estés lista Murray vendrá por ti ¿de acuerdo?

—Sipiridi.

Tome mi teléfono de regreso cuando me lo extendió.

—Y no vuelvas a responderle una llamada a ese tipo.

—Noporodo—le di un beso en la mejilla qué lo dejo quieto—. Adiós, futuro marido falso.

Baje del auto, sin esperar nada.

Nunca en mi vida había venido a este tipo de lugares, toda mi ropa la conseguía en los pequeños tianguis del pueblo, y aquí en Canadá siempre me fui a lugares de segunda solo para ahorrar el mayor dinero posible.

Quién diría que ahora estaría frente a un lugar de ropa cara a punto de comprar un atuendo qué probablemente valdrá más que mi salario mensual en la fábrica.

Encendí de nuevo mi teléfono, y llame a Molly. No me respondió, pero deje un mensaje de voz diciéndole que viniera, junto con la dirección.

Con Oliver respondido de inmediato, cuando le dije que viniera al mismo lugar que a Molly dijo que llegaría en veinte minutos. Dudo que se tarde eso, pero bueno.

Entre al lugar de la ropa, todo dentro era demasiado acogedor.

Una señorita me recibió de buena manera, cuando le dije lo que buscaba me llevo a una sala apartada llena de ropas exhibidas en un perchero con ruedas.

—¿Qué buscaba exactamente?

—Uhm, no lo sé. ¿Qué me sugiere?—pregunté pasando mis manos por entre las telas.

—¿A que tipo de evento asistirá? Así puedo sugerirle algo acorde a ello.

—Es una cena, esta noche—explique—. En un restaurante de esos carísimos qué cuestan una fortuna.

—¿Una cena de negocios?

—Para anunciar un compromiso.

Ella asintió. Ayudo a formar un par de outfits chidos para mi cena, pero nada me convencía. Me probé dos vestidos del mismo modelo, diferente color, ambos me gustaron pero no sabía cual elegir.

Justo cuando me probé una tercera opción, un vestido beige que me llega hasta la rodilla, con un abrigo café que le hacía muy buena combinación.

Oliver apareció puntual.

—¡Oliver, que bueno que llegas—dije apenas lo vi entrar—¿Cuál te gusta más? ¿El rosa o el azul?—alce los dos vestidos que me probé anteriormente.

—Yo diría que el beige con ese abrigo café—opino la vendedora.

—Eh... no entiendo. ¿Qué estamos haciendo aquí Mishell?

—Luego te explico, ¿si? Ahora ayúdame a decidir que Molly no me respondió.




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