Sonríes y le das otra oportunidad a este amor viajerooo, y aunque parece ser, está en tu realidad arrodillarte al miedooo.
La historia de Evan es un asco, ¿galería de arte? ¿No se le ocurrió algo más normal? Yo que se ¿un vuelo, tal vez? Eso se acerca más a la realidad.
—Molly ¿Viste que Erson Morin esta comprometido?
—Si, esta mañana me salió un video sobre eso.
—¿Quién crees que sea la misteriosamente chica de la foto?
—No tengo idea, pero pobre chica. No sabe en lo que se mete.
De hecho si, si sé.
—¿Huevos?—cuestionó Molly.
—No.
—¿Carne de vaca o de puerco?
—De vaca.
—¿Un kilo?
—Yo diría que cuatro, voy a cocinar para siete personas, y mi padre come por tres.
Molly dejo todo en el carrito impulsado por Oliver.
—¿Quién es la séptima persona que va venir a tu cena?—cuestionó siguiéndome por el pasillo del supermercado—¿Es Bartolomé?
—Por favor, Molly—habló Oliver—¿no es obvio, el séptimo invitado soy yo? Mishell y yo somos el uno para el otro, y por fin me va a presentar a su familia como su amor de cuento de hadas.
Pobre Oliver, ambos habían llegado a mi departamento a preguntar por lo del otro día, y les toco la mala suerte que al entrar fueron interceptados por los guaruras de Evan.
Tuve que decirles desde la ventana que son mis amigos y son inofensivos.
Los dejaron pasar, y entraron asustados y con más dudas, yo aun no puedo decir nada, y como Evan prometió asegurar mi departamento después, los saque de ahí con la excusa de que mis padres llegan hoy y voy a cocinarles.
—Mishell, ¿Ya nos vas a decir en que lio te metiste?
—Claro ±Por supuesto que sí—me hice mensa viendo una estantería que exhibe pastas—. Mira tienen sopa en forma de moño, adoro esa sopa.
—Aria Mishell, habla—exigió Oliver.
Tome unas cuantas pastas de espagueti para hoy.
Aunque todo fuese actuado, me entusiasma ver a mi familia en persona después de tres años, la última vez que los vi fue en navidad cuando salía con Bart. Quiso impresionarme con un viaje a casa y la verdad estaba tan feliz que no le di importancia a la situación entre nosotros
—Vale, se los diré.
—¿Y bien? ¿Por qué de repente tienes mucho dinero y un hombre te recoge en un auto?
—¿Y porque de repente tu casa está custodiada por unos gorilas?—secundo Oliver.
Quise mantener el suspenso, pero ellos no me dejaron.
—¡Habla, Mishell!—exclamaron ambos.
—Es que conocí a alguien—murmure.
—¿Cómo que alguien?—cuestionó Molly.
—¿A que te refieres con eso?
—¿Me van a hacer decirlo aquí?
—¡Si!—Oliver se recargo en el carrito—. Tu nos arrastraste hasta aquí.
Eso es verdad.
—Bueno, es que conocí a alguien.
—Eso ya lo dijiste, Mishell—se quejó Molly.
—Solo le está dando vueltas y vueltas para no decirnos.
—Si les quiero decir, pero no se como lo van a tomar.
—Por favor, ni que te fueras a casar con un desconocido.
Me mantuve en silencio.
No quiero que lo sepan aún, la historia que Evan me envió ellos no la creerían, así que tendría que inventar una propia, al menos hasta que pueda contarles la verdad.
—Solo les puedo decir que Bart ya no será un problema para mi.
—¿Ya se rindió?
—Ese imbécil lleva cuatro años acosándote, no se va a rendir así de fácil.
Pues, espero que entiendan porque decidí lo que decidí hacer para librarme de Bart.
Seguimos con las compras para la cena de hoy, mientras Evan envío un equipo de seguridad a instalar un sistema para que Bart no pueda entrar de nuevo a mi departamento, me pidió una foto del hombre, pero yo no se como conseguirla. Así que por ahora, estaré vigilada todo el tiempo, hasta que me mude con Evan.
—¿Qué más necesitas?—preguntó cuando vio que no diría nada.
—Uhm, chile, tomatillo, comino, espagueti, carne—repase la lista mental qué hice.
Dios, debí traer conmigo la hoja donde anote todo lo que ocuparía.
—¿Qué vas a cocinar?
—Espagueti en salsa verde y asado rojo—recordé lo que me falta—chile rojo, laurel, sal, y para el postre... no se que hacer.
—Un pastel—sugirió Molly.
—Mhm... no, a Oscar y a mamá no les gusta el pastel, además no se hacerlos.
—Un pay.
—Tampoco se hacerlo.
—Puedes comprar uno.
Saque mi teléfono, abriendo el chat de Evan.
No he hablado con el desde la última llamada qué me hizo para decirme que pondría seguridad en mi casa.
Mishell:
¿Te gusta el pay?
No espere respuesta, creí que estaría ocupado o algo así.
Señor de Hierro:
No.
Mishell:
Ok.
No insistí, quizá estaba demasiado ocupado para responder.
Señor de Hierro:
Donas.
Medio sonreí, al menos intenta comunicarse.
No respondí, y fui por dos cajas de donas. Molly y Oliver me miraron algo con los ojos entrecerrados.
—¿Donas?
—Si.
—No te gustan las donas, Mishell—Molly se puso en defensiva otra vez —¿Por qué llevarlas si no te gustan?
—Me despreciaste una dona el día que no se conocimos ¿y ahora compras donas?
—Son para mi familia.
No parecieron créese mis palabras, pero al menos no volvieron a cuestionarme sobre las donas cuando decidí agregar una caja más.
Lo último que eche al carrito, fue todo lo que necesitaba para hacer una deliciosa agua de sabor sandia natural, lo único malo es que no encontraba una sandia.
—¿Ya es todo?.
—Me falta una sandia.
—Para que.
—Para el agua, quiero hacer agua de sandia como la hacía mi madre cuando estaba pequeña.
Gracias a Dios encontramos una sandia, roja, buena y jugosa. Había aplicado mi conocimiento en el campo para escogerla, Oliver me vio raro, y al final explique que todo sobre sandías lo había aprendido en mi pueblo.
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Editado: 23.07.2026