13 Noches

CUARTA NOCHE (1)

Banda sonora: Within Temptation - Faster

MAKS

El sueño me abandonó temprano. No era el insomnio al que uno se acostumbra con los años, cuando los sueños son reemplazados por recuerdos y cada noche es solo otra huida de ellos. Esta vez me desperté como por un golpe seco, sintiendo cómo una tensión desconocida me atenazaba los músculos y pugnaba por salir en forma de un pulso acelerado que retumbaba en algún lugar profundo de mi pecho. No me gustaban este tipo de mañanas, porque siempre escondían una ansiedad que ni el asesino más experimentado podía domar.

Levantándome lentamente del sofá, eché los hombros hacia atrás y respiré el aire fresco de la mañana. La casa aún dormía, y Kira con ella. La velada de ayer, su mirada que se había deslizado sobre mí como si rozara accidentalmente un nervio expuesto, me resultaba ahora insoportable. Estaba acostumbrado a vivir en un mundo donde todo es sencillo: aquí está el objetivo, aquí está el arma, aquí está el dedo en el gatillo. Pero en ese momento todo aquello parecía demasiado lejano, y me encontraba en un lugar donde los límites entre el blanco y el negro se habían difuminado hasta lo indecente. Hasta una maldita y peligrosa indecencia.

El hombre acostumbrado a controlar cada uno de sus movimientos, de repente sentía que estaba perdiendo el control sobre sus propios pensamientos. Una sombra ajena había aparecido en mi cabeza: una figura femenina que se había incrustado demasiado hondo en mi conciencia como para poder simplemente borrarla. Aquello me irritaba hasta la locura. Porque sabía que esas sombras siempre dejan huella: profundas, dolorosas, imposibles de ocultar bajo ningún vendaje.

Caminé lentamente por la habitación, me asomé a la ventana y vi cómo la niebla se deslizaba entre los árboles, como los contornos borrosos de mis propias dudas. En el fondo sabía que ya no podría recuperar aquel silencio, pero seguía albergando la esperanza de poder mantener de nuevo la situación bajo un puño de hierro. Tenía que hacerlo. Por mi propia supervivencia.

—Estás despierto —sonó su voz de improviso, interrumpiendo mis pensamientos.

Estaba parada en la puerta del dormitorio, apoyada contra el marco, mirándome como si pudiera leer en mi cabeza todo lo que yo me ocultaba hasta a mí mismo.

—Nunca duermo mucho —respondí secamente, sin permitir que mi voz revelara mis verdaderos pensamientos.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó, dando unos pasos hacia delante, como acortando la distancia que habíamos establecido ayer.

—Vivo. Y eso ya es un logro, ¿no crees?

Su mirada me recorrió con más detenimiento. La chica parecía estar intentando encontrar algo que yo intentaba ocultar, pero enseguida desvió los ojos, como si hubiera comprendido que no valía la pena.

—Hoy tenemos que irnos —dije en voz baja, intentando devolver a la conversación una gélida claridad—. Polina traerá el coche. Prepárate, no tenemos mucho tiempo.

Kira asintió en silencio, pero hubo algo en su mirada que me llamó la atención. No supe determinar si era duda, miedo o, tal vez, una esperanza que intentaba ocultar. En cualquier caso, era algo en lo que no tenía derecho a distraerme en ese momento.

—Maks... —su voz sonó más baja, casi en un susurro, obligándome a detener mis pasos y a mirarla directamente a los ojos—. ¿Qué fue lo de... ayer?

Su pregunta quedó suspendida en el aire, como una espada invisible apuntando al lugar más vulnerable. Sentí cómo el frío me recorría lentamente la espalda, consciente de lo fácil que era dar un paso en falso en aquel instante.

—Nada —solté, con más dureza de la que pretendía—. Solo un momento. Olvídalo.

Vi cómo algo profundo en sus ojos se apagaba, como si yo acabara de extinguir la única fuente de luz en aquella habitación. Pero así era mejor. No podía permitir que llegáramos demasiado lejos. Habría sido un desastre. Para ella. Para mí. Para todos.

—De acuerdo —respondió en voz baja y seca, dando un paso atrás.

La doctora se dio la vuelta y desapareció tras la puerta, dejándome a solas con la sensación de que algo importante se acababa de romper con un chasquido que solo yo podía oír. La sensación de pérdida fue inesperadamente aguda, como el corte de un cuchillo afilado sobre un nervio. Y supe de inmediato qué era exactamente lo que había perdido: la paz. El hombre que nunca había temido a ninguna bala, sentía ahora que temía a sus propias debilidades. Y aquella batalla era mucho más aterradora que cualquier otra en la que hubiera participado antes.

Polina llegó casi sin retraso. Oí el crujido de la grava al acercarse el todoterreno y aquello me hizo tensarme instintivamente. Tenía que llevarse el coche de Melnyk y deshacerse de él para siempre, borrando así otro rastro que pudiera llevar a alguien hasta allí. Polina siempre había sido fiable en esos asuntos, y por eso aquel poso frío e incomprensible en su mirada me inquietaba aún más.

Cuando se bajó del vehículo, no había en sus movimientos ni rastro de su habitual relajación o su actitud fanfarrona. La mujer me tendió las llaves del coche en silencio, señalando con la cabeza el todoterreno negro aparcado al lado.

—Todo limpio. El coche no es de nadie, tiene papeles y el depósito lleno —su voz sonaba baja y contenida como nunca.

—¿Y te apañarás con el coche de Melnyk? —pregunté sin apartar la mirada de ella, intentando captar algo que estuviera ocultando.

—De eso no te preocupes —respondió Polina de forma algo más cortante de lo necesario, pero luego volvió a mostrarse fría y concentrada.

—Por algún motivo, tu seguridad no me tranquiliza —espeté secamente, sintiendo cómo mis sospechas arraigaban aún más profundo—. Si algo sale mal...

—Nunca te he fallado, Maks —me interrumpió de forma tajante; sus ojos volvieron a buscar los míos, esta vez con aire desafiante—. Y tampoco lo haré ahora. Tú limítate a marcharte.




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