Duendes, pequeños seres, enanos, chaneques, que es una expresión náhuatl que significa que son seres que habitan en los lugares peligrosos, son conocidos por esconder cosas, perder a los niños y hacer travesuras dentro de las casas o lugares donde habitan. Les han dicho de diferentes maneras, son conocidos de distintos nombres, hay buenos, malos, los que te protegen, los que hacen intercambios, los que cumplen deseos, hay de muchas maneras para asociarlos. ¿Los recuerdas o los haz visto? No mientas. Sólo los que están ligado a las cosas oscuras los han logrado ver, incluso los que han jugado o burlado obtuvieron su merecido por meterse en lo que no debían. Mientras tanto, en la casa de Emily se encontraban Kevin, Alexander, Diego y Samara ahí en la casa de la morena. Ella los había citado para mostrarles algo y decirles lo que le ocurrió. Habían pasado ya algunas semanas desde lo ocurrido en aquella biblioteca de la escuela. Aún estaba la idea de procesar lo ocurrido de aquel momento. El estrés, el cansancio, el dolor de cabeza. No deberían pensar tanto en aquello, tenían otras cosas que hacer, tenían trabajo, planes a futuro, ¿Por qué deberían preocuparse por unos estúpidos sueños? Eso sólo eran cosas de niños. Ha ninguno le ha ido bien, incluso se veían menos activos y debemos admitir que las discusiones aumentaban demasiado. Cuando se reunían, la tensión subía, pero separados, la sensación bajaba, necesitaban despejarse y aclararlo. Las respuestas se sentían tan lejos, como si se resbalaran entre sus dedos, querían saber todo, pero a la vez aún deben saber a qué amenaza se estaban enfrentando.
—¿Estás segura de que no fue un mal sueño el que tuviste? —pregunta algo curiosa la castaña, incluso acostada en la cama de Emily mientras revisaba algunos vídeos en internet en su celular.
Escuchar lo que le decía la otra ni sabía cómo tomarlo, se suponía que ver un duende era algo en uno en un millón; es algo raro de notar su es real o no, más que nada era que los demás te crean. Sin evidencia nadie te creía.
—Te digo que no fue un sueño. Estaba totalmente despierta —decía, su tono de voz se podía notar que estaba cansada, como si ya estuviera harta de hablar de lo mismo, de intentar hallar alguna respuesta. Emily; sentada en aquella silla giratoria cerca de su escritorio.
El silencio reino la habitación, incluso se volvió algo incómodo cuando la castaña nota a la morena algo inquieta. Estaba claro que algo ocurría y ella no había dicho nada. No tenía nada en contra de que se quede callada, pero Samara sabía que guardarse las cosas haría mucho más daño de lo que creía, ella lo sabía, el dolor que se acumula por guardar todo y no desahogarse. Ella voltea a ver a los chicos que se han mantenido en silencio, incluso ellos intentaban procesar lo que habían escuchado de la dueña de esa casa. El ambiente se volvió diferente e incluso de aquellas semanas se volvieron más cercanos sin pensarlo, aunque no se dijeran muchas cosas siempre estaban juntos. En aquella habitación faltaban cosas y eso a los demás les hizo dudar mucho, Samara decidió levantarse y acercarse a Emily y observo lo que había estado leyendo en internet. Los temas eran los típicos: terror, leyendas, mitos, etc. Al entrar unos de esos links con el nombre ''chaneques'', la atención subía para ambas. El titulo llamativo, las imágenes, la escritura, anécdotas.
Sólo con eso hizo que la castaña trajera otra silla y poder sentarse al lado de la otra mujer, al menos poder leer también de lo que se encontraba ahí. Se podía leer lo que se veía en internet: "Los chaneques son seres míticos del folclore mexicano, especialmente en las culturas nahuas y totonacas, que son considerados guardianes de la naturaleza, como bosques y ríos, y se les asocia con el inframundo y el mundo espiritual. Se les describe como pequeñas criaturas humanoides, a veces con pies al revés, que pueden ser traviesos y engañosos o protectores de la naturaleza y los animales. Los chaneques pueden causar enfermedades o asustar a la gente, como el 'espanto de chaneque', pero también pueden ayudar a quienes respetan la naturaleza". Ambas se voltean a ver con curiosidad, incluso se podía notar lo confusas que estaban por los tipos de duendes que había y que en este caso; los chaneques solían ser algo que no querían toparse. Aunque adoraban este tipo de temas, lo único que querían era no saber más del tema. Samara se aleja un poco para recargarse en el respaldo en la silla donde estaba sentada pensando, habían estado tranquilas sin que sucediera nada en esas dos semanas, cosa que ponía de nervios a quien sea. Se pasa una mano por su rostro y suelta un bostezo, estaba cansada. Eso la estaba matando.
—¿Eso fue lo que soñaste? —Diego intenta no sonar algo incrédulo al leer el artículo desde atrás de ellas.
Emily asiente sin prestarle atención a la pregunta que le hicieron, seguía leyendo lo que decía aquella página, el silencio inunda la habitación, aunque fuera de día se sentía que tenía una extraña sensación de no estar solos, que había alguien más acompañándolas aún sabiendo que Emily siempre ha vivido sola. El ruido de un objeto cayéndose al suelo hizo que dieran un salto en donde estaban para poder voltear hacia la puerta que daba al pasillo. Se veía oscuro, era raro, se supone que la luz solar entraba por las ventanas. Entraron en modo de alerta por eso, se suponía que estaban solos, Kevin se acercaba despacio; todo eso lo mantenía tenso, pero al notar que no se veía nada sólo soltó una leve risa como para calmar la situación y que los demás estén tranquilos, pero de pronto, el sonido de unos pasos corriendo por aquel pasillo hizo que los demás se levantarán con brusquedad y el rubio correr de golpe para cerrar aquella puerta. Emily puso cerrojo para lo que sea que esté afuera no entrase. La castaña respira un poco agitada y voltea hacia la otra algo alterada.
—¡¿Qué carajo fue eso, Emily?! —alza la voz Alexander, había interrumpido a la castaña ya que quería alguna explicación al respecto. No se esperaba que esto sucediera, todo estaba bien y ahora tenían que enfrentar algo invisible.