16 Forever

Capítulo 4. La leyenda, ¿cierta?

El aire cambió en su totalidad cuando cruzaron el umbral de aquella cabaña. Ya no había neblina ni bosque, sino un calor seco que olía a piedra, copal y sangre antigua. El cielo, teñido de un oro enfermo, parecía sangrar sobre la tierra. A lo lejos, las pirámides de Aztlán se alzaban como colmillos de un dios dormido, desafiando al horizonte. El viento arrastraba murmullos en una lengua olvidada, y las sombras de los templos se movían con una lentitud casi humana.

—¿Por qué no habremos aparecido cerca del reino? —preguntó Sue, con la voz quebrada.

Nadie respondió. Estaban contemplando el horizonte, con una sombra de respeto en los ojos o eso creían, tal vez era el miedo de estar en un lugar desconocido tan conocido. El suelo bajo ellos tembló con suavidad, como si el mundo respirara bajo sus pies. Una ráfaga de polvo se levantó, formando símbolos que se disolvieron en el aire. Mike entrecerró los ojos, él pudo haber jurado haber visto una forma de un rostro tallado en el viento. Algo nervioso tragó saliva. La leyenda que siempre creyó un cuento ahora los observaba desde el corazón de la tierra. Nadie podía creer eso, un mito, una leyenda ahí frente a sus ojos. Ni siquiera podían articular algunas palabras.

«La leyenda, ¿cierta?» —pensó—. «La leyenda parece estar demasiado vivo.»

Se quedaron observando el lugar donde estaban, la pregunta era, ¿Por qué están lejos donde se supone que era la civilización? En la ventana de la cabaña se suponía que estaban en aquel reino, ¿Por qué ahí? ¿Qué deben hacer ahí? La luz del sol era una herida abierta en el cielo. Caminaban sobre un suelo de polvo rojo, donde cada paso parecía despertar ecos de voces antiguas. Los templos de piedra se erguían distantes, cubiertos de símbolos que se movían apenas los mirabas demasiado tiempo. El aire olía a ofrendas quemadas; a sacrificio. Y algo —que no era humano— los observaba desde los altares. El ojiazul levantó la vista y entre las sombras de una pirámide, creyó ver un rostro tallado en la roca que parpadeó. No lo comentó. Nadie habría creído que la piedra podía respirar, tal vez la leyenda no mentía e incluso poder saber que Aztlán nunca se fue, tal vez sólo cambio con el tiempo como todos los lugares que han visitado.

El calor era insoportable, pero lo que máslos perturbaba era el silencio. No había aves, ni insectos, ni vida. Tal veztodavía aquella ciudad no sabía que habían llegado, estaban procesando todavíatodo que sólo el viento y el leve sonido de sus pasos sobre la tierra seca sepodía escuchar, hasta que, de pronto, el silencio se quebró. El sonido de untambor retumbó a lo lejos, profundo y cadencioso, como un corazón antiguorecordando cómo latir, luego otro y otro. El sonido provenía de una granescalinata que ascendía hasta la cima de una pirámide. Al pie de las escaleras,una estatua los observaba: un jaguar de piedra, cubierto de plumas negras yojos de obsidiana que brillaban con una luz interior.

—Guau... —susurró Albert—. Esto parece un museo viviente.

Algunos asienten ante la mención de que parecía uno. Tal vez más o menos creían que se veía así, pero verlo en persona y de tan cerca era otra cosa. Ellos acababan de entrar en aquel reino. Incluso Luka se acerca a una de las estatuas y alza una mano con intención de tocarla, algo lo llamaba para hacerlo. Syrah dio un paso al frente, asustando al joven, cosa que dio un poco de risa aún así volvió el aire tenso.

—No lo toques —advirtió—. Está despierto.

—¿Despierto? —preguntó Henry, sin entender mientras se acercaba para ver aquella criatura.

Aquella estatua de jaguar volvió a parpadear haciendo que Henry se detuviera y observara con asombro aquello y los demás se quedarán inquietos viendo eso, estaban con la guardia alta por las dudas, aún no se podían confiar. Una voz resonó en la mente de todos, grave y arrastrada, como si saliera de la tierra misma.

"Aquellos que cruzan el velo, traen consigo la sombra".

Emily entrecierra sus ojos al escuchar aquella frase, estaba claro que entendía lo que quería decir, se quedó en silencio, no sabría cómo decirle lo que pasaba en su mente a los demás sin que la juzgaran. Sabía que si algo salía de sus labios la dejarían sola y eso es lo que menos quería. Voltea su mirada al sentir que la veían y así topándose con la de Luka que había estado observando lo que ella ha estado presenciado. El ojiverde sonríe algo arrogante, el rubio cenizo sabia muchas cosas con tal de ver como se comportaban los demás; casi como Samara lo hacía y la morena sólo desvía la mirada. A la lejanía Samara y Diego los veían en silencio, se voltean a ver sabiendo lo que podría suceder.

El suelo tembló, cosa que hizo que los presentes tuvieran que agacharse para no caerse. El aire se volvió más denso, y una niebla roja se alzó alrededor del grupo. Mike retrocedió, instintivamente.

—¿Qué está pasando?

Syrah extendió la mano hacia el jaguar y murmuró algoen náhuatl antiguo. La estatua pareció escucharla. Sus ojos se apagaron lentamente,pero en su pecho quedó un brillo, un resplandor dorado en forma de espiral. Lamujer se inclinó y tocó el símbolo con la punta de los dedos. Una voz susurróentre el viento: "Treinta y dos soles cayeron antes del fin. Sólo uno regresará". La luz se expandió en el suelo rodeando a los dieciocho, dibujando un mapa. Había cinco reinos unidos por líneas doradas: Aztlán, Agstar, Circea, KuroIzan y Nun Atum. En el centro, un círculo con una marca de sangre. Daniela se llevó la mano al pecho, la curiosidad era enorme. Era una cualidad de ella; ser curiosa.

—¿Qué es eso?

—La raíz del ciclo —dijo Syrah con voz baja.

—El principio de todo —musita Emily mientras veía aquel mapa en el suelo como memorizando todo. Alexander y Kevin se voltean a ver al escuchar lo que decía la morena, el de cejas pobladas frunce el ceño y el de rubio chino siente un vacío sin explicación, ella tenía algo que ver con todo esto, pero se quedaron en silencio para no levantar sospechas.




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