18 meses de quizas...

Capitulo 2: Los dias que parecian eternos

"La rutina parece aburrida... hasta que un día darías cualquier cosa por volver a vivirla."

Las mañanas nunca habían sido lo mío.

No importaba si me dormía temprano o si prometía acostarme antes de las diez. Siempre terminaba despertando con la misma sensación de haber cerrado los ojos apenas cinco minutos antes.

Abrí uno de ellos con esfuerzo y estiré el brazo hasta alcanzar mi celular. La pantalla iluminó toda la habitación.

6:37 a. m.

Solté un suspiro y dejé caer nuevamente la cabeza sobre la almohada.

-Cinco minutos más... -murmuré para mí mismo.

Cinco minutos que nunca eran cinco.

-¡Alejandro! -gritó mi mamá desde el primer piso-. ¡Se te va a hacer tarde!

Abrí los ojos de golpe.

-¡Ya voy!

Mentí.

Todavía seguía acostado.

Miré el techo unos segundos antes de levantarme. No era porque odiara ir al colegio. De hecho, si algo me gustaba de los lunes era volver a ver a mis amigos. Lo que realmente me costaba era abandonar esa cama que, cada mañana, parecía convencerme de quedarme un rato más.

Me puse el uniforme mientras buscaba una media que misteriosamente siempre desaparecía antes de entrar al colegio.

-¿Dónde estás...? -murmuré revisando debajo de la cama.

Cinco segundos después apareció.

Como siempre.

Justo donde ya había buscado dos veces.

-Increíble...

Me terminé de cambiar, agarré la corbata y, después de pelearme unos segundos con el nudo, bajé las escaleras acomodándome el cabello con la mano.

Mi mamá ya estaba lista para irse a trabajar. Tenía una taza de café en una mano y el celular en la otra.

-Buenos días, hijo.

-Buenos días, ma.

Sobre la mesa había un pan con huevo y una taza de avena que todavía soltaba un poco de vapor.

-Come rápido, que ya es tarde.

-Sí, sí...

Mientras desayunaba, mi mamá no dejaba de responder mensajes.

Cada pocos segundos sonaba una notificación distinta.

Yo ya estaba acostumbrado.

-¿Hoy también llegas tarde? -pregunté sin dejar de comer.

Ella levantó la mirada.

-Creo que sí. Tenemos cierre de mes y está todo un poco complicado.

-Ah... está bien.

-Pero el sábado estoy libre. Podemos salir a comer donde tú quieras.

Sonreí.

-¿En serio?

-Claro.

-Entonces no te olvides.

-Prometido.

No hacía falta decir nada más.

Sabía que mi mamá hacía todo lo posible para que nunca me faltara nada. Gracias a ella tenía ropa, útiles, un celular y hasta unos chimpunes nuevos que me había comprado hacía poco para jugar fútbol.

Solo había algo que, por más esfuerzo que hiciera, casi nunca podía darme.

Tiempo.

Terminé de desayunar, lavé mi plato y me colgué la mochila al hombro.

-Ya me voy.

Mi mamá dejó el celular sobre la mesa y se acercó para acomodarme el cuello de la camisa.

-¿Otra vez la corbata mal puesta?

Sonreí.

-Así está de moda.

-¿Ah, sí?

-Sí.

-Pues esa moda está horrible.

Los dos soltamos una pequeña risa.

-Cuídate.

-Tú también, ma.

Salí de casa cerrando lapuerta con cuidado.

Las calles de Los Olivos ya estaban llenas de estudiantes caminando hacia distintos colegios. Algunos iban conversando, otros con audífonos y unos cuantos corrían desesperados porque el timbre estaba a punto de sonar.

Saqué mi celular, conecté los audífonos y puse una de mis canciones favoritas.

Siempre hacía eso cuando caminaba solo.

No porque estuviera triste.

Simplemente me gustaba sentir que cada mañana tenía su propia banda sonora.

Mientras cruzaba la avenida escuché una voz conocida.

-¡Oe, Alejandro!

Volteé.

Era Kevin.

Venía caminando con la mochila abierta y la corbata todavía peor acomodada que la mía.

-¿Qué fue?

-Pensé que hoy sí no llegabas.

-Todavía hay tiempo.

Kevin miró el reloj.

-Faltan cuatro minutos.

Miré hacia el colegio.

Estábamos como a cinco cuadras.

-Con fe llegamos.

Kevin empezó a reírse.

-Tú siempre confías demasiado.

-Y hasta ahora ha funcionado.

-Porque los profesores te tienen pena.

-Porque soy buena persona.

-Porque eres su caso perdido.

Seguimos caminando mientras hablábamos del partido que habían jugado Universitario y Alianza el fin de semana. Como siempre, ninguno de los dos estaba de acuerdo con el otro y terminamos discutiendo quién tenía mejor equipo.

-Mano, Universitario juega mejor.

-No digas tonterías.

-Es la verdad.

-La verdad es que tú no sabes de fútbol.

-¿Yo?

-Sí.

-Habla el que falló un penal sin arquero.




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