"Hay días que parecen no tener nada especial. Y, aun así, terminan siendo los que más recuerdas."
El silbato del profesor de Educación Física sonó desde el otro extremo del patio.
-¡Se acabó el recreo, muchachos! ¡Todos a sus salones!
Las quejas no tardaron en aparecer.
-¡Profe, cinco minutos más! -gritó alguien desde la cancha.
-Cinco minutos más y nadie entra a clase -respondió entre risas.
Alexis tomó la pelota antes de que alguien más lo hiciera y la guardó debajo del brazo.
-Ya fue, mañana les ganamos.
-Habla por ti -dijo Kevin mientras caminábamos hacia el pabellón-. Si no fuera por Alejandro, ese partido terminaba empatado.
Lo miré confundido.
-¿Qué hice ahora?
-Fallaste el gol más fácil de tu vida.
-Era una jugada complicada.
-Estabas solo.
-Había presión.
-¿Presión de quién?
-Del arquero.
-¡Si estaba en el otro palo!
Las risas no tardaron en aparecer.
Incluso Piero, que casi siempre era el más tranquilo del grupo, soltó una pequeña sonrisa mientras negaba con la cabeza.
-Hermano... acepta que la mandaste a cualquier lado.
-Algún día entenderán mi visión de juego.
-Sí -respondió Luis muy serio-. Cuando la NASA encuentre la pelota.
Todos volvimos a reír.
Subimos las escaleras todavía conversando. El ruido de los alumnos llenaba los pasillos; algunos corrían para llegar antes que el profesor, otros aprovechaban los últimos segundos para terminar una tarea que habían olvidado por completo.
Entramos al salón justo cuando la profesora Antonella acomodaba unos libros sobre el escritorio.
-Buenas tardes, chicos.
-Buenas tardes, profesora.
La clase de Comunicación siempre era diferente. A diferencia de otros profesores, ella prefería conversar antes de empezar el tema del día.
-Antes de abrir el libro, quiero hacerles una pregunta.
Todo el salón guardó silencio.
-¿Qué les gustaría hacer cuando terminen el colegio?
Algunos respondieron enseguida.
-Ingeniería.
-Arquitectura.
-Ser policía.
-Abrir un negocio.
La profesora sonrió mientras escuchaba cada respuesta.
-¿Y tú, Alejandro?
No esperaba que me preguntara.
Me quedé pensando unos segundos.
-Me gustaría ser futbolista.
La profesora sonrió.
-¿Desde cuándo?
-Desde que era niño.
Alexis levantó la mano sin pedir permiso.
-Profe, sí juega... pero todavía le falta meter goles.
El salón entero soltó una carcajada.
-Oe, ya suéltame con eso -le dije riéndome.
-Es la verdad.
La profesora esperó a que termináramos de reír.
-¿Y si no llegas a ser futbolista?
No supe qué responder.
Nunca me había detenido a pensar en esa posibilidad.
Miré unos segundos por la ventana.
Después bajé la mirada.
-No sé, profesora.
Supongo que encontraría otra cosa.
Ella asintió lentamente.
-Está bien tener un sueño, Alejandro. Solo recuerda que, a veces, la vida nos lleva por caminos que nunca imaginamos.
En ese momento solo asentí con la cabeza.
No le di demasiada importancia.
A mis dieciséis años estaba convencido de que todavía tenía todo el tiempo del mundo para descubrir qué quería hacer con mi vida.
Si alguien me hubiera dicho que ese mismo día empezaría una historia que cambiaría muchas cosas...
Probablemente me habría reído.
Las últimas horas de clase pasaron más rápido de lo que esperaba.
Entre ejercicios, lecturas y alguna que otra broma escondida para que los profesores no nos descubrieran, el reloj finalmente marcó la una y media de la tarde.
El timbre sonó.
Esta vez sí era el de salida.
Como de costumbre, el salón se convirtió en un caos.
Unos guardaban los cuadernos a toda velocidad, otros ya estaban de pie antes de que el profesor terminara de despedirse.
-No se olviden de la tarea para mañana -alcanzó a decir la profesora Antonella.
-Sí, profesora -respondimos casi todos al mismo tiempo.
Aunque la mayoría sabía que terminaría haciéndola en la noche.
O en el recreo del día siguiente.
-¿Entonces mañana hay pichanga? -preguntó Alexis apenas salimos del salón.
-Obvio -respondió Kevin.
-Pero esta vez Alejandro juega para el otro equipo.
Fruncí el ceño.
-¿Y eso por qué?
-Porque contigo perdemos.
-Qué abusivo eres.
-No es abuso.
-Es estadística.
Luis soltó una carcajada tan fuerte que varios alumnos voltearon a mirarnos.
-No seas malo, Kevin. Aunque sea déjalo escoger equipo.
-Está bien... pero si vuelve a mandar la pelota hasta la avenida, él va por ella.
-Hecho.
Bajamos las escaleras entre empujones y bromas. El patio estaba lleno de estudiantes que salían apurados para alcanzar la combi o encontrarse con sus padres en la puerta del colegio.
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autobiografa, basado en la vida real, romance joven enamorado
Editado: 07.08.2026