"Las mejores personas no siempre llegan de la forma que imaginamos. A veces aparecen escondidas detrás de una pantalla, esperando que alguien les responda un simple «Hola»."
La palabra seguía ahí.
Hola.
Tan simple.
Tan corta.
Y, aun así, logró que me quedara mirando la pantalla durante varios segundos.
No sabía quién era.
No recordaba haber hablado con esa persona antes.
Lo único que me daba un poco de confianza era ver que teníamos algunos amigos en común.
Supuse que, si compartíamos conocidos, no debía ser una cuenta falsa.
Respiré hondo.
Mis dedos comenzaron a moverse sobre el teclado.
Yo: Hola.
Presioné "Enviar".
Apoyé el celular sobre el escritorio.
—Ya está... —murmuré.
Pensé que respondería al instante.
No lo hizo.
Pasó un minuto.
Después dos.
Cinco.
Nada.
Solté una pequeña risa.
—Seguro ya se fue...
Bloqueé el celular y decidí volver a la tarea de Comunicación.
La profesora Antonella había dejado un texto para leer y responder unas preguntas. No era difícil, pero mi concentración duraba menos que un recreo.
Leí el primer párrafo.
Después el segundo.
Cuando iba por el tercero, levanté el celular para ver la hora.
Nada.
Volví a dejarlo.
Intenté seguir leyendo.
No pude.
Era curioso.
Hacía unos minutos ni siquiera sabía que esa persona existía, y ahora esperaba una respuesta como si fuera algo importante.
Negué con la cabeza.
—Qué sonso eres, Alejandro...
Continué escribiendo la tarea.
Afuera comenzaba a oscurecer. Desde la ventana de mi cuarto podía verse cómo las luces de las casas vecinas iban encendiéndose poco a poco. Se escuchaban algunos carros pasar por la avenida, el ladrido de un perro a lo lejos y el sonido de una pelota rebotando en la pista.
Una tarde completamente normal.
O eso parecía.
El celular vibró sobre el escritorio.
Esta vez sí.
La pantalla se iluminó.
Messenger.
Sin pensarlo dos veces lo agarré.
Había respondido.
Ella: Perdón por escribirte de la nada jajaja.
Una sonrisa apareció en mi rostro.
No sabía por qué.
Simplemente apareció.
Escribí despacio.
Yo: Tranquila, no pasa nada jajaja.
La respuesta llegó casi al instante.
Ella: Pensé que no me ibas a responder.
Fruncí ligeramente el ceño.
Yo: ¿Y por qué pensabas eso?
Los tres puntitos aparecieron en la conversación.
Desaparecieron.
Volvieron a aparecer.
Me quedé esperando.
No entendía por qué alguien podía tardar tanto en escribir una respuesta tan corta.
Finalmente llegó.
Ella: No sé... hay personas que dejan en visto jaja.
Solté una pequeña risa.
Yo: Yo también pensé que me habías dejado en visto.
Esta vez la respuesta no tardó.
Ella: JAJAJA. Noo, estaba ayudando a mi mamá.
Leí el mensaje dos veces.
No parecía una conversación forzada.
Tampoco se sentía incómoda.
Era... natural.
Como si dos personas que todavía no se conocían estuvieran intentando romper el hielo sin darse cuenta.
Apoyé la espalda en la silla.
Por primera vez en toda la tarde, había dejado de pensar en las tareas.
Y, aunque todavía no lo sabía...
Esa conversación apenas estaba comenzando....
La conversación siguió avanzando.
Y lo más raro era que ninguno parecía tener ganas de terminarla.
Yo seguía sentado frente al escritorio de mi cuarto. La tarea de Comunicación estaba abandonada a un lado, los cuadernos abiertos ocupaban media mesa y la música seguía sonando suavemente desde el parlante.
Pero mi atención estaba en otro lugar.
En Messenger.
En aquella conversación.
En aquella chica llamada Kaira.
El celular volvió a vibrar.
Kaira: Oye, ¿y cuántos años tienes?
Yo: 16.
La respuesta tardó unos segundos....
Kaira: Ahhh.
Yo: ¿Qué pasó?
Kaira: Nada.
Yo: Algo pasó.
Kaira: Tengo 14.
Leí el mensaje otra vez....
Yo: ¿Y cuál es el problema?
Kaira: Ninguno.
Yo: Entonces deja de responder raro.
Kaira: JAJAJAJA.
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autobiografa, basado en la vida real, romance joven enamorado
Editado: 07.08.2026