18 meses de quizas...

Capitulo 7: Un dia raro

"A veces no necesitas que alguien se vaya para sentir su ausencia. A veces basta con que deje de estar."

Abrí los ojos antes de que sonara la alarma. Me quedé mirando el techo durante unos segundos, confundido por haberme despertado tan temprano. La habitación todavía estaba oscura y el silencio de la mañana hacía que todo se sintiera extraño. Estiré el brazo hasta encontrar mi celular sobre la mesa de noche y miré la hora.

6:12 a.m.

Alejandro: ¿Por qué estoy despierto tan temprano?

Me quedé acostado intentando volver a dormir, pero había algo que no me dejaba tranquilo. Era una sensación rara, difícil de explicar. Como si me faltara algo. Como si hubiera olvidado algo importante, aunque sabía perfectamente que no era eso. Agarré mi celular casi por instinto y desbloqueé la pantalla.

Abrí Messenger.

Busqué el chat de Kaira.

Nada.

El último mensaje seguía siendo el de nuestra conversación de la noche anterior. No había ninguna notificación nueva. Ningún "buenos días". Ningún mensaje preguntándome cómo había amanecido. Nada.

Apagué la pantalla y dejé el celular nuevamente sobre la mesa de noche.

Alejandro: Ya deja de pensar en eso.

Me senté en el borde de la cama y pasé ambas manos por mi cara. No entendía por qué me estaba afectando tanto. Kaira y yo éramos amigos. Eso era todo. Al menos eso era lo que yo me repetía cada vez que empezaba a pensar demasiado en ella.

Pero cuanto más intentaba dejar de pensar en el tema, más aparecía en mi cabeza.

Recordaba nuestras conversaciones de la madrugada. Las bromas. Las cosas que nos contábamos. La manera en la que podía pasar horas hablando con ella sin aburrirme. Y ahora, después de haber hablado prácticamente toda la noche anterior, el silencio se sentía raro. Demasiado raro.

Me levanté de la cama antes de seguir dándole vueltas. Si iba a continuar pensando así, al menos quería hacer algo para despejarme. Despejé un poco el espacio de mi habitación y empecé a hacer algunos ejercicios. Flexiones, abdominales, sentadillas y un poco de estiramiento. No era un entrenamiento profesional ni mucho menos, pero quería cumplir con lo que había decidido el día anterior.

Al principio me costó. Todavía estaba medio dormido y sentía el cuerpo pesado, pero continué. Cada vez que mi cabeza intentaba volver a Kaira, trataba de concentrarme en el ejercicio.

Después de unos minutos terminé cansado. Respiré profundamente, agarré una toalla y fui directo al baño.

Me duché, me puse el uniforme y me arreglé para ir al colegio. Cuando terminé, miré el reloj y me di cuenta de algo que me hizo sonreír.

6:58 a.m.

Por primera vez en mucho tiempo estaba listo antes de que mi mamá tuviera que gritarme desde abajo.

Normalmente mi mañana empezaba con su voz atravesando toda la casa.

"¡Alejandro, levántate!"

"¡Vas a llegar tarde!"

"¡Baja de una vez!"

Pero esa mañana no había escuchado nada. Bajé las escaleras tranquilamente y llegué a la cocina. Mi mamá ya estaba preparando el desayuno. Cuando me vio entrar con el uniforme puesto, se quedó mirándome durante unos segundos.

Rocío: ¿Tú ya estás listo?

Alejandro: Sí.

Rocío: ¿Y no tuve que despertarte?

Alejandro: No.

Mi mamá levantó una ceja, sorprendida.

Rocío: Esto sí que es raro.

Solté una pequeña risa.

Alejandro: Ya ves. Estoy madurando.

Rocío: No exageres. Solo te despertaste temprano una vez.

Me senté en la mesa mientras ella terminaba de preparar el desayuno. Durante unos segundos ninguno dijo nada. Yo miraba el plato que tenía delante, pero mi cabeza estaba en otro lado. Entonces recordé la conversación que habíamos tenido días atrás en la sala. Esa conversación que, aunque no había sido algo enorme, se había sentido diferente. Por primera vez en mucho tiempo había sentido que podía hablar con mi mamá de verdad, sin sentir que teníamos que correr para hacer otra cosa.

La miré mientras terminaba de preparar todo.

Alejandro: Mamá...

Rocío: ¿Qué pasó?

Alejandro: ¿Tú crees que hablamos poco?

Mi mamá dejó lo que estaba haciendo y me miró directamente.

Rocío: ¿Por qué preguntas eso?

Alejandro: No sé... últimamente siento que cada uno anda en lo suyo. Tú trabajando, yo en el colegio, mis amigos, mis cosas... y al final casi ni hablamos.

Mi mamá se quedó pensativa por unos segundos.

Rocío: Puede ser.

Alejandro: Yo sé que tú haces muchas cosas por mí. Y sé que trabajas para que no me falte nada.

Rocío: Alejandro...

Alejandro: Pero a veces siento que extraño cuando hablábamos más.

Ella sonrió ligeramente.

Rocío: Yo también.

Me quedé callado.

Rocío: A veces pienso que ya estás creciendo y que prefieres estar con tus amigos, con tu celular o haciendo tus cosas. No quiero molestarte.

Alejandro: No me molestas.

Rocío: Entonces deberías hablarme más.

Bajé la mirada hacia mi desayuno.

Alejandro: Voy a intentar hacerlo.

Rocío: No tienes que intentarlo como si fuera una tarea. Cuando quieras hablar, ven. Aunque sea para contarme una tontería.

Sonreí.

Alejandro: Entonces te voy a contar todas mis tonterías.




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