18 meses de quizas...

Capitulo 8: Un nuevo lugar

"A veces, no necesitas encontrar lo que estabas buscando. Solo necesitas atreverte a probar algo nuevo para descubrir que siempre estuvo ahí."

Era sábado y el reloj marcaba la una de la tarde. El partido todavía estaba lejos, pero yo ya llevaba varios minutos haciendo ejercicio en mi habitación. Había decidido tomarme en serio lo que había dicho el día anterior. Si realmente quería mejorar como arquero, no podía esperar que todo ocurriera por arte de magia. Así que hice algunas flexiones, sentadillas, abdominales y ejercicios para mover un poco las piernas. No quería exagerar porque todavía tenía que jugar en unas horas, pero tampoco quería quedarme sentado todo el día. Después de terminar, me dejé caer sobre la cama y respiré profundamente. Estaba cansado, pero satisfecho. Miré el celular y no tenía ningún mensaje nuevo. Por un momento pensé en abrir Messenger, pero decidí no hacerlo. No quería volver a pensar en Kaira. O al menos eso intentaba convencerme.

Para distraerme, prendí la PlayStation 4 y entré a EA SPORTS FC, el juego que todavía seguíamos llamando PES entre nosotros por costumbre. Empecé una partida rápida y me olvidé un rato de todo. Pasaron los minutos mientras intentaba ganar, aunque terminé perdiendo por un gol en los últimos minutos. Me quedé mirando la pantalla con cara de pocos amigos.

Alejandro: No puede ser... ¿cómo voy a perder así?

Apagué el control y miré nuevamente la hora.

2:32 p. m.

Todavía faltaba bastante para las cuatro. Tenía sueño, probablemente porque la noche anterior había descansado poco, así que pensé que una pequeña siesta no me haría daño. Total, tenía tiempo de sobra. O eso creía. Dejé el celular sobre la mesa de noche, me acomodé entre las sábanas y cerré los ojos.

No tardé demasiado en quedarme dormido.

En mi sueño, todo se sentía demasiado real. Estaba caminando por un parque cuando vi a una chica acercándose. La reconocí inmediatamente. Era Kaira. Pero esta vez no estábamos hablando por Messenger ni mirando una pantalla. Estaba ahí, frente a mí, como si todos aquellos meses de conversaciones hubieran ocurrido en persona. Nos saludamos, comenzamos a caminar juntos y hablamos de cualquier cosa. Ella se reía de mis tonterías y yo intentaba hacerla reír todavía más. Por un momento sentí que todo era exactamente como siempre había querido que fuera.

Hasta que un sonido empezó a interrumpir el sueño.

Brrr... brrr...

Abrí los ojos lentamente. El celular seguía vibrando sobre la mesa. Lo agarré todavía medio dormido y miré la pantalla.

3:48 p. m.

Alejandro: ¿QUÉ?

Me senté de golpe. El sueño desapareció completamente. Miré la hora otra vez, esperando haberla visto mal. Pero no. Eran las 3:48. El partido comenzaba a las cuatro.

Alejandro: ¡Estoy muerto!

En ese mismo momento el celular volvió a sonar. Era Leandro. Contesté mientras me levantaba de la cama.

Leandro: Oe, Alejandro, ¿dónde estás? Te estamos esperando en la avenida.

Alejandro: Ya voy, ya voy. Estoy saliendo de mi casa.

Leandro: Apúrate, causa. Estamos esperando en el punto acordado.

Alejandro: Sí, sí. Ya estoy yendo.

Colgué y miré el reloj una última vez.

3:49 p. m.

No tenía tiempo para pensar.

Me cambié a una velocidad que ni yo sabía que podía alcanzar. Me puse el short deportivo, un polo de manga larga, mis medias y mis zapatillas deportivas. Agarré una mochila pequeña donde metí una toalla y una botella de agua. Ni siquiera revisé dos veces si llevaba todo. Lo único que me importaba era llegar.

Bajé las escaleras casi corriendo, abrí la puerta y salí de mi casa. Miré la hora nuevamente.

3:55 p. m.

La avenida quedaba aproximadamente a cinco cuadras, pero yo todavía ni siquiera había llegado a la primera.

Miré hacia la calle buscando algún carro que pudiera llevarme, pero no tenía suficiente tiempo y tampoco quería gastar dinero en un taxi por haberme quedado dormido. Así que tomé una decisión.

Corrí.

Corrí como si estuviera jugando una final.

Apenas llegué a la primera cuadra, el reloj marcaba las 4:00 p. m.

Alejandro: No llego ni loco...

Sentía el corazón golpeándome el pecho. Mis piernas todavía estaban cansadas por los ejercicios que había hecho unas horas antes y ahora estaba corriendo a toda velocidad. El celular volvió a sonar. Era Leandro otra vez.

Leandro: ¿Dónde estás?

Alejandro: Ya estoy llegando, dame un poco más de tiempo.

Leandro: Ya, pero no demores mucho.

Alejandro: Ya, ya. Estoy cerca.

Colgué y aceleré todavía más.

4:08 p. m.

Ya estaba por la tercera cuadra. Mis piernas comenzaron a temblar y sentía que el aire no me alcanzaba. Me detuve unos segundos, apoyé las manos sobre las rodillas y respiré profundamente. Sentía que me iba a dar un calambre en cualquier momento.

Abrí mi botella y tomé unos tragos de agua.

Alejandro: Vamos... un poco más.

Guardé la botella y volví a correr. Ya no corría como al principio. Corría con las pocas fuerzas que me quedaban.

4:15 p. m.

Finalmente llegué al punto acordado. Miré alrededor, pero no había nadie. Leandro y los demás ya se habían ido.

Alejandro: No puede ser...

En ese momento me llamó Leandro. Contesté mientras seguía caminando rápidamente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.