2. Oscuros: El poder del olvido

5. Roces de verdad

Theresa Wilmeroong —o la entidad que ahora habitaba su envase de marfil y oro— sonreía con una amplitud gélida, acoplándose con una facilidad aterradora a su nueva realidad. En el refugio de las sombras, Tessa estiró su mano, entrelazando sus dedos con los de Luke, y lo miró fijamente. Sus nuevos ojos, de un azul grisáceo que antes pertenecían a la nobleza angelical, fingían una devoción que no sentía. Luke, embriagado por el reencuentro, se acercó y la subió a horcajadas sobre él. Sus labios impactaron contra la piel suave y nívea del cuello de la joven, buscando el calor que siempre emanaba de Jane.

Sin embargo, Tessa se separó con una brusquedad mecánica y volvió a recostarse, manteniendo una distancia prudente bajo las mantas.

—¿Todo está bien, Jane? —preguntó Luke, su voz cargada de una sospecha incipiente al notar la rigidez de su compañera.

Tessa frunció el ceño, procesando la información sensorial de un cuerpo que no le pertenecía, y asintió con lentitud.

—Todo está bien... solo quiero dormir un poco más —susurró, imitando el tono de Janette.

Luke asintió y cerró los ojos, pero la mente de la ángel era un hervidero de odio. Mientras fingía descansar, tejía los hilos de una estrategia letal: debía recuperar su medallón de pureza, el ancla de su poder divino, para purgar aquel bosque de cada rastro demoníaco, empezando por el hombre que dormía a su lado.

Al otro lado del velo, en la Fortaleza Celestial, la verdadera Janette Mitchell se encontraba atrapada en una pesadilla de seda y mármol. Sentada en la cama de la enfermería, Jane comprendía con amarga claridad que su plan maestro había sido una imprudencia desesperada. Creyó que habitar el "cuerpo perfecto" de Tessa Wilmeroong sería su salvoconducto a la libertad, pero la realidad era otra: la vida de la ángel era una jaula de violencia y protocolos asfixiantes.

«¿Dónde está mi cuerpo? ¿Dónde está Theresa?», se preguntaba Jane, mientras el pánico le oprimía el pecho.

Imaginaba a Tessa despertando en su forma humana, sufriendo un colapso al verse convertida en lo que más odiaba: una oscura.

La hora de la Cena de Unificación se acercaba como una sentencia de muerte. Jane no tenía idea de qué decir ni cómo actuar frente al Consejo. Decidió que su mejor arma sería el silencio, dejando que Gonzalo o Tood llevaran la voz cantante, mientras ella buscaba refugio en Camille.

Gracias a los residuos de la memoria celular de Tessa, Jane conocía los secretos tristes que las hermanas compartían, pero se preguntaba cuánto tiempo podría sostener la máscara. Los sentimientos de la dueña original del cuerpo —su amor prohibido por Alex, su terror a Gonzalo— empezaban a filtrarse en su propia conciencia, confundiendo sus deseos con los de la ángel.

Se levantó de la cama con cuidado.

El golpe que Gonzalo le había propinado la mantenía en un estado de mareo constante; la visión se le nublaba con destellos de color escarlata. Jane comenzó a caminar apoyándose en las paredes de piedra pulida, sintiendo cómo el frío del lugar se filtraba en sus huesos, aunque sus sentidos angelicales apenas lograran registrarlo como una molestia lejana.

Llegó a la puerta y tomó el pomo de plomo. Estaba helado, pero ella no sentía nada. Era un cuerpo desconectado de la calidez humana. Salió al pasillo con pasos lentos y erráticos; caminar sobre los tacones de Tessa era como intentar mantener el equilibrio sobre hojas de afeitar.

De repente, el mundo giró violentamente.

Sus piernas fallaron y el suelo pareció abalanzarse sobre ella, pero antes del impacto, unas manos fuertes y seguras la sostuvieron. Una fragancia embriagadora —una mezcla de sándalo y lluvia— inundó sus sentidos. Jane no necesitó mirar para saber quién era. Una sonrisa instintiva se dibujó en sus labios mientras su mano buscaba el rostro del hombre.

Abrió los ojos y se encontró con el azul profundo de la mirada de Alexander. Él la sostenía con una firmeza protectora, pero su ceño se frunció de inmediato al sentir la caricia de la joven. Fue un contacto eléctrico, un cortocircuito entre lo que Alex sabía de Tessa y lo que estaba sintiendo en ese momento.

Jane lo miró con una esperanza desesperada, deseando que él pudiera ver a través del disfraz, pero al mismo tiempo, sintiendo cómo el amor residual de la verdadera Tessa por él la golpeaba con la fuerza de un huracán.

Un ruido seco en el fondo del pasillo rompió el hechizo. Alex le devolvió una sonrisa triste y comenzó a guiarla hacia sus aposentos privados. Al llegar a la puerta, la soltó con delicadeza.

—Prepárate para la cena, Tess —murmuró él.

Antes de marcharse, se inclinó y depositó un beso tierno sobre su frente. Jane cerró los ojos, sintiendo el roce de sus labios fríos como una bendición y una maldición a la vez. No dijo nada; no podía. La fragancia de Alex, que tanto apasionaba a la dueña de ese cuerpo, comenzaba a desvanecerse a medida que él se alejaba, dejándola sumida en una soledad profunda.

Jane entró en la habitación y cerró la puerta, apoyando la espalda contra la madera. Estaba aterrada. Podía sentirlo todo: el vacío de Tessa, la devoción de Alex y su propio miedo a desaparecer. Si no encontraba su verdadero cuerpo pronto, la personalidad de la ángel terminaría por devorar lo que quedaba de Janette Mitchell, convirtiéndola en un fantasma dentro de una cáscara de luz.

Alexander Lohan observó cómo la pesada puerta de madera de la enfermería se cerraba, dejando tras de sí el eco de los pasos de "Tessa". Un rastro de inquietud, como una corriente eléctrica que recorría su columna vertebral, lo instó a moverse. El aire en los pasillos de la Fortaleza se sentía más denso de lo habitual, cargado de un aroma a ozono y a piedra vieja que presagiaba tormenta. Decidido a despejar la niebla de su mente antes de la Cena de Unificación, se encaminó hacia la biblioteca central, un santuario de estanterías que se alzaban hasta perderse en las sombras del techo abovedado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.