21 de Agosto

Capítulo VI. Segunda oportunidad.

…¡Al abrir la caja, madre mía, me sorprendí al límite de la sorpresa! Dentro de ella había un par de boletas de la misma función que había tenido con aquel chico con el que una vez estuve en nuestra primera cita. Estaban envueltas con un pedazo del mantel que habíamos usado como asiento en ese día de campo en donde nos dimos nuestro primer beso y nos hicimos novios.  

Después de volver a tierra de mi mundo de recuerdos, dirigí mi mirada hacia él y, finalmente le reconocí, ¡era él, era él, mi antiguo amor, mi locura de adolescencia, mi tentación personificada y mi antiguo centro de felicidad! Al ver su sonrisa, después de que entendió que por fin lo había reconocido me dijo: “Lo lamento nena, me di cuenta que eras tú al momento de ver la placa que decía tu nombre, pero tanto por el dolor como por la vergüenza no me atreví a presentarme. Notaba que no te habías fijado que era yo”. Tales palabras me destrozaron, ¿cómo no pude darme cuenta de alguien que una vez lo era todo para mí? ¿cómo, en mi sano juicio, pude siquiera olvidar el nombre de mi amado? Sin pensarlo me arrojé a sus brazos disculpándome con toda sinceridad y me besó, ¡qué deliciosa sensación, hacía mucho más de una década que no sentía algo así!, fue el mejor día en años. 

Después de pasar un breve momento apasionado, acordamos reunirnos después del trabajo en donde conversamos por horas, horas y horas, actualizándonos en todos los aspectos por haber; él había estudiado Finanzas, en donde después de haber adquirido algunos años experiencia siendo empleado, se independizó, me dijo que, a través de acuerdos por sus asesorías en diversas áreas de su profesión, logró acumular el capital y relaciones suficientes para convertirse en un gran empresario. Pero que, a pesar de haber estado logrando el éxito, me confesó que su vida sentimental había sido aplazada debido a que nunca se había olvidado de mí. Mantenía la esperanza de reencontrarnos de nuevo y darnos otra oportunidad. En el fondo era el mismo chico torpe y tierno con una capacidad de predecir las cosas casi sobrenatural, sencillamente me conquistó de nuevo.  

Ambos solteros, en la misma ciudad, ya adultos y yéndonos muy bien en nuestras respectivas profesiones, decidimos reestablecer nuestra relación. Y fue lo más hermoso que pudimos haber decidido, éramos felices, muy felices, al año decidimos casarnos y al poco tiempo formar nuestra propia familia, estaba muy emocionada con la idea. Mis padres lo amaban y también tus tíos, yo lo amo con todo mi corazón, era lo mejor que me ha pasado en la vida en ese momento. 

Compramos un apartamento en común, las propiedades que cada quien tenía las pusimos en alquiler pues no eran aptas para tenerlos a ustedes; él es un administrador espectacular y yo realizo con pasión lo que hago, salvar vidas me mueve con todo amor y ansiedad. 

Después de dos años juntos nació nuestro primer hijo, tu hermano, sus ojos estaban llenos de dependencia, pureza, inocencia, ternura, amor...a tal fuerza que a primera vista me enamoré de él y robó mi corazón, no pasó una décima de segundo cuando ya sentía un enorme amor por él, lo llamamos como tu abuelo paterno en honor a su memoria, que en paz descanse. 

Cuando creía que mi felicidad no podía ser aún más, la presencia de tu hermano me dio a entender que estaba equivocada. Amaba todos los momentos que estaba con él; cuando lloraba porque necesitaba alimento, cuando deseaba afecto o simplemente porque algo le molestaba. Era fascinante ver qué tan rápido aprendía las cosas, cuando su primera palabra fue mi nombre, siendo más complicado que “mamá” lloré de la emoción. Poco a poco crecía, se hacía cada vez más independiente, pues quería de él un hombre útil para la sociedad, siendo su amiga tanto y como me lo permitiese. Él y tu padre lo eran todo para mí, el amor que me daban, la importancia que expresaban sentir por mí, lo valiosa que me hacían sentir para ellos. Sinceramente no podía pedir más. 

Pero, aparentemente, los planes de Dios eran aún mayores; me brindó la maravillosa noticia de que estaba embarazada de nuevo, de que te tenía en mi vientre, estaba un poco preocupada, no te mentiré, por la diferencia de edad que tendrías con tu hermano mayor, ya que él tiene diecisiete, pero bueno, así son las cosas, ya tu padre hará lo posible para controlarlos, hehehe. 

Esta experiencia de estar embarazada había sido un poco distinta de la primera vez, ya que había aprendido ciertos trucos para evitar unos cuantos accidentes que me pasó en la ves anterior, también ya no sólo contaba con el apoyo y paciencia de mi esposo, tu padre, sino de mi pequeño —shhh, ya no le gusta que le digan así—, gran campeón a mi lado, tu hermano. Así que un gran sentimiento de seguridad inundaba mi ser, no había nada en la Tierra que no fuera capaz de hacer por ustedes, nada, los amo tanto... 
 




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