Dicen que el alma pesa 21 gramos,
como si lo eterno pudiera medirse
en una cifra tan limpia.
Yo te perdí
y nadie ajustó la balanza.
Sigo pesando lo mismo,
pero hay algo en mí
que ya no ocupa espacio.
21 gramos
para sostener todo lo que siento.
Y aun así,
tu ausencia pesa más
que cualquier parte de mi cuerpo.
Es extraño:
no sangro,
no tiemblo,
no caigo…
pero hay días
en los que claramente
me falta algo.
Perder más de cien gramos
no debería doler.
El cuerpo no lo registra,
no se queja,
no cambia.
Pero yo sí.
Yo siento cada parte que falta
como si alguien hubiese vaciado
un cuarto entero dentro mío
y hubiese dejado la luz prendida.
Dicen que el alma pesa 21 gramos,
pero nadie explica
por qué duele tanto cuando falta.
No es el cuerpo,
no es la forma,
no es lo que se ve.
Es algo más chico,
más profundo,
más difícil de nombrar…
como si una parte de mí
se hubiera ido
sin hacer ruido.
El vacío también pesa.
21 gramos
para todo lo que soy por dentro.
Y sin embargo,
desde que te fuiste,
hay días en los que camino
como si cargara algo enorme.
Qué raro:
me falta algo
y aun así
me pesa.
El alma pesa 21 gramos.
Lo repito
como si entenderlo
fuera a devolverme algo.
Pero no.
Porque no es el número
lo que duele,
es saber
que algo tan liviano
podía sostenerlo todo.
Lo que más pesa
nunca se ve.
Hay algo injusto
en que el alma pese tan poco.
Veintiún gramos
para todo lo que duele,
para todo lo que se queda,
para todo lo que no vuelve.
Te fuiste
y el mundo no cambió de forma.
Las calles siguen en su lugar,
la gente sigue riendo,
el tiempo no se detuvo
ni un segundo por nosotros.
Pero yo sí.
Yo me quedé
en ese instante exacto
donde todavía eras mía.
Si pudiera pesarte la ausencia,
rompería cualquier balanza.
No hay medida
para lo que falta
cuando alguien se va
llevándose todo lo invisible.
Dicen que el alma pesa 21 gramos.
Entonces explicame
por qué a veces
me cuesta tanto levantarme
de la cama.
Debe ser
que no es el alma
lo que se pierde.
Debe ser
que eras vos.
21 gramos
y aun así
no pude sostenerte.
Quizás no era el alma
lo que pesaba…
quizás eras vos
equilibrándolo todo.
El alma pesa 21 gramos.
Y aun así,
desde que no estás,
todo en mí
se siente más pesado
de lo que debería.
No fue de golpe.
No es que un día
dejaste de estar.
Te fuiste quedando menos
en los detalles,
en las palabras,
en la forma en que te pensaba.
Como si el amor
también supiera
irse de a poco.