Me quedé mucho tiempo
esperando entender
cómo algo tan chico
como 21 gramos
podía doler tanto.
Te busqué en recuerdos,
en canciones,
en esas pequeñas cosas
que todavía
se parecían a vos.
Pero no.
Fue lento,
casi imperceptible…
como todo lo que realmente importa
cuando se termina.
Un día dejé de esperarte
sin darme cuenta.
Y aunque todavía hay partes mías
que te extrañan en silencio,
ya no soy el mismo
que te necesitaba para estar completo.
Dicen que el alma pesa 21 gramos.
Hoy creo
que no se pierde.
Solo cambia de lugar.
Y por primera vez…
no me siento vacío.
Me siento
distinto.
Gracias
por lo que fuimos.
Y perdón
por lo que no supe ser.
Ahora sí,
te dejo ir